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¿Quiénes son los superdelegados demócratas y de dónde vienen?

La figura del superdelegado se creó a principios de los ochenta, cuando los cargos electos y los más veteranos del partido se percataron de que quedaban fuera del proceso de nominación

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Los superdelegados definirán la elección del candidato en la Convención Nacional Demócrata.

Los superdelegados definirán la elección del candidato en la Convención Nacional Demócrata.

En la Convención Nacional Demócrata que se celebrará en julio, 719 personas que no fueron seleccionadas en unas primarias o en un caucus podrán dar su voto a Hillary Clinton o a Bernie Sanders para que representen al partido en las presidenciales. 

Son los llamados superdelegados. Pero lo que los convierte en "súper" no es el papel que desempeñan en la convención, o ningún poder o habilidad especial, sino su increíble capacidad para generar polémica.

Uno se puede convertir en superdelegado a través de tres vías distintas. La primera es ser elegido gobernador, senador o congresista del Partido Demócrata. La segunda, tener influencia o ser un militante leal del partido y convertirse en uno de los 438 miembros del Comité Nacional Demócrata. La tercera y más difícil, convertirse en un superdelegado vitalicio tras ser presidente, vicepresidente, presidente del Comité Nacional Demócrata o miembro de la Cámara de Representantes o del Congreso de Estados Unidos.

La figura del superdelegado surgió a principios de los ochenta en un contexto en el que el Partido Demócrata revisó sus reglas de juego tras una larga disputa en torno a las mismas en las amargas primarias entre el entonces presidente Jimmy Carter y el senador por Massachusetts Ted Kennedy. El partido ya había hecho una modificación sustancial de sus reglas tras la situación caótica que se generó en 1968 cuando Hubert Humphrey, que no había ganado ni una sola de las primarias, fue nominado en la convención de Chicago. 

Estas nuevas reglas reemplazaban la elección de los líderes del partido durante las convenciones por procesos mucho más democráticos y que incluían un lenguaje que alentaba a una mejor representación de las mujeres y de las minorías. 

El nuevo sistema dejó completamente de lado a los cargos electos y a los miembros veteranos del partido. Como explica a The Guardian Tad Devine, un destacado miembro del partido y en la actualidad uno de los principales estrategas de la campaña del candidato demócrata Bernie Sanders: "Tras la Convención de 1980, donde participaron muy pocos líderes del partido y cargos electos, el partido decidió revisar sus reglas y revaluar el proceso de las primarias".

La comisión Hunt, un panel interno presidido por el gobernador de Carolina del Norte, Jum Hunt, reevaluó las reglas. Devine desempeñó un papel en la comisión y señala que en un primer momento la potestad de crear superdelegados tenía "un alcance limitado". Si bien la comisión tomó la "decisión de crear una categoría de delegados que no lo serían por votación sino por su estatus dentro del partido", lo cierto es que estos delegados eran elegidos en un proceso.

La Conferencia Demócrata de la Cámara de Representantes y el caucus demócrata del Senado se reunirían por separado y elegirían a los miembros (tres de cada cinco) que serían delegados en la convención. Además, el presidente y el vicepresidente del Partido Demócrata en cada uno de los Estados del país también se convertían en superdelegado.

Reglas cambiantes

Después de 1984, la cifra de superdelegados fue en aumento. Todos los congresistas y senadores podían votar en la convención; también los miembros del Comité Nacional Demócrata. En 1988 se intentaron cambiar estas reglas en víspera de la convención, en el marco de unas negociaciones entre Devine, representante de la campaña del candidato favorito, Michael Dukakis, y Ron Brown, que representaba al activista Jesse Jackson. Acordaron limitar la cifra de miembros del Comité Nacional Demócrata que podían ser superdelegados. Solo el presidente y el vicepresidente del partido volvían a tener el estatus de superdelegado.

Esta situación volvió a cambiar tras las elecciones, después de que Brown se postulara a presidente del Comité. Devine explica que "Brown era un político muy astuto y decidió impulsar una plataforma para devolver el estatus de superdelegados a todos los miembros del Comité". Teniendo en cuenta que "su electorado" estaba integrado por miembros del Comité, su mensaje tuvo el efecto deseado. 

