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La demografía vasca vista desde el CES

El aumento de la desigualdad sociolaboral como consecuencia de la crisis global, paliada parcialmente por la aportación de la población inmigrante, requiere de respuestas globales

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Recientemente el Consejo Económico y Social Vasco ha publicado la memoria socioeconómica correspondiente al  año 2015. El capítulo III, bajo el epígrafe “Calidad de vida de la CAPV”, aparecen algunos datos significativos sobre la demografía vasca que conviene mencionar. El primero de ellos es importante para conocer los movimientos de la población autóctona e inmigrante, pero, más interesante aún, para diagnosticar cuestiones relativas a las necesidades de conciliación de la vida laboral, personal y familiar y la respuesta pública que éstas reciben [1]. Concluye con una información no por conocida, menos preocupante: el saldo vegetativo final sólo es positivo merced al crecimiento de la población migrante, (especialmente en lo referente a la natalidad de madres marroquíes, rumanas y colombianas) en un porcentaje muy superior al que el peso total de la migración en Euskadi le corresponde: La tasa de natalidad mejora en un 18,3% cuando el dato de inmigración en Euskadi se mueve en cifras próximas al 6%. Dicho en castellano vulgar, nuestras expectativas de crecimiento demográfico sólo se mantienen gracias al aporte de la población inmigrante al conjunto vasco. La tan necesaria regeneración de una sociedad cada vez más envejecida, seguirá necesitando durante años el aire que le insufla este colectivo.

El informe también destaca otros datos demográficos peculiares: el crecimiento en los últimos años de la natalidad de madres solteras vascas (39,9% en el año 2015), ya en niveles medios europeos (prácticamente duplicando la tasa desde 2004, entonces del 22%) y el de las madres mayores de 35 años (42,3% del total), muy lejos del 13,6% que suponen las madres entre 25 y 29 años, edad considerada clínicamente óptima para los alumbramientos. Ambas características acercan a la “normalidad europea” a las mujeres vascas, cada vez más independientes y más concienciadas de su papel activo en la vida laboral del país.

También son significativos los datos referentes a la mortalidad de la población vasca porque supone un aumento en los últimos años, lo que ha llevado a superar al número absoluto de nacimientos/año. Del mismo modo, se resalta el crecimiento de la longevidad, tanto en mujeres (82,6 años, con una mejora de dos, sobre datos de 2.008) como en hombres (76,2 años, mejorando en 4 años los anteriores), llegando a parámetros solo superados por un país superindustrializado como Japón.

Las políticas públicas de apoyo a la conciliación están resultando absolutamente insuficientes

Otro dato demográfico importante para conocer los hábitos sociales vascos es el de la nupcialidad. En la CAPV -y siempre con datos de 2014, como en todo lo referente a demografía- los rasgos esenciales son: tasa de nupcialidad similar a la española (3,4 matrimonios/1000, aunque lejos de la media europea 4,2), predominio de las uniones civiles (más del 75%, cuando en 1.990 era del 23%) y alargamiento progresivo de la edad de contraer matrimonio (35,7, hombres; 36,7, mujeres, con un retraso en ambos de 7 años en los últimos 25). Si se añade el dato de divorcios y separaciones, Euskadi ocupa una posición discreta en el ranking español (1,88 disoluciones/mil parejas; en España, 2,2) que documenta dos hechos: un mayor peso de las costumbres sociales moderadas (el 72% de las disoluciones se produjo de mutuo acuerdo) y un importante acervo cultural-religioso, aún muy presente en esta sociedad. En este sentido, la propia memoria destaca que la familia, pese a los cambios en los hábitos sociales, mantiene la centralidad en la vida de las personas. Y ello pese a que los datos relativos a la distribución de los hogares vascos va igualando sus cifras: 32% hogares compuestos por parejas con hijo/as, 27%, por una única persona, 23% por parejas sin hijos/as.

Un último dato demográfico tiene que ver con el comportamiento de la población migrante. Euskadi, en este último año, ha perdido población inmigrante, como el resto de las CC.AA. -aunque en menor proporción- y sigue siendo el vasco el territorio con menor población absoluta migrante de toda España. Pese a todo, el peso de este tipo de población ha mejorado las previsiones demográficas vascas frenando el envejecimiento, facilitando la renovación generacional e introduciendo nuevos comportamientos sociales.

Una de las características que más significado social tiene -aunque la creencia popular, oportunamente aderezada por planteamientos populistas, crea en lo contrario- es el impacto económico de esta población inmigrante extranjera en la CAPV. Siguiendo el informe de Ikuspegi [2], la memoria del CES resalta que el balance entre ingresos y gastos de esta población inmigrante es claramente positivo para las arcas públicas en todo el periodo estudiado. Así, el diferencial, aunque ha disminuido como consecuencia de la crisis (del los +71 millones en 2008, a los +38, del 2015), sigue en números azules para las haciendas vascas. Junto a este dato es reseñable también que la dureza de las condiciones de vida entre esta población ha incidido sustancialmente en este periodo, siendo muy destacable el aumento de la pobreza (del 28 al 36%), muy superior a la sufrida en este mismo periodo por la población autóctona (de 3 a 4%).

La memoria 2015 del CES finaliza esta primera parte del capítulo con algunos datos de interés sobre las necesidades de conciliación laboral, personal y familiar. De forma resumida y teniendo en cuenta las modificaciones experimentadas por la familia (tipos de hogares, reducción fertilidad, incorporación de la mujer a la vida laboral, incremento de la atención a personas dependientes,…) la relación entre conciliación y derechos laborales presenta algunos rasgos singulares, según la Encuesta de Necesidades de Servicios Sociales  [3]: el 62% no ha tenido facilidades para conciliar; el 12% ha tenido que dejar su trabajo para el cuidado de hijas/os, en una proporción desigual de un hombre por cada 5 mujeres.

Si a ello se  añaden la dificultades para flexibilizar horarios (uno/a de cada cinco trabajadores/as reconoce prolongar su jornada laboral casi todos los días), habrá que concluir que las políticas públicas de apoyo a la conciliación están resultando absolutamente insuficientes para regular un aspecto tan importante en pleno siglo XXI como es el fomento de iniciativas institucionales que modifiquen la tendencia actual al envejecimiento demográfico de la población vasca.

En conclusión, el apartado demográfico de esta Memoria del CES vasco revela algunas características reseñables:

1.- La CAPV mantiene la tendencia hacia el envejecimiento de su población con un incremento de las necesidades de cuidado de personas mayores, tarea que recae fundamentalmente sobre las mujeres, perjudicando de forma ostensible su calidad de vida y proyección profesional.

2.- El aumento de la desigualdad sociolaboral como consecuencia de la crisis global, paliada parcialmente por la aportación de la población inmigrante, requiere de respuestas globales que las propias administraciones vascas deberían fortalecer, empezando por el aumento en la inversión en la educación y en el fomento de empleos de calidad, especialmente en el papel promocional de la mujer.

Documento necesario, por tanto, para calibrar las futuras actuaciones institucionales que deben encaminarse a mejorar la calidad de vida de las mujeres y los hombres que convivimos en este país.

[1] Pág. 182

[2] Barómetro 2015

[3] Departamento de Empelo, GV, 2014

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