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Los escombros del Haiyan, fuente de esperanza para cientos de filipinos

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Los escombros del Haiyan, fuente de esperanza para cientos de filipinos

Los escombros del Haiyan, fuente de esperanza para cientos de filipinos

Tacloban (Filipinas), 5 nov.- Un año después del paso del tifón Haiyan por Filipinas los escombros que inundaron la ciudad de Tacloban han resultado ser una fuente de ingresos para cientos de damnificados gracias a un original proyecto de reciclaje que ha transformado el desánimo en esperanza.

Las montañas de desperdicios que dejó tras de sí la enorme tormenta llevaron a Bernardo Urbina, un joven diseñador costarricense, que había llegado a Filipinas apenas tres meses antes, a fundar Tacloban Prevails (Tacloban Prevalece) para ayudar a los miles de víctimas.

"Viajando por Filipinas, vi muchísimos escombros que podían ser reciclados y que estaban tirados justo al lado de gente que vivía en condiciones horribles", explica Urbina a Efe mientras se mueve por las calles de Tacloban en busca de materiales para sus originales diseños.

El diseñador afirma que en seguida le surgió la idea de utilizar sus conocimientos para crear, a partir de estos desechos, muebles modernos y funcionales que pondría a la venta para luego destinar parte del beneficio a los afectados por el tifón.

Bajo un sol abrasador, Urbina pasa horas recorriendo las ruinas de la ciudad y hablando con los residentes de la zona hasta que da con un viejo armario, los restos de una cama o una silla destartalada, que luego transformará en un mueble que combina materiales antiguos y nuevos para crear una pieza única.

"Lo primero es localizar al dueño del escombro, asegurarme de que no está siendo utilizado, y luego se lo compro", afirma el costarricense, cuyo principal objetivo son los más desfavorecidos de la ciudad, que siguen viviendo en pésimas condiciones.

"Muchos no entienden que queramos comprar algo que para ellos no tiene ningún valor", añade.

Pero los protagonistas de Tacloban Prevails se sorprenden aun más cuando, meses después de haber vendido sus escombros, se encuentran de nuevo a Urbina, que vuelve para entregarles el 10 por ciento del dinero conseguido con la venta de la pieza de diseño.

"La mayoría de la gente no espera que volvamos, o sea que se quedan muy sorprendidos cuando lo hacemos y les enseñamos una foto de cómo se han transformado sus muebles. Y encima que les demos dinero", relata el empresario, que cuenta cómo algunos de los beneficiados por el programa han podido reconstruir parte de sus casas.

Una de las beneficiadas es Ramona Dacor, de 52 años, cuya vivienda construida cuatro décadas antes por su padre, quedó completamente destruida por la marejada ciclónica que provocó Haiyan, lo que le ha forzado a vivir de alquiler en un espacio mínimo con algunos de sus familiares.

Las columnas que adornaban su balcón serán uno de los materiales utilizados por Urbina, que prevé poner a la venta la tercera colección de muebles de Tacloban Prevails el próximo mes de enero.

Aunque cada mueble tiene una historia personal de fondo, Urbina subraya que no suele dar detalles sobre las tragedias que han vivido los propietarios del material reciclado.

"En un principio no contamos las tragedias que han vivido algunas de las personas a las que hemos conocido, porque no queremos que la gente compre por pena, pero si algún cliente se interesa se lo podemos contar", recalca.

Para el costarricense, el principal objetivo de su proyecto es transmitir esperanza a los afectados.

"Lo que queremos conseguir con este proceso es que sepan que un año después (del tifón) la gente sigue pensando en ellos y que no todo lo que está a su alrededor es basura, que se puede hacer cosas con los escombros", aclara.

Además de crear un ambiente de optimismo, el objetivo de Urbina es demostrar la viabilidad de las empresas con responsabilidad social, como la suya, que además de vender un producto aportan un beneficio a aquellas comunidades que ayudan a crearlo.

"Hoy en día el negocio está más centrado en el consumidor, en vender más productos para ganar más dinero, pero las empresas deberían tener más responsabilidad social y saber que no se puede seguir aumentando la brecha social entre países desarrollados y subdesarrollados", opina Urbina.

"Al final vivimos todos en un mismo mundo, y tenemos que seguir creciendo juntos y compartir cada día. No podemos seguir separándonos más y más porque si no, no llegaremos a ningún lado", concluye el joven diseñador.

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