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Adonde la guitarra nos lleve: la Ruta de la Bajañí recorre los lugares más flamencos de Andalucía

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Aunque el flamenco ha normalizado el uso de todo tipo de instrumentos, incluidos los más exóticos, la reina del género ha sido, es y será la guitarra. Seis cuerdas para expresar toda la gama de emociones que los seres humanos pueden albergar, ajustadas y afinadas sobre un artefacto que el siglo pasado experimentó una evolución vertiginosa, con figuras que son ya iconos de un arte universal. A la guitarra dedica la Junta de Andalucía uno de sus itinerarios flamencos, en concreto la Ruta de la Bajañí, que traza entre las provincias de Cádiz y Sevilla una línea dorada para los amantes de la música, y que se puede encontrar esta semana en Fitur bajo el concepto de El Trato Andaluz.

El viaje comienza en Algeciras, la patria chica de un gigante llamado Francisco Sánchez Gomes, Paco de Lucía. Allí, en el número 7 de la calle San Francisco, en el humilde barrio de El Rinconcillo, nació el más influyente de los guitarristas flamencos de todos los tiempos, así como sus hermanos Ramón de Algeciras, también guitarrista, y Pepe de Lucía, sobresaliente cantaor. A Paco le encantaba nadar en la bahía y pasear por su villa natal, en cuya plaza del Ayuntamiento se levanta hoy una estatua dedicada a él, y el Conservatorio local lleva asimismo su nombre. Tampoco se ha olvidado de él la Sociedad de Cante Grande, llena de recuerdos.

La obra de Paco de Lucía está llena de referencias a Algeciras y su comarca, el Campo de Gibraltar. Almoraima, por ejemplo, el título de una bulería y a su vez de uno de sus discos esenciales, es también el nombre de un cortijo a las afueras de la localidad, que aún hoy puede visitarse.

La Isla del flamenco

Pero el mundo de Paco de Lucía no quedaría completo sin asomarnos al de su hermano siamés en el arte, José Monge Cruz, Camarón de la Isla. En la ciudad de San Fernando, muy próxima a la capital gaditana, se atesora su recuerdo en lugares como el callejón del Carmen, donde Camarón soñaba de niño con ser torero, la Venta de Vargas, donde se forjó como cantaor junto a figuras como Caracol, el Niño de la Calzá o María Picardo, y a cuya entrada vemos una estatua dedicada a él; o en el vecino Museo que lleva su nombre, donde los seguidores del artista podrán contemplar todo tipo de objetos personales y fetiches. También es visitable la fragua de su hermano Manuel, en cuyo patio se grabó el legendario episodio de la serie televisiva Rito y geografía del cante con la madre de Camarón cantando al compás de la guitarra de Paco Cepero. 

El paseo por la Isla de Camarón se completa con una parada en el “güichi” La Sacristía –así llaman los isleños a las tascas–, donde el genio se paraba para ver salir a su Nazareno cada viernes santo de Madrugá; y cómo no, el mausoleo en el camposanto local, lugar de peregrinación de miles de adoradores del genio, que lo veneran casi como un santo laico.

El encuentro con Paco de Lucía y Camarón, que alguien describió como la conjunción de Urano y Saturno, se produjo precisamente en la siguiente escala del viaje: la muy flamenca ciudad de Jerez de la Frontera, cuna de grandes artistas, de Lola Flores a Terremoto. Allí el arte jondo se respira por todos los rincones, como el Arco de Santiago, lugar de encuentro de aficionados cabales, la Taberna Flamenca, donde es habitual tropezarse con maestros como El Torta y los Mijita, o el Lagar del Tío Parrilla.

Un espectáculo como Manuel Morao y Gitanos de Jerez puede ilustrar muy bien una tradición que hunde sus raíces en los orígenes mismos del flamenco, aunque quienes quieran ampliar conocimientos tienen siempre a su disposición los fondos del Centro Andaluz de Flamenco, en el Palacio de Pemartín, y a la Cátedra de Flamencología, dos referencias ineludibles en el estudio de la guitarra por la gran riqueza documental que habita en sus archivos.

La Sanlúcar de los Muñoz

Muy conectada con Jerez, la localidad de Sanlúcar de Barrameda, asomada a la desembocadura del Guadalquivir y el Coto de Doñana, supone otra parada obligada para entender la importancia de la guitarra en el flamenco. Aquí nació Manuel Muñoz Alcón, Manolo Sanlúcar, así como su padre y primer maestro, y su hermano (ambos Isidros), una saga familiar capaz de fundar por sí misma toda una escuela de toque. Aquí vivió y murió, en su finca Caballo Negro, uno de los grandes maestros de la sonanta de todos los tiempos.

El paseo empieza en la vieja panadería que regentaba Isidro padre, sin dejar de asomarnos al Conservatorio local, en el que Manolo Sanlúcar siempre insistió en la necesidad de impartir la disciplina de la guitarra flamenca. Sanlúcar de Barrameda es también una ciudad de peñas flamencas, entre las que destaca Puerto Lucero, casi un museo de la herencia sonora de los Muñoz Alcón.   

El itinerario concluye en Morón de la Frontera, otro rincón al que aficionados a la guitarra de todo el mundo viajaban para beber de la fuente sabia de Diego del Gastor, otro histórico maestro. En la taberna Los Alemanes es posible contemplar muchas fotografías suyas, mientras uno se empapa de la atmósfera flamenca de un pueblo que ha seguido alumbrando grandes talentos de las seis cuerdas, como el exquisito Dani de Morón. Porque, cuando las raíces están bien hundidas en la tierra, cuando pesa en el equipaje el mejor legado de nuestros mayores, el viaje siempre continúa…