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¿Tregua olímpica en los mercados?

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En la Era Antigua, los Juegos Olímpicos, además de las competiciones deportivas, cumplían una función añadida. Cuando se celebraban, se paraban las guerras. Las armas callaban y solo se reanudaban las hostilidades cuando los Juegos concluían. Es lo que se conocía como treguas olímpicas. De ahí viene a asociar a las Olimpiadas con la paz y a la llama olímpica con la concordia.

En la Era Moderna, en 1896 se recuperan los Juegos Olímpicos con ese mismo espíritu. Pero, desgraciadamente, la buena intención no dura mucho tiempo. En 1936 se celebran en un Berlin dominado por el fervor nacionalsocialista, en unos Juegos presididos por Hitler y diseñados para demostrar la superioridad de la raza aria. Afortunadamente, Jessie Owen, con su victoria, desbarató esa idea tan nazi y tan contraria al espíritu olímpico.

En el verano de 1939 Alemania invade Polonia y comienza la Segunda Guerra Mundial. Los Juegos de 1940 no se celebran por la contienda. Y tampoco los de 1944. Se acaban así las treguas olímpicas. Los Juegos ya no paran las guerras. Son las guerras las que paran los Juegos.

En 1948 se recuperan los JJOO, precisamente en un Londres victorioso tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Pero no se recuperan las "treguas olímpicas". Los Juegos de Tokio de 1964 tampoco ponen freno a la Guerra de Vietnam. Los de México de 1968 no impiden la matanza de estudiantes en la plaza de Tlatelolco, en el país anfitrión. Y en los de Munich en 1972 se produce la matanza de atletas israelíes por parte del Septiembre Negro palestino. En 1980 se boicotean los Juegos de Moscu por la invasión soviética de Afganistán. Y, en 1984, en represalia, el bloque soviético boicotea los de Los Angeles.

Los Juegos de la Era Moderna van de la mano de la violencia y la guerra. No hay treguas olímpicas.

A finales de siglo XX aparece, sin embargo, una nueva especie de tregua olímpica. No se trata de que consigan parar la guerra durante su celebración, pero sí de tapar o retrasar el estallido de unas crisis financieras larvadas durante cierto tiempo, y que se dejan en suspenso durante los Juegos.

Es el caso de los Juegos de Barcelona en 1992. Los mercados financieros dan una tregua y esperan a septiembre, en el que un insostenible Sistema Monetario Europeo salta por los aires. La libra esterlina y la lira abandonan el mecanismo de cambios, que se supone iba a ser el germen de una futura unión monetaria europea. Y buena parte de las monedas periféricas sufren varias devaluaciones.

En 2008 los Juegos de Pekín tapan durante varias semanas la crisis financiera que se estaba larvando en EEUU. Pero en septiembre tras los Juegos se produce el estallido financiero que culmina con la caída de Lehman Brothers.

Son dos casos recientes de tregua olímpica. En este caso se trata de tregua de crisis financiera, no de conflicto bélico. Pero, como en aquellas, al acabar los Juegos, se acaba la tregua. ¿Que pasará tras los JJOO de 2012? Estamos de nuevo ante un caso de "tregua olímpica" tras la cual se producirá un nuevo estallido financiero? Ciertamente la zona euro no proporciona mucha tranquilidad. La salida de Grecia del euro sigue siendo una posibilidad que puede hacer estallar toda la unión monetaria. Y hay muchas dudas sobre cuál va a ser el papel del BCE en la resolución de la crisis de deuda soberana de España e Italia. ¿Intervendrá en el mercado secundario? ¿En el primario? ¿Habrá sendos rescates? ¿Con que condiciones? ¿Qué pasara con la situación social en el sur de Europa, cada vez más deteriorada por los recortes y la prolongación de la depresión económica?

Todo ello en Europa. Pero también empieza a preocupar la situación de algunos países emergentes, como Argentina y su posible contagio al conjunto de Latinoamérica. También India muestra señales macroeconómicas inquietantes. Todo tiene bastante mala pinta, pese a la aparente tranquilidad de estos días.

Ojalá no estemos ante una nueva tregua olímpica. Ojalá el otoño sea tranquilo. Pero mucho me temo que cuando se apague la llama olímpica vamos a sufrir algún que otro incendio.

Disfrutemos, por tanto, lo que nos queda de agosto y de los JJOO de Londres. Aunque nos llevemos pocas medallas.

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