El Ozempic es uno de los fármacos, junto a otros como Wegoby o Monjauro, que tienen dos compuestos, la semaglutida o la tirzepatida, que interactúan con el receptor GLP-1 y que, inicialmente, la industria farmacéutica desarrolló para tratar la diabetes tipo 2 y, más adelante, la obesidad.
He empezado contándote esto porque es muy importante que sepas que todos los estudios que se han hecho con esos fármacos han sido en personas con diabetes tipo 2 u obesidad. ¿Y qué es lo que pasa? Pues que estas dos enfermedades llevan asociadas una serie de marcadores que son comunes con los del envejecimiento. Los problemas con el metabolismo glucémico y lipídico, que agrupa los procesos mediante los que el organismo humano sintetiza, degrada y transporta los lípidos —las grasas— y la glucosa, son uno de estos marcadores. También los problemas de aumento del estado inflamatorio están asociados tanto a la obesidad y la diabetes tipo 2 como al envejecimiento.
Es evidente que al actuar contra esas dos patologías para las que fueron creados, estos fármacos van a disminuir a la vez los marcadores que, según te comentaba, son comunes con el envejecimiento. Pero defender que sean realmente fórmulas antienvejecimiento es algo que, a día de hoy, no se ha demostrado. Lo que se ha probado hasta ahora es que la mayoría de las comorbilidades, es decir enfermedades asociadas, del envejecimiento, entre ellas, pero no solo, la diabetes tipo 2 y la obesidad, mejoran con este tipo de fármacos.
Cuando ves la bibliografía sobre lo que se ha estudiado de sus efectos, observas resultados positivos a muchos niveles tanto en enfermedades en intestino, en corazón, en vasos sanguíneos, en cerebro, en riñón, en hígado e, incluso, se ha visto una menor mortalidad por cualquier causa. Pero también, como te decía al principio, eso se ha visto solo en estudios hechos en población obesa y/o con diabetes de tipo 2.
Esos resultados positivos incluyen disminución de glucosa en sangre y, en algunos casos, también de los niveles de lípidos, incluido el colesterol; disminución de la inflamación; mejora en el sueño e incluso en la capacidad respiratoria. Pero hablamos de estudios hechos en personas enfermas que han perdido muchos kilos, por lo que todos esos efectos son los esperables cuando se produce ese adelgazamiento. Pero no se han hecho estudios en población sana de momento.
En esa población enferma que se ha estudiado, el beneficio de tomar estos fármacos es tan grande que compensa la posibilidad de sufrir sus efectos secundarios. Los más descritos han sido los problemas gástricos, el mareo, la deshidratación y la pérdida de masa muscular. Pero recuerda que siempre estamos hablando de población con patologías y en ciencia no podemos extrapolar esos buenos resultados a la población sana.
Podemos pensar que hay indicios de que efectivamente estos fármacos pueden reducir patologías asociadas al envejecimiento. Pero no está demostrado. La única evidencia científica con la que contamos es en personas que tienen unas patologías claras demostradas, como es la diabetes de tipo 2 y la obesidad.
En mi opinión, lo positivo es reducir la ingesta calórica, aumentar el consumo de frutas y verduras, disminuir el consumo de alcohol, eliminar el tabaco y ser activo o activa. Los efectos de este cambio de hábitos sobre la salud y, por lo tanto, sobre el envejecimiento, sí están descritos y probados.
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Sonia de Pascual-Teresa es Investigadora Científica en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos y Nutrición (ICTAN) del CSIC, una de sus líneas de investigación es la intervención dietética en el envejecimiento.
Coordinación y redacción: Victoria Toro.
Pregunta enviada por Juan Mansfield.
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