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ENTREVISTA
Miquel Ramis

El hombre que quiere plantar un millón de árboles “por menos del precio de una desaladora” para salvar el agua de su isla

Miquel Ramis, en s’Aujb de Santa Eugènia (Mallorca)

Alberto Fraile

Mallorca —
18 de agosto de 2026 22:03 h

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A los 16 años, Miquel Ramis (Marratxí, 1960) convenció a su padre para levantar un gallinero con arcos que acabó visitando todo el pueblo. A los 22 construyó su propia casa en Marratxinet, tallando cada piedra a pico, y en ella sigue viviendo. Después vinieron veinte años en el turismo —llegó a dirigir el departamento de marketing de una gran cadena hotelera— hasta que a los 37 se preguntó si quería seguir allí a los 50. La respuesta fue volver a trabajar la piedra como cantero y escultor: intervino en la Catedral de Palma, el Palacio de la Almudaina, la estatua de Julio César de las Ramblas, entre otros trabajos. De ahí nació Artifex Balear, el proyecto con el que lleva más de dos décadas documentando los oficios y saberes tradicionales de las islas.

Esa evolución desemboca ahora en Agricultura Regenerativa para Climas Mediterráneos, un libro de consulta al que ha dedicado siete años. Su tesis es que agua, suelo, agricultura y arquitectura forman un único sistema, y que las soluciones para el clima que viene están, en buena parte, escritas en piedra en el propio paisaje. elDiario.es se cita con él en Santa Eugènia, en plena “Mallorca seca”. “Aquí tenemos el clima que tendrá el resto de la isla dentro de cinco o diez años. Y pinta muy mal”, augura.

Ahora que España arde una vez más, ¿qué nos dice eso del abandono del bosque?

Que hemos sido siempre cortoplacistas. No hemos entendido que las reforestaciones se tenían que hacer con especies autóctonas, de madera dura, de crecimiento lento, capaces de resistir no uno, sino varios incendios. Y hemos repoblado con pinos y eucaliptos, cuando el pino a veces muere solo por el calor, aunque el fuego no le llegue directamente. Hemos sido sordos, ciegos y mudos a la desertización de nuestro paisaje. La espesura y la biodiversidad han desaparecido y eso tenía que haber sido un signo de alarma. En casa desaparecieron primero los pájaros insectívoros y las mariposas; luego las tortugas, erizos y murciélagos; ahora los gorriones.

Hemos sido sordos, ciegos y mudos a la desertización de nuestro paisaje. La espesura y la biodiversidad han desaparecido, y eso tenía que haber sido un signo de alarma

¿Qué diagnóstico hace de Mallorca ante el cambio climático y la sequía?

Miquel Ramis y Terra bajo un platanero

Tenemos dos Mallorcas: la Mallorca seca y la Mallorca húmeda, principalmente en la Tramuntana. Yo estoy en la seca, así que tengo el clima que tendrá el resto de la isla dentro de cinco o diez años. Y pinta muy mal. Noto que hay especies que ya están sacando la bandera blanca: al almendro no le veo futuro. Tendríamos que empezar a sustituir árboles que han vivido con 450 ó 500 milímetros de lluvia al año por árboles capaces de vivir con 250. Y no lo estamos haciendo.

Al almendro no le veo futuro. Tendríamos que empezar a sustituir árboles que han vivido con 450 ó 500 milímetros de lluvia al año por árboles capaces de vivir con 250. Y no lo estamos haciendo

Cuando plantea introducir especies de fuera, ¿los académicos no se llevan las manos a la cabeza?

Se les ponen los pelos de punta. Pero olivos, almendros, algarrobos, higueras y granados también vinieron de fuera, igual que el tomate de ramellet o las cañas de la Albufera. Autóctonos son el acebuche, la encina, el romero y poca cosa más. La vida es mutación y ahora toca llamar a árboles resistentes como el mezquite del desierto de Sonora y a plantas de zonas semiáridas de Rajastán, el norte de África, los desiertos americanos.

Después de veinte años investigando la arquitectura tradicional, ¿por qué este libro y por qué ahora?

Cuando empecé a trabajar con la arquitectura rural —las possessions mallorquinas, similares a las masías catalanas—, me di cuenta de que la mitad de la superficie habitada corresponde al tema agrario: todo gira alrededor del paisaje y la agricultura. Y de que, aparte de la tragedia que tenemos en la construcción, donde desaparecen los maestros sin dejar relevo, pasa exactamente lo mismo en el campo: la media de edad del campesino ya pasa la jubilación y ninguno recomienda a sus hijos continuar. Necesitamos darle un giro radical a esta tendencia.

Miquel Ramis: "Noto que hay especies que ya están sacando la bandera blanca: al almendro no le veo futuro"

Hasta hace poco se hablaba de agricultura ecológica y ahora empieza a sonar la regenerativa. ¿Qué diferencia de paradigma hay?

