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Kakapo: una especie secuenciada entera, los azules huevos de los dinosaurios y Juan Valderrama, joven astrónomo

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Ilustración de un Kakapo

Ilustración de un kakapo

En las islas a menudo hay animales raros y ninguno tan raro como el Kakapo: un loro enorme e incapaz de volar que vive en zonas remotas de Nueva Zelanda y que acaba de convertirse en la primera especie del planeta de la que conocemos su genoma completo porque todos sus individuos han sido secuenciados. Desgraciadamente esto se debe a que sólo quedan 153 ejemplares: es un animal grande, torpe, con costumbres poco saludables como quedarse inmóvil ante el peligro y con un olor muy particular y característico (que quien lo ha experimentado describe como muy agradable). Desde la llegada de los maoríes en el siglo XIII y después la de los británicos en el XIX los cazaron con tal gusto y facilidad que se pensó se habían extinguido. Pero una población apareció en una remota isla en 1977 y desde entonces el gobierno neozelandés los cuida con esmero; hace unos pocos años eran tan sólo 129, ahora hay 153. El último intento para facilitar su conservación es secuenciar su genoma, y se ha conseguido hacerlo de todos y cada uno de los supervivientes, gracias a un crowdfunding que ayudó a obtener los dineros. Ahora se estudiará su composición genética para ver si hay algún modo de facilitar que la especie siga existiendo. 

Los azules huevos de los dinosaurios

Los mirlos americanos o mirlos robin, que tienen el pecho de color rojo, tiñen de un brillante color azul sus huevos. Pero la mayoría de las aves, los reptiles como cocodrilos, tortugas o lagartos y los pocos mamíferos que ponen huevos como el equidna y el ornitorrinco tienen huevos de color blanco. Debido a ello se daba por supuesto que los huevos de dinosaurio, hallados a veces incluso en nidos perfectamente preservados desde hace decenas de millones de años, eran también blancos. Pero se acaba de publicar un análisis químico de cáscaras de huevos de dinosaurios hallados en el este de China que muestra que al menos una especie de dinosaurio de pico de loro, Heyuannia huangi, tenía huevos de color azul. Este dinosaurio herbívoro similar a un avestruz pequeño de unos 2 m de largo y con pico y plumas tenía huevos cuya cáscara contiene trazas químicas de dos pigmentos azul-verdosos comunes en los huevos de aves como el mirlo primavera. La coloración además encaja con el tipo de nido en tierra y en zonas despejadas donde el color probablemente ayudaba a que se vieran menos entre las plantas. Lo interesante es que cada vez más cosas que pensábamos eran propias de las aves resulta que las han heredado de los dinosaurios: las plumas, ciertos comportamientos de cortejo como las danzas, y ahora los huevos coloreados. Cada vez está más claro que los dinosaurios jamás se extinguieron: siguen viviendo a nuestro alrededor, revoloteando. 

Juan Valderrama y Aguilar, astrónomo y meteorólogo

Tenía tan sólo 17 años, hizo un descubrimiento interesante mientras observaba el Sol con su telescopio de aficionado y tan sólo lo hemos sabido un siglo después. Juan Valderrama era un canario que vivía en Madrid en 1886 y dedicaba sus ratos de ocio a la astronomía, para lo cual contaba con un pequeño telescopio de 6,6 cm de apertura con el que el 10 de septiembre de 1886 contemplaba, a través de un filtro neutro, el Sol. Y en esto estaba cuando contempló un espectáculo muy poco común y entonces casi desconocido: una fulguración solar de luz blanca, un súbito destello localizado en un hemisferio solar. Lo describió como ‘un objeto casi circular muy brillante del que salía un largo rayo luminoso’, y anotó cuidadosamente los detalles; con ellos confeccionó un artículo que se publicó en la revista francesa L’Astronomíe. Resulta que el joven tinerfeño fue el tercero de la historia científica mundial en contemplar y documentar este tipo de tormenta o fulguración solar, que son tan breves y localizadas que son complicadas de observar aunque perfectamente visibles incluso en un telescopio pequeño si se tiene la suerte de estar mirando justo cuando ocurren. El joven Valderrama posteriormente regresó a Tenerife, donde durante años dirigió el Observatorio Meteorológico Municipal; dos astrónomos del CSIC publicarán en breve su biografía. 

Imagen de John G. Keulemans. Minor edits have been made to the original by User:Msikma; I release these changes into the public domain as well. - Birds of New Zealand 1st edition, by Walter Lawry Buller, published in 1873 [1], Public Domain, 

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