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OPINIÓN | 'Y el ganador es Marruecos', por Antón Losada

Operación Mulhacén

6 de septiembre de 2026 21:24 h

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Con ocasión de la comparecencia del presidente Pedro Sánchez pude comprobar cómo en los medios de comunicación anglosajones- que la siguieron con amplitud- se referían a lo acontecido en Ceuta como crisis migratoria. Si nos atenemos al fondo y a las formas de las solidaridades expresadas habría que convenir que late lo mismo.

En realidad, lo que más ocupa a la derecha ultraderechista de diverso cuño es la inmigración, porque cala, es la idea fuerza, compartida por sus homólogos ideológicos en Europa y Estados Unidos. Apenas hablan de soberanía —nadie la ha puesto en duda desde el Gobierno—, ni siquiera hay algo nuevo en la política marroquí en este plano, ni siquiera que haya tres ministros que hablan de marroquinidad cambia nada. Desde la independencia de Marruecos en 1956 y antes, durante el sultanato, nunca nuestros vecinos fronterizos del sur han cejado en su empeño.

Donald Trump y sus propios ya sabemos que aprietan con lo de la soberanía, están realmente escocidos con Pedro Sánchez, pero de pronto, el presidente norteamericano, con tareas electorales pendientes en noviembre, se limita a decir que España no sabe defender su frontera. Un cambio notable, en mi opinión, que tiene más que ver con su política migratoria en EEUU. Reconoce que España debe defender mejor su frontera.

Tal y como han enfocado este asunto tanto el PP y sus gobiernos regionales como el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, solo caben esperar perjuicios para la defensa y para la vitalidad de la ciudad autónoma. Ese patriotismo callejero, de plató, botellín y flotilla no hace sino empeorar la imagen hasta ahora reconfortante de Ceuta. Si los que creen ayudar a los ceutís piensan que sus problemas se van a arreglar con gritos de “Pedro Sánchez hijo de puta” y “musulmán el que no vote”, no solo se equivocan sino que desconocen dolosamente la realidad caballa (entre el 40 y el 45% de musulmanes, que pueden votar; el 30% en los Regulares de Ceuta y una cantidad sin determinar pero importante en las Fuerzas Armadas y la Guardia Civil).

En una cuestión con el nombre que le quieran dar, la solidaridad y la responsabilidad es lo primero pero resulta que la voracidad de las derechas españolas y sus prisas por el poder no han tenido inconveniente en poner en juego a sus mesnadas mediáticas, judiciales, políticas y policiales. Todo un despropósito.

El martes conoceremos lo que conocen y también lo que desconocen los servicios de inteligencia españoles. Hasta ahora parece que poco de lo primero y mucho de lo segundo, aunque resulta inquietante sospechar una conducta desleal con el Estado, no con el Gobierno, de cualquiera que tuviera una responsabilidad, por poca que fuera, en lo que afecta a la seguridad del Estado. Pedro Sánchez tiene amigos, no crean, y quizá pueda obtener una mejor información a través de otros medios e inteligencias. Por cierto, Abdelmayid Tebune, presidente de Argelia y ministro de Defensa, visitará España en octubre y será una visita de Estado que incluye a Felipe VI. Los marroquíes lo saben.

En Marruecos no es que estén mejor, se comenta entre divanes que a Mohamed se le ha ido todo de las manos; no es nuevo, lleva tiempo en sus saraos parisinos mientras sus miserias huyen en busca de una vida digna. Incluso en los mismos divanes y serrallos se afirma que una crisis con España no le conviene a Marruecos. Y aquí viene lo de Operación Mulhacén.

Me he permitido hispanizarla porque la gran montaña de los andaluces trae su nombre del penúltimo rey nazarí de Granada, Muley Hassán. Coincide con el nombre del actual heredero de la corona alauí, Muley Hassán. Adelanto que no creo en las premoniciones, ni en este caso ni en ninguno, quizá en las rimas de Mark Twain. Su tío, hermano de Mohamed y segundo en la línea sucesoria, también se llama Muley.

La operación contendría una trama truculenta de tipo sucesorio, con un Mohamed listo y un heredero de 23 años muy cuestionado en los pasillos del Majzén. En fin, atentos que quizá la prudencia de Pedro Sánchez se deba a que tiene más información de la que creemos y puede estar jugando una baza importante, una suerte de malmenorismo, con permiso de la bajura e imprudencia de la derecha patriótica española.