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Opinión

Real o no, el informe secreto sobre Trump es otro tanto para Putin

Incluso si Moscú no tiene nada que ver, EEUU sale debilitado y su nuevo líder queda en entredicho ante de su toma de posesión

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Vladimir Putin sale reforzado de todos los escándalos protagonizados por Trump EFE

Rusia insiste en que no ha tenido nada que ver en lo  que describe como un escándalo de 'literatura barata' que da vueltas alrededor de Trump. Pero para Vladimir Putin, el  informe secreto (que aparece después de acusaciones de amaño en las elecciones) tiene un efecto. Deliberadamente planeado o no, el efecto es que Moscú sigue avanzando en su viejo deseo de debilitar a EEUU: paraliza sus proceso de decisiones políticas y venga la humillación que sufrió Rusia después de la Guerra Fría.

Puede que Putin sea completamente inocente, tal y como asegura el portavoz del presidente ruso. O puede ser justamente lo contrario. En cierta manera, no importa. El daño ya está hecho y al Kremlin no le penaliza. La confusión sin precedentes y la desorganización es lo que los antiguos agentes de la KGB como Putin tan solo podían llegar a soñar.

Putin describió  el colapso de la Unión Soviética, en la que EEUU jugó el papel principal, como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”. Un cuarto de siglo después, demostrando una paciencia meticulosa como la de Karla, el maestro espía ruso de ficción creado por John le Carre, Putin puede saborear su victoria.

Sea quien sea el responsable, se han sembrado dudas sobre la independencia, la credibilidad y la legitimidad política del presidente electo de EEUU. Los analistas norteamericanos incluso han sugerido que Trump quizá sea un “activo” ruso. Todo esto recuerda a otra historia, concretamente a El mensajero del miedo de Richard Condon, sobre el lavado de cerebro político en el centro del poder.

El aluvión de demandas y contrademandas ha alimentado las sospechas de muchos estadounidenses sobre si Trump ganó limpiamente las elecciones en noviembre. El malestar se ha agravado por un gol en propia puerta en el proceso electoral: la victoria de Trump en el colegio electoral a pesar de conseguir tres millones menos de votantes que Hillary Clinton.

La administración Obama considera que agentes extranjeros, actuando para Moscú, trabajaron para interferir en los comicios en nombre de Trump. Todas las agencias de inteligencia estadounidenses están de acuerdo. Esta conclusión ha provocado un amargo enfrentamiento público entre Trump, la CIA y la Agencia de Seguridad Nacional, la primera línea de defensa de Washington y los principales enemigos de las agencias de inteligencia rusas.

Dado que las fuentes que hablaron para Christopher Steele, exagente del M16 mencionado como el autor del informe, no están identificadas, es imposible saber si la información sobre el supuesto comportamiento de Trump en Rusia es precisa o fue ideada por agentes de la FSB (la agencia sucesora de la KGB).

Las insinuaciones de que los rusos tiene suficiente información comprometedora para chantajear a Trump, sumado a que los agentes rusos y hackers proporcionaron información de inteligencia útil para su equipo de campaña, son igualmente preocupantes. Por lo tanto, sea cierto o no, algo de barro seguro que le mancha (el propósito por excelencia de cualquier conspiración para desestabilizar, muy del estilo de la KGB, diseñada para destrozar la confianza y sembrar confusión).

Sin que ni siquiera Trump se haya instalado en el Despacho Oval, las ramificaciones de este alboroto constante no tienen fin. Trump no tendrá una luna de miel. Es probable que el actual frenesí parlamentario y mediático se intensifique (en lugar de calmarse) una vez que el republicano tome los mandos.

Ya se habla de moción de censura y de una crisis de la talla del Watergate. Trump está seriamente tocado, aunque su actuación en la rueda de prensa de este miércoles pueda hacer pensar que no se ha enterado.

Muchos en Estados Unidos y en el extranjero lo verán de una de estas maneras: ingenuo, bobo o manejable. Los intentos de Trump de establecer una agenda política, en EEUU o en el extranjero, seguramente se verán duramente minados por su debilidad política crónica. Y esto será especialmente cierto para cualquier cosa que afecte a Rusia.

Si Trump intenta un 'reseteo', como muchos esperan, se arriesga a que le vean como un líder que se arrodilla ante los manipuladores de Moscú. Si trata de presionar a los miembros de la OTAN, tal y como prometió durante la campaña, sus motivos serán cuestionados. Si, por otro lado, se pone duro con Rusia sobre Ucrania, por ejemplo, los aliados de EEUU podrían ver este movimiento como una reacción peligrosa a un escándalo en lugar de un cambio político responsable.

Mientras tanto, en la ansiosa Europa central y del Este y en Oriente Medio, el miedo a Rusia se mezclará con un nuevo respeto. Lavrenti Beria, legendario jefe de seguridad de estado de Lenin y director de la NKVD, predecesora de la KGB, estaría impresionado. El 'objetivo' estadounidense ha sido debilitado, su sistema democrático de gobierno ha sido desacreditado ante el mundo y su nuevo líder ha quedado en entredicho antes incluso de tomar el poder.

El tiempo dirá si en este juego Putin exageró su mano. Ahora mismo debe estar riéndose a punto de estallar, aunque ponga su mejor cara de póker. 

Traducido por Cristina Armunia Berges

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