La agricultura ecológica fue el primer paso: sustituir los fertilizantes químicos, que venían del petróleo, por insumos más amables con el suelo. Pero sigues preso del paradigma antiguo: maltratando la tierra con maquinaria, perdiendo suelo fértil cada año. Y si sustituyes el fertilizante convencional por uno ecológico que viene de Alemania, atravesando toda Europa en camión, con una huella de carbono impresionante, sigues anclado en el paradigma obsoleto, solo pones un collar verde al mismo perro.

Si sustituyes el fertilizante convencional por uno ecológico que viene de Alemania, atravesando toda Europa en camión, con una huella de carbono impresionante, sigues anclado en el paradigma obsoleto, solo pones un collar verde al mismo perro

El paso lógico es la agricultura regenerativa: entender que la granja es un ecosistema y tratarla como tal, pensando en el ciclo del agua y del carbono. Solo una vez traes maquinaria pesada y modificas el paisaje para que el agua vaya donde tú quieres, sin que se pierda con la escorrentía, y luego planificas la siembra eligiendo las especies que consuman menos agua.

Pongo un ejemplo. En el libro incluyo una tabla que muestra cuánto consume un aguacatero —unos 15.000 litros— y cuánto un olivo: unos 950. Con el agua que necesita un aguacatero puedes sembrar quince olivos y medio. Hay gente que, como no sabe esto, planta aguacates. Deberíamos sembrar uno o dos para autoconsumo y centrarnos en especies adaptadas a este clima y a la creciente escasez de agua.

Deme tres prioridades para aumentar la resiliencia de un territorio mediterráneo.

Primero, una planificación seria del agua. Si fuimos capaces hace décadas de hacer embalses como el Gorg Blau y el Cúber, ¿por qué no tenemos hoy 50 Gorg Blaus y 50 Cúbers? No lo entiendo porque fue un éxito rotundo. Podríamos tener toda la Serra de Tramuntana llena de lagos y eso ya nos solucionaría la mitad del problema hídrico de la isla. No hubo visión, pero podríamos empezar mañana.

El huerto de Miquel Ramis. En diseño de bosque comestible en el que nada es casual, desde los cipreses que protegen de la tramuntana hasta la disposición de frambuesas, zarzamoras, agaves y aloe vera. Junto a él, Terra, su perra

¿Y los acuíferos?

No podemos seguir extrayendo agua. La solución de los ayuntamientos ante la escasez, profundizar los pozos, es la reacción del avestruz enterrando la cabeza: posponer lo inevitable es humano, pero profundamente erróneo. Tenemos que verlo como un balance contable: tanta agua cae del cielo, tanta gastamos, y a partir de ahí rediseñar, aunque va a ser duro y traumático para mucha gente. Pero si la gente sigue sembrando aguacateros, es normal que no haya agua para todos. Y tampoco es justo que quien sembró quince olivos tenga las mismas restricciones que quien plantó sin pensar en el agua.

Tenemos que ver el agua como un balance contable: tanta cae del cielo, tanta gastamos, y a partir de ahí rediseñar, aunque va a ser duro y traumático para mucha gente. Pero si la gente sigue sembrando aguacateros, es normal que no haya agua para todos

Pese a lo que dice, la solución sobre la mesa son las grandes desaladoras.

La desalación es, una vez más, una visión miope. Es una tecnología propietaria: hay una sola empresa que sabe manejarla y que puede adelantar el dinero mientras cobra. Es muy poco eficiente, consume una cantidad de energía brutal. Y la sal se tira otra vez al mar, encima de la posidonia, que es sumamente sensible a la alteración del porcentaje de sal.

La desalación es una visión miope. Hay una sola empresa que sabe manejar la tecnología. Es muy poco eficiente, consume una cantidad de energía brutal. Y la sal se tira otra vez al mar, encima de la posidonia, que es sumamente sensible a la alteración del porcentaje de sal

Y luego están los números. Una desaladora cuesta entre 30 y 60 millones de euros; hay proyectos municipales de 135 millones. Solo el mantenimiento de la de Palma cuesta 4,8 millones al año y las membranas y bombas se llevan otros dos o tres millones cada década. Con ese dinero se podrían hacer muchas cosas. Nosotros proponemos sembrar un millón de árboles: recuperas el ciclo del agua, generas sombra, bajas la temperatura del suelo, creas empleo rural y produces alimento aquí. Costaría menos que la desaladora y el mantenimiento se paga solo con lo que se produce.

Lo más evidente es lo que nadie ve: el agua se tiene que filtrar en el terreno para recargar los acuíferos. Imagínese cuatro personas sosteniendo una sábana de cinco metros por cinco; en medio tiramos una piedra y queda una pirámide invertida. Donde va la piedra sembramos el árbol y el agua de los veinticinco metros cuadrados va a parar a él. Si ayer llovieron diez litros por metro cuadrado, un árbol joven normal recibe menos de 10 litros; este recibe veinticinco veces más. Este árbol recibirá 250 litros. Hacemos el milagro de los panes y los peces: árboles que prácticamente no necesitan riego. Y al evitar que el agua salga de la finca evitas la otra gran tragedia, la erosión, que se lleva la tierra más fina y más llena de nutrientes. Si las arcillas se lavan constantemente, acabamos con pedregales. Que es lo que tenemos.

