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Desde las primeras edades del capitalismo, el trabajo ha sido despojado de derechos, completando así una mercancía tan escasa como necesaria

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Fátima Báñez. EFE

Los argumentos de Fátima Báñez son tan simplones como frágiles y anémicos aunque, desde el Ministerio que dirige, los presenten como todo lo contrario. De la misma manera que el espíritu no se puede mantener en el vacío sin materia que lo soporte, el programa del PP –en lo que respecta a recuperación económica– carece de base. Porque la crisis es global e insuperable tras haber colapsando el último ciclo de un capitalismo que ya no acumula plusvalía, sino crédito.

Con todo, desde el Ministerio de Empleo se empeñan en que la salida de la crisis viene condicionada por la creación de puestos de trabajo y, por lo mismo, se han puesto a aparentar que hacen algo tan inútil como colocar un limpiaparabrisas en un submarino. Pero vamos a dejarlo ahí y vamos a reflexionar sobre el desempleo pues, desde las primeras edades del capitalismo, el trabajo ha sido despojado de derechos, completando así una mercancía tan escasa como necesaria; el juego sucio de un Capital que tiene las manos cubiertas de trampas y cuyos dedos gordos han hecho del trabajo una condición principal para jerarquizar la sociedad en clases.

De esta manera, a partir del trabajo se han venido construyendo tres dimensiones sociales, teniendo, en primer lugar, a los que trabajan y que no disfrutan del producto de su trabajo. Como ejemplo está el albañil, obrero de la construcción o paleta, que no puede disfrutar de la vivienda que él mismo levanta. Para este sector clave, el trabajo es una actividad carente de libertad cuyo resultado es reforzar la propiedad privada. Por eso, cuando desde la derecha hablan de trabajo, no están sino hablando de beneficio para el Capital.   

Luego tenemos a los desempleados, que viven tiempo de pobreza porque el paro, en una sociedad capitalista, nunca es tiempo libre. Además, el desempleado es el que más trabaja pues no hay trabajo más duro y peor pagado que el de buscar trabajo. Ya, por último, pasamos a  la  dimensión de arriba del todo, la dimensión de los privilegiados, que son aquellos que viven del trabajo de los demás y acumulan un crédito que pagan bolsillos ajenos. ¡Esa casta!

En la citada dimensión encontramos a los miembros de PP y sus allegados, entre los que se encuentra Fátima Báñez, responsable del Ministerio de Empleo y Seguridad Social; una mujer cuyo único trabajo desempeñado hasta la fecha ha sido el de acumular pisos, fincas, solares y argumentos tan simplones como anémicos. Pues eso.

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