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España y Marruecos colaboran para blindar Melilla

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“Me consta que el Reino de Marruecos está colaborando, tiene sus limitaciones, pero lo está haciendo muy bien. Al César lo que es del César”, asegura en esta entrevista Abdelmalik El Barkani, delegado del Gobierno de España en Melilla. Y añade: “Nos llega información de que la autoridad marroquí está deportando a los inmigrantes a otras zonas fuera de los alrededores de Melilla. (...) Están consiguiendo que muchos de estos inmigrantes que están al acecho, y cercanos a la zona de la valla, abandonen ese sitio, evitando que entren”.

Los controles y las detenciones en los alrededores de la ciudad autónoma han aumentado en los últimos meses. Según Helena Maleno, investigadora y experta en migraciones, “Marruecos está haciendo ‘bien’ su trabajo desde que Rajoy se reunió con Abdelilah Benkirán (jefe de Gobierno de Marruecos). No se sabe las decisiones que se tomaron, pero sí se ha notado más actividad de la Marina Real marroquí”, que intercepta las pateras.

La ONG marroquí ABCDS teme que este aumento de la presión sea la antesala de la firma de un acuerdo de readmisión entre Rabat y Bruselas, con el que Europa podría devolver a los inmigrantes que lleguen vía Marruecos, sin importar su nacionalidad, como  contó Luis de Vega. Esto se suma a la denuncia conjunta realizada por varias organizaciones defensoras de derechos humanos del país exigiendo el cese del "acoso" a los inmigrantes subsaharianos, también desde los medios de comunicación.

El pasado fin de semana, en las madrugadas del viernes y el sábado, 200 personas trataron de saltar la alambrada de seis metros de altura que separa Marruecos de Melilla y de ‘Europa’. Así, entre comillas, porque la ciudad autónoma está excluida del Tratado de Schengen y los extranjeros que entran sin documentación solo pueden salir cuando son enviados a la península para ser expulsados. En su caso, Melilla no es Europa, al menos no la Europa con la que sueñan.

Todos lo intentaron pero únicamente lo consiguieron 46 el primer día y dos el segundo. De ellos, 18 son menores de edad. Son las cifras confirmadas por la Delegación del Gobierno después de las contradicciones del fin de semana. En un primer momento se dijo que un centenar de subsaharianos intentó saltar la valla, y que solo tres consiguieron entrar. El lunes hubo una rectificación y se ofrecieron los datos ahora conocidos: alrededor de 200 personas lo intentaron, pero solo cruzaron 48.

La Asociación Pro Derechos de la Infancia (Prodein), la ONG más activa de Melilla en asuntos migratorios, asegura que el número de inmigrantes que llegó a pisar territorio español durante esas noches fue muy superior. José Palazón, presidente de la entidad, denuncia que los testimonios de quienes consiguieron cruzar confirman que “hubo muchos más, pero los guardias civiles, que peinaron los alrededores de la valla, los entregaron inmediatamente a los agentes marroquíes. No quieren más inmigrantes y se los quitan de en medio devolviéndolos sin reconocerle sus derechos. Es un incumplimiento intolerable de la ley”.

En Melilla, cuando un inmigrante cruza la alambrada o entra a través del mar, debe ser trasladado a la comisaría, donde se le abre un proceso de expulsión de España, previo paso por la península, pero nunca puede ser devuelto directamente a Marruecos. Es muy “preocupante”, afirma Palazón, que la Guardia Civil esté entrando en el juego de las “devoluciones ilegales”. “Lo que están haciendo se llama tráfico de personas. Los Cuerpos de Seguridad del Estado no pueden actuar como lo hacen las mafias. Son policías y no tienen que cumplir órdenes ilegales”.

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El Gobierno niega la mayor y asegura  en un comunicado que la Guardia Civil "garantiza su escrupuloso respeto a la legalidad vigente en todas sus actuaciones, al tiempo que rechaza las versiones de algunos sectores, absolutamente contrarias a los informes que maneja esta Delegación del Gobierno", en referencia a la denuncia de Prodein.

Sin embargo, “no es un caso aislado”, cuenta desde Tánger por teléfono Helena Maleno. “Han aumentado las deportaciones ilegales de personas que llegan a entrar en la ciudad de Melilla. Nos están llegando denuncias que relatan cómo la Guardia Civil española coge las lanchas en el agua y las ponen en manos de los marroquíes. Hay gente que ha llegado a la costa de Melilla, la han montado en las lachas y la han enviado de vuelta a la zona marroquí. Se están incumpliendo tratados internacionales”.

Campamentos en el monte

El Monte Gurugú está a pocos kilómetros de la ciudad de Melilla, pero es otro continente. Una doble valla marca la línea entre Europa y África. En el monte y en sus alrededores, los inmigrantes, principalmente subsaharianos, buscan su oportunidad para cruzar la alambrada y salir de Marruecos, donde algunos llevan meses e incluso años esperando. En chabolas, se esconden de las redadas de la gendarmería marroquí. Saben que si los detienen, serán probablemente expulsados.

Las ONG que trabajan en la zona llevan años denunciando que los inmigrantes detenidos por Marruecos, tanto en las embarcaciones como en los montes aledaños a las vallas y a la costa, son maltratados, deportados y abandonados a su suerte en la frontera con Argelia. Aún así, ellos están dispuestos a arriesgarse. Con el buen tiempo crecen las posibilidades de intentarlo y aumenta también el número de los que llegan desde otros puntos del país. Para cambiar de continente tienen dos opciones: coger una patera o saltar la valla. Y el fin de semana pasado eligieron la valla.

Al oír el sonido de las sirenas, carreras y disparos al aire en la proximidades de la frontera, José Palazón recuerda los intentos que se produjeron en 2005 en Ceuta y Melilla, en los que murieron 13 inmigrantes subsaharianos por disparos de bala --muertes que no fueron investigadas oficialmente, ni en España ni en Marruecos--. “Llevamos tiempo viéndolo venir. Se está siguiendo la misma estrategia de represión y persecución que en 2005. Si nada cambia, volverán a repetirse aquellos días de vergüenza”.

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