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'+ x –'

Si se trata de competir por dignificar adecuadamente un sistema público vasco  que sea referencia, mejor apelar al elemento diferenciador de la calidad de la marca

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Manifestación de STEILAS, ELA y LAB en Bilbao

La expresión comercial “Más por menos” está plenamente aceptada en nuestra sociedad. Difícil será encontrar alguien que no haya leído, pronunciado o escuchado este eslogan mercantil. La idea –expresión exitosa del capitalismo más voraz- es sencilla: convencernos de aumentar nuestro nivel de consumo con la garantía de que saldremos beneficiados/as, pese a desembolsar un gasto mayor del inicialmente previsto. En esencia, se trata de una figura retórica (“Pague 2 y llévese 3”, “El 2º producto al -70% de su valor”,…) que pretende avisarnos de que ignorar una premisa que encontramos diariamente en cualquier supermercado o centro comercial nos conducirá inexorablemente al banquillo de los/as pánfilos/as: no haber aprovechado la magnífica oferta que se nos presentaba. Y es que no está el mundo actual para quedar señalado con el dedo y convertirse en objeto de mofa ciudadana.

Además, como vivimos sumergidos/as en un mundo plenamente tecnificado y tuiteado, el eslogan se ha simplificado, en aras de consumir, de un lado, más productos ofertados; de otro, cada vez menos caracteres y desgaste salival. Es el momento del “+ x –“. Cuesta unos segundos más identificar el mensaje, pero quedamos rápidamente satisfechos/as cuando desentrañamos el jeroglífico y nos reconocemos en las redes sociales ¡Estamos en la onda!

También la administración autónoma vasca debe estar satisfecha por sentirse plenamente integrada en este sentido. Lo demostró el pasado viernes, en la Mesa Sectorial de Educación –segunda en menos de mes y medio, todo un hito en la agenda departamental y que  a un ingenuo como el presente, le hizo concebir esperanzas de un inmediato calendario, repleto de enfebrecidas reuniones en medio de la canícula estival-. (Pronto reconocería el error).

Más por menos. O lo que debe ser lo mismo en lenguaje consejeril: más expectativas por menos certezas; más ambigüedad por menos concreción; más ingenuidad por menos astucia.  Esa pareció ser la consigna: generar la sensación de que el esfuerzo de la Consejería llevaba a unos ofrecimientos irrechazables para la parte sindical.

¿Y qué hubo, en realidad? Pues una oferta menguada, inconcreta y necesariamente, de punto y seguido –a partir de septiembre, aclaró rápidamente por la viceconsejera, no fuera a ser que alguien pensara en julio-. Vamos por capítulos.

Oferta menguada, porque tras unos escarceos preliminares en los que cada parte de la mesa negociadora hizo valer sus argumentos sobre la escasa o ajustada inversión presupuestaria en la red educativa pública, llegaron las ofertas: OPEs lo más amplias posibles (5.000- 6.000 plazas nos preguntábamos expectantes; más de 3.000 insistía enigmáticamente la Sra. Garamendi, aguando la esperanza), todos los años, pero sin mayor concreción. El único elemento nuevo aportado, la intención del Departamento de que la convocatoria pública de 2017-2018 se realice para plazas de la Formación Profesional y de Enseñanza Secundaria –aunque vista que esa era también la pretensión inicial de la Consejería para este curso,  y que resultó finalmente eliminada, queda margen para la duda-.

La oferta de Educación sobre estabilidad del profesorado interino es novedosa, pero insuficiente

Oferta inconcreta, ya que en el tema complejo de las sustituciones, la oferta de la Administración no pasó de un enigmático “aplicable desde el primer día al profesorado que atienda Necesidades Educativas Específicas”. Y así nos dejaron, presos de nuestra más absoluta ignorancia,  sin entender a qué profesorado concreto se referían. ¿Al que atiende alumnado con dificultades de aprendizaje? ¿O al que recibe de tardía escolarización?  ¿Quizás al que esté inmerso en proyectos específicos? ¿Tendrían cabida en ese misterioso concepto el profesorado que, por ejemplo, realizara normalización lingüística, como proyecto específico de centro? Todos estos interrogantes –y muchos más que evito, por no hacer la enumeración infinita- se diluirán cuando conozcamos el informe jurídico que la Consejería ha solicitado con este cometido. Vamos, que dejamos en manos de personas versadas en leyes, pero probablemente desconocedoras de la realidad educativa vasca, la resolución del sudoku pergeñado por las mentes pensantes de nuestra Administración.

Por último, oferta incompleta, ya que el apartado sobre la posible estabilidad del profesorado interino, pese a ser novedosa, es insuficiente. En demasiadas ocasiones, no es fácil compaginar los intereses de los centros escolares (aumento de plantilla estable que permita garantías en la realización de los proyectos educativos) con los del personal interino (seguridad laboral y cierta estabilidad de permanencia en los centros, dentro de la incertidumbre temporal inmersa a la propia condicional de interinidad). De ahí que la negociación lleve años siendo ardua, compleja y aún sin acuerdo.

En este asunto, la postura que ofrece el Departamento de Educación es asemejarlo al sistema utilizado por la Administración General del País Vasco (adjudicación de las plazas vacantes o cubiertas por funcionariado en otro servicio temporal a personal interino por tiempo indefinido, hasta que no cambien alguna de las dos condiciones iniciales: plazas ofertadas en OPEs o vuelta del/a funcionario/a a su destino propio).

Y así aparecen dudas que habrá que ir solventando con un desarrollo más elaborado de la propuesta inicial: ¿Es lo mismo trabajar con expedientes administrativos, saneando higiénicamente instalaciones públicas o manteniendo a punto vehículos, por citar algunos ejemplos, que formando personas? ¿Cómo se determinará qué interino/a cuenta con menor derecho  a la hora de salir del centro en una reducción de plazas idénticas, por señalar un asunto capital para gran parte del colectivo interino? Son algunas de las preguntas que nos incomodan tras la Mesa Sectorial pasada, presidida por el tal “Más por Menos”.

En fin, que si la apuesta de la Consejería era por el eslogan mencionado, se ofrece desde estas líneas otra frase comercial, patrocinada en su momento por la marca televisiva  alemana Grundig, “Caro, pero el mejor”. Si se trata de competir por dignificar adecuadamente un sistema público vasco  que sea referencia en el complejo ámbito educativo actual, qué mejor que apelar al elemento diferenciador de la calidad de la marca.

Y este ofrecimiento es, además, gratis total. Un regalo sindical sin contraprestación

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