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La cocapitalidad, un difícil camino que no colmaría las ansias soberanistas

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La cocapitalidad, un difícil camino que no colmaría las ansias soberanistas

La cocapitalidad, un difícil camino que no colmaría las ansias soberanistas

Que Madrid comparta su capitalidad con Barcelona es una posibilidad que exigiría una profunda reforma de la Constitución y que, apuntan los expertos, no serviría para colmar las ansias independentistas de Cataluña.

Son las principales valoraciones a Efe de Luis Cosculluela, exministro socialista y catedrático de Derecho Administrativo de la Complutense de Madrid, y de Xavier Arbós, catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona.

Ambos consideran que la doble capitalidad es una "ocurrencia no posible" y "poco útil para rebajar el impulso independentista".

Las alarmas saltaban esta semana cuando el candidato del PSC a la alcaldía de Barcelona, Jaume Collboni, reclamaba la cocapitalidad. Una idea que no es nueva porque ya fue lanzada hace 22 años por Pascual Maragall, cuando era alcalde de Barcelona y antes de ser presidente de la Generalitat.

Collboni también pidió el traslado del Senado a la ciudad condal. Una propuesta que fue lanzada hace unos días por Josep Ramon Bosch, presidente de Sociedad Civil Catalana (SCC), plataforma contraria a las tesis secesionistas y sobre la que incluso algún medio de comunicación llegó a asegurar que el Gobierno lo estaba estudiando.

En opinión de Cosculluela y Arbós la doble capitalidad "no es posible" sin reformar el artículo 5 que se encuentra en el Título Preliminar de la Carta Magna, que estipula que la capital del Estado es la villa de Madrid.

Cualquier cambio de un artículo del Título Preliminar supone la reforma de la Constitución con "procedimiento reforzado", lo que exige la aprobación por tres quintos del Congreso y del Senado, la disolución de ambas cámaras, y que las nuevas Cortes vuelvan a aprobar la reforma por otros dos tercios, para culminar el proceso con un referéndum.

Tras apuntar que es una "ocurrencia" que no va a ser posible llevar a cabo, Cosculluela afirma que "ningún gran estado" tiene la doble capitalidad y "menos" los "consolidados".

Sin embargo, recuerda que Alemania tuvo durante algún tiempo dos capitales -Berlín, capital legislativa y Bonn capital ejecutiva- y que aunque la capital de Italia es Roma, siempre se ha considerado capital económica a Milán.

Algo que, añade, ocurrió también en España durante el Franquismo, cuando se valoraba a Barcelona como la capital económica. Hoy en día, agrega Cosculluela, esa idea se ha esfumado.

En cualquier caso, considera que el traslado del Senado o incluso la cesión de la doble capitalidad, "no podría contentar a los que quieren la independencia y un Estado nuevo".

En este mismo sentido se ha expresado el también catedrático Xavier Arbós. Señala que la cocapitalidad "tiene poco apariencia de ser útil para rebajar el impulso del independentismo" porque "los independentistas convencidos lo que quieren es una única capitalidad que es Barcelona".

El catalanismo no independentista, por su parte, tampoco ha hecho nunca propuesta alguna al respecto, mientras que sí han solicitado la descentralización de algunas instituciones como lo demuestra que durante un tiempo estuviera allí la Comisión Nacional del Mercado de Telecomunicaciones.

"Estamos en un tipo de discurso que parece más propio de la Transición", ha dicho Arbós, porque "quien piense que la sugerencia de una doble capitalidad es útil a lo mejor se equivoca tanto como el que cree que impresiona que un líder político diga ahora que habla catalán en la intimidad".

Arbós tampoco es partidario del cambio de ubicación del Senado pero sí de que se reforme para "convertirse en una cámara especializada en cuestiones autonómicas" y que esté compuesta por los consejeros autonómicos y no por senadores elegidos.

La propuesta de la doble capitalidad no parece tener futuro. De momento, la han rechazado en Madrid el presidente de esta comunidad, Ignacio González, y la alcaldesa, Ana Botella, y, en Barcelona, su alcalde, Xavier Trias, quien ha considerado la idea "ridícula" y "sin sentido".

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