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Vado del Quema, el renacer a la vida rociera

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Vado del Quema, el renacer a la vida rociera

Vado del Quema, el renacer a la vida rociera

La Romería del Rocío encierra una multitud de estampas y vivencias que marcan para siempre al que, al menos, por una vez, vive experiencias como la del paso por el Vado del Quema en el cruce del río Guadiamar, uno de los momentos más emblemáticos de la fiesta rociera.

Y es que este paraje de la localidad sevillana de Aznalcázar donde caballos, peregrinos y carros cruzan el río Guadiamar, es testigo, romería a romería, del ingreso oficioso en la devoción de los nuevos romeros a través del "bautizo rociero".

El Vado del Quema tiene una especial significado para los romeros de las 63 hermandades filiales que hacen el camino de Sevilla, y que proceden de lugares muy dispares de la geografía andaluza, ya que solo no pasan por él las filiales procedentes de las provincias de Cádiz y Huelva.

Pese a que este año el elevado caudal del río Guadiamar ha motivado que los distintos dispositivos que componen el Plan Romero hayan extremado las medidas de precaución al paso de las hermandades, lo cierto es que desde que el pasado martes cruzara Málaga no se ha registrado ningún incidente destacable y se han vuelto a vivir momentos irrepetibles e inolvidables.

Hasta el día de hoy habían sido 53 las filiales que han pasado por este lugar para enfilar la localidad de Villamanrique de la Condesa (Sevilla) y adentrarse en tierras onubenses para alcanzar El Rocío, y en esta jornada lo hacen las 10 últimas, entre ellas las cuatro de la capital sevillana (Triana, Sevilla, Sevilla Sur y El Cerro del Águila), junto con Cabezas de San Juan, Villanueva del Ariscal, Écija, Osuna, Puente Genil y Los Palacios y Villafranca.

Podría decirse que el Vado marca el límite del territorio rociero viniendo por los caminos de Sevilla, de ahí que su paso sea uno de los momentos más esperados por todos los romeros que año tras año acompañan a las hermandades en su peregrinación a la aldea y, sobre todo, para los que la realizan por primera vez ya que son protagonistas del "ritual del bautismo".

La ilusión y las lágrimas de emoción y alegría que despierta en niños, jóvenes, adultos y ancianos el que se bañe con agua del Guadiamar a los nuevos romeros, recibiendo nombres alusivos al sentimiento rociero y al entorno que rodea esta romería, se mezclan con las de nostalgia por los que ya no están o este año no han podido hacer el camino.

Y todo ello, entre los sonidos de la flauta y el tamboril, de las sevillanas y rumbas que alaban y veneran a la Virgen del Rocío marcadas al ritmo de palmas y guitarras, y del agua cuando entre ella se abren paso peregrinos, caballos, carros y, sobre todo, la carreta del Simpecado que tirada por bueyes o por mulos enfila firme la senda hacia los pies de la marisma almonteña donde espera la Blanca Paloma.

Por todo ello, el paso por el Vado del Quema es para muchos rocieros un emblema, un lugar ansiado y esperado, un punto neurálgico del sentir y la devoción por esta imagen en la provincia de Sevilla, como lo es Bajo de Guía en Sanlúcar de Barrameda o La Raya en Huelva, y que supone la antesala de todas las vivencias, emociones y estampas para el recuerdo que dejarán los días de romería, sobre todo, ese lunes de madrugada cuando, de nuevo, la Virgen del Rocío abandone su Santuario para visitar de tú a tú a sus fieles a hombros de los almonteños.

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