Desde entonces, y si bien en 2010 se aumentó la cifra de delegados electos para diluir la influencia de los superdelegados, no se han introducido cambios para limitar el papel que desempeñan los 'súper'. Los superdelegados representan el 15% del total de delegados y no asumen ningún compromiso. Pueden cambiar de opinión tantas veces como lo deseen hasta que se celebre la convención: pueden retirar su voto a Bernie Sanders para dárselo a Hillary Clinton, y más tarde dárselo a Martin O'Malley y finalmente al ratón Mickey.

En general, cambian de candidato por una razón: los votantes apoyan a un candidato distinto. En 2008, parte de los superdelegados afroamericanos que en un principio apoyaban a Hillary Clinton decidieron dar su voto a Barack Obama tras constatar que este tenía el sólido apoyo de la comunidad afroamericana. Sanders trata ahora desesperadamente de seducir a los superdelegados ya que hasta la fecha muy pocos lo han apoyado. El problema es que hace mucho tiempo que todos ellos son cargos electos o activistas del partido, y Sanders solo se hizo demócrata para presentarse a estas elecciones. Durante 25 años ha estado sentado en el Congreso como independiente.

Sanders VS Clinton

En estos momentos Sanders tiene una desventaja de 250 delegados respecto a Clinton, en una lucha por conseguir 2383 delegados, y necesita conseguir el apoyo de muchos superdelegados para convertirse en el candidato demócrata de las elecciones de noviembre. Solo 31 de los 719 superdelegados lo apoyan mientras que 469 apoyan a Clinton. Los partidarios de Sanders están presionando enérgicamente a los superdelegados para que apoyen a Sanders. Uno de ellos incluso ha creado el sitio web Super Delegate Hit List (los superdelegados a los que hay que alcanzar); de hecho la palabra "alcanzar" desapareció del título a los pocos días. Algunos superdelegados se quejaron e indicaron que se sentían acosados.

Dennis Archer, un superdelegado del estado de Michigan y ex alcalde de Detroit considera que no cree que la presión sea un problema. "Haría lo mismo en su situación y no me ofenden", explica a The Guardian: "Era previsible". Archer es amigo de Clinton desde hace mucho tiempo; la conoce desde hace más de tres décadas ya que los dos fueron miembros del Colegio de Abogados de Estados Unidos y trabajaron codo a codo para que las mujeres juristas y los afroamericanos juristas tuvieran más oportunidades. Dice que la presión no hará tambalear su decisión de votar a Clinton. 

Sin embargo, afirma que cree que las quejas en torno a las reglas del proceso son superficiales y subraya que la existencia de los superdelegados no debería "sorprender" a ningún candidato. Puntualiza que en los últimos cuatro años nadie ha presentado una propuesta para cambiar el sistema ante el Comité Nacional Demócrata. "Si vamos a cambiar el sistema, deberíamos esperar hasta después de la votación, analizar el resultado y tomar las decisiones mejor fundadas", indica Devine.  

Señala que los estatutos del Partido Demócrata indican que la convención representa la más alta autoridad del Comité Nacional Demócrata e indican que la mejor forma de llevar a cabo el proceso, tras la votación de junio, es mirar atrás y tomar una decisión, que puede ser, como ya se ha hecho en el pasado, volver a crear una comisión. La convención tiene la potestad de dar instrucciones muy específicas a la comisión de la evaluación que debe llevar a cabo y los cambios que se deben hacer".

Devine indica que el partido no ha llevado a cabo ninguna reforma sustancial desde 1988 y cree que "tal vez ha llegado el momento de volver a evaluar el proceso. Las reformas del pasado tenían por objetivo tener un candidato más sólido".

Sanders no tiene más remedio que intentar ganar un mayor número de delegados y, después, convencer a los superdelegados de que él puede ser un candidato sólido. 

Esta es su única opción; salvo que descubra la kryptonita de los superdelegados. 

Traducción de Emma Reverter

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