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¿Se españoliza Cataluña?

En el país secuestrado por Junts pel Sí y la CUP, un emblema del antifranquismo como lo fue Raimon lo tendría hoy bastante crudo para volver a cantar su “Diguem no”.

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Supongo que un siglo de estos Cataluña llegará a alcanzar la independencia. Los que la promueven están en ello y no les falta tenacidad en el empeño, arrojando lo viejo al vertedero de la Historia, que es lo que hay que hacer cuando se quiere alumbrar una nación. Y los resultados hasta ahora son espectaculares. Se han cargado su Parlamento, han silenciado a la oposición, han hecho saltar por los aires la autonomía municipal, han organizado, con el “president” a la cabeza, una cacería contra los alcaldes disidentes, abuchean por las calles a quienes se oponen a un referéndum ilegal y se ciscan en la libertad de prensa y en los periodistas, que, al parecer, no tienen acceso a su propio derecho a decidir.  

Uno ve todas estas cosas del “mambo catalán” y empieza a alentar la sospecha sobre si el “procés” independentista no se está españolizando peligrosamente; aunque sólo sea por incurrir en ese vicio tan español de saltarse las leyes a la torera. Y por heredar lo peor de esa España tan criticada por los nacionalistas, dada su “baja calidad democrática”. Porque, a la vista de los hechos, la que ostentan los independentistas (los de siempre y los sobrevenidos) no parece el ejemplo más recomendable de lo que debería ser una democracia alternativa.

¿Qué urnas quieren poner los de la “coalición del sí”? ¿Las del voto normalizado por las garantías legales? ¿O las que recojan las cenizas de la Cataluña democrática?

¿Y qué decir de las dos Españas, una de las cuales helaría el corazón a la otra, según escribió Antonio Machado, un poeta anticatalán como ha descubierto un supuesto historiador contratado por el ayuntamiento de Sabadell? Pues que la Cataluña oficial lo está reproduciendo a escala y de manera bastante satisfactoria. Hasta el punto de que allí, entre familiares y amigos ya no se habla del “tema” por aquello de tener la fiesta en paz. Lo cual, dicho sea de paso, apunta a quienes eluden manifestarse públicamente, por sentirse, política y socialmente intimidados. ¡Y cómo no van a estarlo si la máxima autoridad (es un decir) de su país incita a la gente a mirar a los ojos de quienes se oponen a su hoja de ruta nacional! ¿Tal vez para decirles “me he quedado con tu cara”?

Por lo visto, según los sostenedores del nuevo régimen, la democracia empieza y acaba poniendo urnas. Las ponía también en sus tiempos de gloria el actual inquilino del Valle de los Caídos. Por supuesto, para que votara sí a la España del Caudillo el 105 % de la población (muertos incluidos). Ahora parece que hay que votar “Sí a Cataluña”. Y es cosa de preguntarse qué urnas quieren poner los de la “coalición del sí”. ¿Las del voto normalizado por las garantías legales? ¿O las que recojan las cenizas de la Cataluña democrática? ¿Urnas para votar con todas las de la ley? ¿O urnas funerarias?

Lo que parece claro es que, en el país secuestrado por Junts pel Sí y la CUP, un emblema del antifranquismo como lo fue Raimon lo tendría hoy bastante crudo para volver a cantar su “Diguem no”.

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