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Los restos de aborígenes argentinos se pierden entre excavadoras y construcciones

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Los restos de aborígenes argentinos se pierden entre excavadoras y construcciones

Los restos de aborígenes argentinos se pierden entre excavadoras y construcciones

Un trozo de tierra de 130 metros de extensión es el epicentro de un conflicto en el que las voces de asociaciones defensoras de los derechos de los pueblos originarios argentinos se pierden entre los ruidos de las excavadoras y la desidia.

Punta Querandí, una especie de "península" ubicada en la localidad de Dique Luján, en la provincia de Buenos Aires, quedó aislada por la caída del último puente que atravesaba el río que la conectaba con la ruta y por el cercado que hicieron los barrios privados que tiene alrededor.

Para acceder, se debe cruzar en un barco sin motor que se maneja con una soga.

Los vecinos que reciben a los visitantes tienen dos reclamos: por un lado, que no avancen sobre lo que consideran un sitio arqueológico y un cementerio aborigen; por el otro, que no continúen destruyendo los humedales de la zona, que actúan como reguladores hídricos que evitan que se inunden miles de vecinos del área cercana a la zona de barrios cerrados.

"Hoy nos inundamos hasta las rodillas. Tenemos que pedir permiso (a los barrios cerrados) para que nos dejen ingresar materiales o relleno de terreno, y eso a ellos les molesta", dijo a Efe Alejandra Ramírez, habitante de Punta Querandí.

Tras amarrar el barco, los visitantes encuentran un refugio de madera y chapa con murales que representan a los pueblos originarios de Argentina y una apacheta, un montículo de piedras donde se realizan ofrendas a la Pachamama u otras deidades.

Valentín Palma Calamullo, un joven del pueblo indígena colla que encabeza, junto con otros compañeros, el Movimiento en Defensa por la Pacha, explicó que el conflicto radica en que las empresas que construyen urbanizaciones cerradas quieren utilizar Punta Querandí como bahía para amarrar embarcaciones.

Palma Calamullo señaló que allí encontraron pedazos de cerámica, utensilios y tres restos de cráneo: uno se encuentra en la casa de un vecino; otro fue analizado por una universidad nacional que no pudo determinar su origen y el último, de acuerdo con el joven, fue "confiscado" por un arqueólogo.

"A fines de 2008, las empresas contrataron a arqueólogos que cavaron y se llevaron más de 100.000 (restos) de fauna y 20.000 de cerámica e instrumentos de hueso, y dijeron que no había ningún resto humano. Concluyeron que el sitio no tenía ningún objeto de estudio para la ciencia, y lo liberaron para el (desarrollo) privado", añadió.

En 2009, se conformó el Movimiento en Defensa por la Pacha, y en 2010, cuando la empresa quiso excavar en el sitio, la asociación instaló un campamento.

Desde ese entonces, defienden Punta Querandí y también reclaman por la devolución de cadáveres de indígenas que se encontraron en los sitios Sarandí (hoy ocupado por el barrio Nordelta) y Garín (actualmente, barrio Santa Catalina).

Asimismo, la organización denuncia que las mismas empresas quieren hacer un nuevo barrio privado en un campo de 70 hectáreas llamado La Bellaca, donde hay tres sitios más y un cementerio, que los desarrolladores propusieron "alambrar" para continuar con su proyecto.

Según Palma Calamullo, esto es "una falta de respeto" a su cultura, ya que "los sitios quedan rodeados de canchas de tenis".

Movimiento en Defensa por la Pacha exige que se cumpla la ley de protección del patrimonio arqueológico y paleontológico, sancionada en 2003, que indica que el Estado nacional debe ejercer la tutela sobre aquél, adoptar las medidas para su preservación e investigación.

Además, la ley de "restos mortales" de 2001 señala que aquellos que sean de pueblos aborígenes "deberán ser puestos a disposición de los pueblos indígenas y/o comunidades de pertenencia que lo reclamen".

"Si los indios mañana nos sacamos la lotería, ponemos una empresa constructora y queremos comprar el cementerio de la Chacarita (en la ciudad de Buenos Aires) para hacer nuestro barrio, todo ciudadano argentino diría que es un sinsentido. Pero si esto lo hace una empresa de renombre que vende un falso progreso, es visto como lo correcto", reflexionó Palma Calamullo.

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