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Pobreza en Andalucía, ¿de quién es la responsabilidad?

La pobreza en Andalucía vuelve a aumentar con más de 3,2 millones de personas, 12 puntos por encima de la media nacional

Francisco Lupiáñez

Esta semana se ha dado a conocer el informe del estado de la Pobreza en Andalucía por parte de la Red Andaluza de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN Andalucía). En el mismo se ha puesto de manifiesto que el 38,2% de la población de Andalucía esta en riesgo de pobreza y/o exclusión social, siendo 12,1 superior a la media estatal, y siendo la segunda comunicad con una tasa mas alta, solo superada por Extremadura. En terrenos absolutos quiere decir que hay 3,2 millones de residentes en Andalucía que se encuentran en esta situación.

Cuando hablamos de Pobreza Infantil, nos encontramos con que el 31,8 de las personas menores de 18 años en Andalucía se encuentra en situación de pobreza o exclusión social. El abandono escolar temprano (personas entre 18 y 24 años que no han completado la ESO y no continuan con ningún tipo de formación o educación), se sitúa en 21,9% por encima de la media nacional situada en el 17,9, y la tasa de paro de personas entre 16 a 29 años se sitúan en el 37,81%.

Analizando todos los datos expuestos, y muchos más que podemos encontrar en el informe citado, nos deberíamos realizar algunas preguntas ¿Qué causan estos datos?¿Quienes son los responsables de los mismos?¿Cómo reducir estas alarmantes cifras?¿Quién es responsable de reducirlas?

La pobreza se transmite de generación en generación y hay que aplicar medidas eficaces para reducirla, y para frenar esta rueda es necesario aplicar medidas en al menos cuatro ámbitos que afecta a la persona: el ámbito familiar, el escolar, en el empleo y la comunidad. No podremos frenar este ciclo sin un diseño de una estrategia integral que incluya estos cuatro ámbitos.

Los responsables del diseño de estas estrategias, y de coordinarlas e impulsarlas, deben ser las administraciones publicas, que son elegidas por los ciudadanos de forma democrática, y de esta forma le podemos pedir responsabilidad en cada elección por cifras como las expuestas o por otras circunstancias. En muchas ocasiones, en demasiados municipios de nuestra territorio, nos encontramos con situaciones muy difíciles en donde no tenemos claro qué estrategia seguir, ni quién es responsable de coordinar las intervenciones que distintos agentes están desarrollando en los territorios. Estos elementos deben reducirse si queremos emprender acciones serias que reduzcan las cifras expuestas.

Otro elemento que debe primar en toda la estrategia que reduzca la pobreza, y que debería guiar la intervención de cualquier agente que realice una intervención, debe ser la ejecución de programas que se basen en evidencias científicas y que sean evaluados. Desde el sector publico y el tercer sector debemos apostar por la colaboración con las distintas universidades en la elaboración y supervisión de nuestra acción, y por supuesto, la evaluación.

A nadie se le ocurre tomar un medicamento sin que previamente haya sido probado y haya clara evidencias de que produce el efecto deseado. Esta misma exigencia debería trasladarse a cualquier intervención que se realice en el ámbito social: solo se deberían ejecutar practicas contrastadas y probadas. Existen programas de competencia familiar probados y contrastados a nivel mundial, programas que previenen el abandono escolar temprano, o programas de empleo basados en la evidencia. Sin embargo muchas de las personas que realizamos practicas sociales tendemos a pensar que nuestra intervención es la correcta, en muchas ocasiones la será, pero dada la gravedad de las cifras e incluso incremento de las mismas se debería apostar y premiar de forma rotunda la ejecución e implantación de programas basados en la evidencia, como los programas de competencia familiar, que abarca a un amplio abanico de familias y que es desarrollado en prácticamente todo el mundo bajo la supervisión, diseño, evaluación y seguimiento de universidades, y en el que antes de aplicarlo sabemos claramente cuáles son los resultados esperados del mismo.

Es necesario repensar nuestro modelo escolar de forma urgente y adaptarlo a las necesidades de nuestro entorno laboral. El abandono escolar temprano se sitúa en el 21,9%. Además, por un lado nos encontramos con un paro juvenil que se sitúa en el 37,81%, por otro, con empresas que no pueden cubrir puestos de trabajo por no encontrar trabajadores cualificados. Aquí nos encontramos con la eterna promesa de la reforma de la Formación Profesional, que todo en mundo dice que hay que hacer pero nunca se hace. Solo podremos reducir las tasas de abandono escolar temprano y de desempleo juvenil si adaptamos nuestro sistema educativo a la estructura y necesidades de nuestro sistema productivo y para ello necesitamos mas y mejores técnicos medios y superiores. En nuestra comunidad autónoma la oferta de FP es insuficiente y ademas no esta adaptada a las necesidades de nuestro sistema productivo.

Para reducir las tasas de pobreza es necesario que el mundo de la empresa se comprometa con su entorno. Solo con unas empresas con más responsabilidad social que sean conscientes que las acciones que realizan benefician a las personas, las primeras a sus empleados y empleadas, se puede superar estas tasas de pobreza. Se debe incentivar y reconocer las políticas de responsabilidad de las corporaciones que fomenten la igualdad de género en su seno y que ayuden a reducir la brecha salarial entre hombres y mujeres, que fomenten la estabilidad en el empleo y una retribución y condiciones laborales justas para sus trabajadores y trabajadoras, que respeten su entorno. Además desde el mundo de la empresa y el tercer sector se pueden tomar iniciativas que beneficien a todos los implicados en esta relación.

Pero quizás el elemento que más puede hacer por cambiar la pobreza sea la ciudadanía. En muchas ocasiones nos quejamos los ciudadanos y ciudadanas de circunstancias injustas, o nos alarmamos cuando leemos que casi el 40% de las personas que residen en Andalucía se encuentran en situación de pobreza, pero con pequeñas acciones podemos cambiar cosas: todos conocemos las aplicaciones que están explotando a las personas que trabajan con ellos, por ejemplo, pero no dejan de utilizarlas, al igual que sabemos que hay determinadas empresas que están muy comprometidas con la acción social pero preferimos usar otras de la competencia porque ofrece mejores precios, o preferimos comprar productos importados porque son mas baratos que los de producción local, y así podríamos enumerar mas ejemplos…

Las causas de la pobreza y la forma de abordarlas son complejas, pero esto no nos exime de la responsabilidad que todos tenemos de cambiar esta realidad desde nuestras propias esferas. Tenemos que tomar una actitud activa y trabajar para erradicarla.  En esta acción del cambio todos tenemos responsabilidad y parte de la acción del cambio: ciudadanos, empresas, entidades del tercer sector, universidades, gobiernos… Todos tenemos diferentes grados de responsabilidad para cambiar esta realidad ¡tenemos trabajo!

Francisco Lupiáñez García, director Inserta Andalucía

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19 de octubre de 2019 - 01:03 h

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