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Moreno no está contento

Javier Aroca

Sevilla —
5 de julio de 2026 21:42 h

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Moreno Bonilla no está contento, casi dice que está arrepentido de haber pactado con Vox. En su lamento incluso ha dejado correr una lagrimita, esa que tiene reciclable que lo mismo vale para los cribados de mama, Adamuz, Grazalema o Doñana. Pero ya no parece creíble, sus socios de gobierno quizá lo hagan llorar de verdad más adelante, de momento, ya ríen de alegría.

Sus mayores de Madrid le van a echar una mano por su servil comportamiento; de inmediato, Miguel Tellado, el dicharachero portavoz popular —pronto lo seguirá el sobresaliente estival, Elias Bendodo—, ya ha calificado a la extrema derecha como de centro derecha, porque Omo lava más blanco, una apelación tan falsa como fraternal. En realidad, Tellado llama centroderecha a Vox mientras encuentra una clasificación para ellos mismos. Quizá inclasificables e incalificables.

Moreno no está contento aunque sus propios aliados mediáticos ya lo mecen de costero a costero, como han venido haciendo esta legislatura vistiéndolo de moderado. Las palabras pueden contener un significado secreto, una suerte de cábala; una de las acepciones de contento en el diccionario de la RAE es contenido, que se conduce con moderación moderada. Y claro, las palabras también condenan, quizá no haya sido baladí la lagrimita de Moreno. Al decir que no estaba contento querría decir que ya no es contenido, moderado, que ya no puede interpretar más ese papel.

Desde luego que va a seguir pretendiendo que lo es pero, según lo firmado, Moreno no será ya el tercer Moderatus de la historia de Andalucía, junto con Moderatus de Gades y el otro genial Moderatus, también gaditano, Columela. Sino más bien lo contrario.

No es necesario recordar que su gobierno en la legislatura que terminó solo fue moderada en el imaginario regado de ciertos medios de comunicación que acabaron calando. Era su misión pero ahora mucho tendrán que ser regados para que cale su imagen de moderado, gobernando con la extrema derecha más extrema de Europa, la andaluza, mucho más que las otras presentes en las demás comunidades autónomas del Estado en donde PP y Vox ya gobiernan de la mano.

Los lamentos de Moreno no pueden ocultar lo firmado con Vox. Y no admite lecturas. Lo que pretende hacer Moreno y su vicepresidente es reproducir en Andalucía el programa de la extrema derecha más radical, la 2.O inaugurada por Víktor Orbán en Hungría, felizmente derrotado recién en las urnas tras una experiencia desoladora.

Si se repasa todo a lo que Moreno se ha comprometido, la democracia iliberal, el catecismo de la extrema derecha más radical de Europa está ya entre nosotros. A su programa político de máximos ultraliberal, desregulador, privatizador, Moreno añade el sueño húmedo, compartido como hermanos, según Tellado, en materia de medio ambiente, inmigración, dominación de mujer, negación de derechos humanos, anti LGTBI, por no olvidar la cruzada cultural contra el progreso, el antieuropeísmo y el nativismo patriótico de hojalata. En realidad, un Víktor Orbán con tauromaquia.

No sabemos si Moreno reciclará su lágrima para el Día de Andalucía, el Día de la Bandera, el aniversario de Blas Infante. A ver las caritas y las caras que pondrán en los circuitos turísticos mundiales cuando sepan que la máxima autoridad de la industria turística de Andalucía, y su elevada participación en su PIB, es un miembro de la extrema derecha de lo que queda de la húngara.