Alumno de Artifex trabajando en la replica de la escultura de Claudio
Restauración de una estatua vandalizada de Tomás Vila en la Plaza de la Reina (Palma

Vivimos la era de la inteligencia artificial y usted insiste en la tecnología de bajo impacto. ¿Por qué?

Porque como el 1% se está quedando cada vez con más de lo que antes se repartía entre el 99%, cada día habrá más gente que no pueda permitirse las soluciones de alta tecnología. Hoy mismo escuchaba a un tipo muy profesional presentando una pintura blanca nueva creada por científicos japoneses: la aplicas en la cubierta y refleja el 30% del calor, te baja la temperatura veinte grados. Magnífico. Pero el bote de 30 litros cuesta 600 euros. Nosotros en el Mediterráneo tenemos la cal, que también es blanca: pintas el tejado y te baja diez o doce grados, y todo el mundo puede comprarla. Lo triste es que solo se promociona la solución propietaria porque alguien gana dinero con ella. Menorca pinta sus tejas de blanco, Ibiza sus terrazas. Lo tenemos en las islas de al lado y necesitamos que nos venga la solución desde Japón.

Hoy mismo escuchaba a un tipo muy profesional presentando una pintura blanca nueva creada por científicos japoneses: la aplicas en la cubierta y refleja el 30% del calor, te baja la temperatura veinte grados. Magnífico. Pero el bote de 30 litros cuesta 600 euros

Lo de la tecnología apropiada significa fijar el límite tecnológico en el herrero del pueblo: cualquier cosa que él no pueda reparar, hay que intentar evitarla. No podemos depender de un técnico que venga de Milán a reparar la maquinita y cobre 3.000 euros entre reparación, viaje y hotel. Reservemos la alta tecnología para una operación a corazón abierto o una subestación eléctrica.

¿Por qué cuesta tanto que la sociedad reaccione a tiempo, aunque haya quien lleve años avisando?

Aquí el mensajero está estigmatizado porque reconocer que tenía razón implica que los demás no lo vieron venir. Entonces, mejor que no haya mensajeros. Nos falta esa generosidad de decir: “Tú tenías razón, incluso me caes mal, pero ahora te voy a escuchar”. Porque o nos salvamos entre todos y con todos, o no salimos de esta.

Aquí el mensajero está estigmatizado, porque reconocer que tenía razón implica que los demás no lo vieron venir. Nos falta esa generosidad de decir: tú tenías razón, incluso me caes mal, pero ahora te voy a escuchar

Miquel Ramis, durante la grabación del documental 'Sobrevivir al descalabro'

Cada vez que un alcalde hace una intervención urbanística, quita árboles y no repone. ¿No saben, no pueden o no quieren?

Lo paradójico es que, simultáneamente, están recibiendo subvenciones para hacer refugios climáticos. Falta entender que esa lluvia de subvenciones habría que aprovecharla con mirada a largo plazo. Los políticos hacen lo que pueden, pero están prisioneros de un sistema con apenas margen: prometen mucho y, al llegar al cargo, descubren que su capacidad de maniobra es muy limitada.

Tenemos un problema muy penoso que no es técnico, ni humano, ni de presupuesto: es de formato. Los que proponemos alternativas no hablamos el lenguaje burocrático que exige la administración para acceder a financiación. Mientras tanto, se devuelven fondos a Europa por falta de proyectos. Y, mientras, todos, políticos y ciudadanos, sigamos haciendo lo de siempre, no vamos a cambiar nada. Mi mejor deseo para la gente es siempre el mismo: que lo urgente no te impida ver lo importante.

Si pudiera hacer realidad un único proyecto, ¿cómo sería y qué haría falta para ponerlo en marcha?

Necesitamos proyectos demostrativos, lo que la Unión Europea llama proof of concept: un lugar donde políticos, empresarios, periodistas y ciudadanos vean alternativas viables. La gente necesita ver, tocar y oler: es entonces cuando dice “ahora lo entiendo, esto es lo que quiero”, y da el paso de espectador a actor.

Queremos crear un proyecto regenerativo ejemplar, con una hoja de ruta a diez años, una visión clara y una misión definida. Necesitamos un modelo replicable, con presupuestos contenidos, que cualquier municipio pueda adaptar a su realidad: si solo actuamos en escenarios ideales, tendremos proyectos admirables, pero inútiles como referencia.

A partir del tercer año ya tendríamos un bosque: la prueba tangible de que las soluciones funcionan y el lugar desde el que invitar a otros y demostrar que regenerar el territorio no es una teoría, sino algo al alcance de cualquiera.

El riesgo es muy pequeño. Llevamos años desarrollando el modelo regenerativo y sabemos exactamente qué hay que hacer. El problema no es técnico, sino tener el lugar donde demostrarlo. Como los toreros, podemos conocer el oficio, pero sin una plaza, un toro y un capote no podremos demostrarlo.

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