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Las afganas reivindican su nombre en internet

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Laleh Osmani, the initiator of the campaign 'where is my name' for Afghan women

Laleh Osmani, the initiator of the campaign 'where is my name' for Afghan women

En Afganistán, un país en que las recetas médicas a las mujeres se hacen a nombre del marido y algunos hombres no quieren que sus esposa tengan carné de identidad para no dar su nombre a un "extraño", un grupo de jóvenes ha decidido reivindicar su identidad con una campaña que está arrasa en internet.

Muchos afganos, tal vez la mayoría, sienten vergüenza cuando dicen el nombre de su mujer en público y prefieren llamarlas por el de su padre, hijos o maridos. Uno de ellos es Muhammad Hashem Kharotai, un granjero de 61 años y habitante de Langham (oeste).

Hace unos días un médico le recomendó que llevará a su mujer, de 50 años, a Pakistán para que se hiciera un chequeo médico en profundidad, una opción válida para muchos afganos ante las mejores opciones que ofrece el vecino país.

Sin embargo, Hashem decidió ir a Kabul por una única razón: su esposa no tiene documento de identidad y por tanto no puede adquirir un pasaporte.

"He pasado toda mi vida con dignidad y honor, ¿cómo le voy a decir el nombre de mi mujer a un extraño por un trozo de papel?", indicó a Efe Khaorai.

"Prefiero morir a darle el nombre de mi esposa a un desconocido", añadió.

Su reacción no es inusual en un país extraordinariamente conservador en el que pese a que la mitad de la población son mujeres, solo un 22% de los funcionarios son féminas, un porcentaje que cae al 0% en zonas rurales.

Cansadas de esta situación y de que se silencie hasta su identidad, un grupo de jóvenes han empezado una campaña en las redes sociales para destruir el tabú de no ser nombradas bajo un simple título: "¿dónde está mi nombre?".

"Esta campaña es para crear conciencia, para recuperar nuestra identidad, nuestro primer derecho fundamental que es nuestro nombre", indicó a Efe Laleh Osmani, la joven que lanzó esta iniciativa y que pide ser identificada como "empleada por cuenta propia".

"Queremos tener nuestros nombres en público y ser identificadas como seres humanos independientes, no ser llamadas por los nombres de nuestros padres, hermanos, maridos...", explicó esta chica de 25 años.

Asegura que esta "práctica oscura" no tiene base legal ni religiosa, al recordar que incluso la mujer del profeta es mencionada en textos musulmanes sagrados.

"Entonces ¿por qué nuestra gente insiste en esta práctica injusta?", se cuestionó.

Miles de personas se han sumado a su pregunta reivindicando una respuesta en defensa de las mujeres, incluyendo celebridades, cantantes y activistas sociales de dentro y fuera del país.

"Por ahora lo estamos haciendo en internet con buen resultado", comentó, al asegurar que si consigue fondos también realizará talleres y reuniones.

El cantante afgano Farhad Darya, embajador de buena voluntad de la ONU, fue uno de los que primeros en sumarse a la campaña.

"Mi compañera en la vida es Sultana, mi madre Tahira", escribió con orgullo en su página de Facebook.

Otra cantante afgana que vive fuera del país, Mozhdah Jamalzadah, también respondió exultante en la misma red social.

"Estoy tan emocionada de ver a las nuevas generaciones marcando la diferencia en la lucha de los derechos de las mujeres", dijo, al subrayar su convicción en que las jóvenes tienen el poder de destruir "la porquería" que representan los talibanes.

Aunque se han producido algunos avances desde el derrocamiento de los talibanes en 2001, Afganistán es aún uno de los países donde las mujeres sufren más discriminación y sus derechos son menos respetados.

De acuerdo con una investigación del Consejo de Refugiados de Noruega solo el 38% de las mujeres afganas tienen documento de identidad y apenas un 3% pasaporte, frente al 14% de los hombres.

Pese a que la ley reconoce la igualdad de sexos, la sociedad afgana profesa una versión muy tradicional de la religión musulmana y mantiene a las mujeres en una situación de grave marginación, en especial en las zonas rurales, en las que reside la mayoría de la población.

En estas áreas es común que se quemen escuelas de niñas y para muchas mujeres el acceso a la sanidad o la justicia es un privilegio.

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