La conquista de la Luna, la paz frente a la guerra
Oigo voces, música y cantos de cumpleaños feliz provenientes de una casa colindante con la mía. A miles de kilómetros en Ucrania, en Libano, en Gaza, en Teherán, en Isfahan, la gente no está para celebraciones. Mujeres y hombres, niñas y niños, están en pánico, pensando si seguirán vivos mañana. En 2019 visité Irán y allí escribí un poema incluido en mi poemario “Efusión de las almas”: “He visto la belleza en Isfahan/ en la plaza del imán la he visto/ en las diferentes tiendas del bazar/ en las miradas de azabache/ de algunas mujeres iraníes,/ que al cruzarse con la mía/ me mostraron la belleza/ sin nombrarla”.
Tal como anunciaba AEMET, está lloviendo en Sevilla cuando esto escribo. La Agencia Estatal de Meteorología también predijo la dana de Valencia, pero algunos miserables les acusaron injustamente de negligencia, ante el desastre del 29 de octubre de 2024 que provocó 237 víctimas mortales, muchas de las cuales se pudieron haber salvado si no hubiera estado al frente de la Generalitat el incompetente e irresponsable Carlos Mazón que, tras lo que sabemos sobre el vodevil del Ventorro, sigue tan tranquilo como diputado de las Cortes Valencianas, protegido por su partido y por el presidente Núñez Feijóo, quien le arropó cuando toda España estaba viendo lo que él y la cúpula del PP no veían. Acudo a Confucio: “Cuando el sabio señala la Luna, el necio mira el dedo”.
En 1986, los humanos tuvimos la oportunidad de presenciar el paso del cometa Halley (1P/ Halley) que orbita el sol cada 75-76 años. En julio de 2061 se hará visible de nuevo a quienes entonces habiten la Tierra, el único planeta del sistema solar en el que hay vida, que sepamos. Pero veinte años antes, el 20 de julio de 1969, los que peinamos canas asistimos a un acontecimiento histórico para el desarrollo de la humanidad: la misión Apolo 11 de la NASA. La llegada del hombre a la Luna. La Luna tarda aproximadamente 27,3 días en dar una vuelta a la Tierra, en trayectoria elíptica, impulsada por la gravedad, de oeste a este, en sentido antihorario, y a una distancia media de 384.402 km.
Neil Armstrong fue el primer humano que pisó la superficie de la Luna en el mar de la tranquilidad, seguido por Buzz Aldrin, mientras Michael Collins seguía en el módulo “Eagle” de mando, orbitando la Luna. El cohete Saturno V despegó el 16 de julio desde Cabo Kennedy. Armstrong y Aldrin estuvieron más de dos horas sobre la Luna, explorando, plantaron la bandera americana, tomaron fotos y recogieron muestras. Armstrong dejó una frase para la historia: “Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”. El 24 de julio la capsula que les transportaba atravesó la atmósfera terrestre y amerizó en el Océano Pacífico. La misión duró 8 días, y algo más de 3 h. Aquel hecho extraordinario para la humanidad fue impulsado por el presidente demócrata John Kennedy, que como saben fue asesinado en Dallas el 22 de noviembre de 1963. EEUU perdió a un gran hombre y a un gran presidente.
57 años después de que el hombre pisara la Luna hemos asistido a otra gesta, la protagonizada por los cuatro astronautas de “Artemis 2” que han orbitado alrededor de nuestro satélite para descubrirnos la cara oculta. La nave Orion amerizó en el Pacífico con sus cuatro tripulantes, el comandante Reid Wiseman, Christina Koch, el canadiense Jeremy Hansen y el afroamericano, Victor Glover. La misión “Artemis 2” ha recorrido 1.117.659 kms en 9 días y ha costado 4.100 millones de dólares. El astronauta Jeremy Hansen declaró: “Somos afortunados de vivir en la Tierra y nuestro propósito en ella ha de ser, el gozo en ayudarnos los unos a los otros y encontrar soluciones juntos, en lugar de destruirnos”. ¡Qué frase tan hermosa!
Trump, el loco de la Casa Blanca, ha querido adjudicarse el éxito de la NASA mientras recorta los presupuestos para la Ciencia y para la investigación espacial. Elon Musk (Space X) y Jeff Bezos (Blue Origin), esos multimillonarios sin escrúpulos que apoyaron a Trump en las elecciones, se disputan ahora los futuros contratos de la NASA que ha perdido uno de cada cinco trabajadores, desde la llegada de Trump al poder. El éxito de “Artemis 2” es una buena y esperanzadora noticia para EEUU y para la humanidad, pero con Trump en la Casa Blanca, EEUU está perdiendo el liderazgo occidental que tenía debido a las extravagancias y locuras de su presidente que amenaza a sus socios europeos en la OTAN, y al mundo, con sus absurdas pretensiones de anexionarse países y territorios como Groenlandia, Venezuela, Cuba y ahora Irán.
El genocida y asesino judío Netanyahu, en su afán expansionista del Gran Israel, está arrastrando al abismo de la historia a Trump con las guerras en Gaza, Libano e Irán. Estos líderes impresentables deberían aplicar sus esfuerzos en trabajar por la paz y el desarrollo de la ciencia y de la humanidad, pero se ve que sus meninges no dan más que para las hazañas bélicas, y sembrar el odio y la muerte de centenares de miles de personas y la destrucción de países y territorios, en contra de la paz y los derechos humanos que establece Naciones Unidas.
Netanyahu, Trump, Putin y otros dictadores deberán ser juzgados por un Tribunal Internacional por crímenes de lesa Humanidad. Cada día se destinan más de 4.000 millones de dólares para armas y gastos militares. Más o menos lo que ha costado la misión “Artemis 2”. Para eliminar el hambre en el mundo “Hambre cero para 2030”, la FAO estima que se necesitarían 265.000 millones de dólares al año. ¿Por qué no se cambian los objetivos y se invierten más recursos para eliminar el hambre en el mundo, y menos para la guerra y la destrucción de la vida en el planeta?
Eckhart Tolle, en “El poder del ahora” cita a Carl Jung que, en uno de sus libros, relata una charla con un jefe nativo americano, y éste le dijo: “La mayoría de los blancos tienen el rostro tenso, los ojos fijos y ademanes crueles, siempre están inquietos y agitados. Siempre están buscando algo, no sabemos qué, pensamos que están locos”. Eso deben de pensar los ucranios, los gazatíes, los libaneses, los iraníes, y otros pueblos, sobre los tiranos que les bombardean, algunos surgidos al amparo de sistemas democráticos, lo cual demuestra que la democracia es imperfecta, siendo el mejor de los sistemas de gobierno posibles.