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La iguala de Trump y alguna miaja

16 de marzo de 2026 00:30 h

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Enseñaba Pierre Bourdieu que una de las propiedades de las encuestas consiste en deslizar respuestas a problemas no planteados; por tanto, imponer respuestas. Lo que venía a señalar, sin embargo, era el imperio de las preguntas como elementos de persuasión colectiva.

En cierto periodismo pasa algo semejante. Trump no tiene respuestas coherentes para su guerra e ignora las pocas preguntas de este tenor pero si le preguntas mil veces, más si es por un mismo periodista, por las mismas cosas, te responderá con deleite lo mismo; y si no obtienes la respuesta adecuada porque ese día está disperso, pues no lo anotas en la libreta de campo ni sale en un urgente para la mesa de redacción matriz. Viene luego la editorialización de las respuestas. Un clásico. No tiene mucho más recorrido.

Las respuestas de Trump son la expresión de un matón y a la vez ignorante, no rebatidas por quien debería tener la profesionalidad de hacerlo

Trump ya ha dicho en varias ocasiones que España es mala, su gobierno, pero sus gentes, no. También dice que es terrible y perdedora y no colabora ni en la guerra de Irán ni con la OTAN y que, por eso, va a tomar medidas comerciales de retorsión, habla incluso de embargo y alguna que otra bravata más. Así ha aparecido resaltado en portadas y debatido y masajeado en programas de variedades.

Las respuestas de Trump son la expresión de un matón y a la vez ignorante, no rebatidas por quien debería tener la profesionalidad de hacerlo. Francis Fukuyama ha advertido estas fechas que uno de los problemas mundiales es que en la Casa Blanca hay un niño de diez años que se ha encontrado un lanzallamas en el patio con el que disfruta él y su familia- también ciertos periodistas- con sus gracias. Jardiel Poncela fue incluso más sarcástico en su tiempo.

Ya viene irritado desde que se le dijo no a su cinco por ciento para la OTAN que ahora, con la indefensión de la UE, mangonea sin pudor. Incluso amenazó con llevarse la pelota. Resulta entrañable que estos días Antonio Costa, presidente del Consejo Europeo, se lamente del levantamiento del embargo petrolero a Rusia y el daño a la UE. ¿Qué esperaba? ¿Habrá alguien que vaya a pie de escalerilla golfista a preguntarle al jefe?

En realidad lo que antaño planteaba y sigue planteando Trump es como una iguala a sus socios europeos para imponer dependencias y sometimiento a su industria militar que vibra y saca la especial con cada guerra para engordar sus benéficos; así, Trump logra mantener sus apoyos y se apunta al rasca de la suerte para él y sus familiares. Recuerda mucho a Lola Flores, aunque lejos de su personalidad y arte, cuando pidió a los españoles una peseta por cabeza para solventar sus problemas.

Tampoco le hará notar el periodismo cipayo al niño de Washington que España tiene un Tratado de Cooperación y Amistad con EEUU y que, en uso de la soberanía española sobre las bases militares, permite decir quién, cómo y en qué circunstancias se pueden usar las bases

El Estado Mayor de la Defensa emitió un despacho recién en el que resaltaba el compromiso de España con la presencia de 4.500 militares españoles en misiones de la OTAN, ONU y UE, pero no se preocupen que un cierto periodismo cipayo no se lo hará notar, como tampoco que España es miembro de la UE y forma parte de la política comercial común y así aplica un arancel aduanero común, es decir, que cedió su soberanía en estas cosas y lo que crea corresponder a su represalia será contra la UE y no solo contra España.

Tampoco le hará notar el periodismo cipayo al niño de Washington que España tiene un Tratado de Cooperación y Amistad con EEUU y que, en uso de la soberanía española sobre las bases militares, permite decir quién, cómo y en qué circunstancias se pueden usar las bases que Trump seguramente no podrá situar en el mapa.

La teatralidad del poder tiene aliados indeseables en la amplificación de sus apariencias por parte de un cierto periodismo. Los ecos de sus fanfarronerías, sus alianzas mágicas, sus evocaciones religiosas, su pompa y exhibición del lujo y la ostentación de riquezas, la humillación de sus vasallos, en definitiva, sus vestiduras, no deja de ser sumisión y ceguera democrática. Pronto y ya, nos daremos cuenta de que el rey va desnudo, por mucho que desluzca una corbata a lo Luis Aguilé y vista un traje de Pedro Roldán.