Juanjo Guarnido, ilustrador de 'Blacksad', el cómic superventas español: “La IA es un plagio y una catástrofe para el sector”
Juanjo Guarnido (Granada, 1967) pasea por la San Diego Comic Con como Pedro por su casa. Está acostumbrado a firmar. Ya acudió a la primera edición de Málaga, es un habitual de la de San Diego, y uno de los pocos ilustradores españoles que ha recibido el Premio Inkpot que otorga la Convención, junto a Paco Roca, Marcos Martín, Belén Ortega y Javier Fernández (los tres últimos vinculados a la industria norteamericana del cómic de superhéroes). “Es mi trofeo favorito: un bote de tinta con patitas como reconocimiento a una carrera y que supone que eres un poco hijo adoptivo del Comic Con”, cuenta con orgullo.
Suma también el premio a la mejor serie en el festival de Angoulême, el premio Eisner al mejor álbum internacional y el Premio Nacional del Cómic. Todos, por alumbrar junto a Juan Díaz Canales (guion) a John Blacksad, la particular encarnación de un detective clásico: un gato negro. Traducido a 30 idiomas, Blacksad ha vendido más de tres millones de copias de alguno de los siete álbumes publicados desde el lanzamiento de Un lugar entre las sombras, en el año 200 0. Es el cómic español más vendido de la historia, y sus lanzamientos en Francia miran cara a cara a los de Astérix.
Sobre una ciudad que traslada a las estampas de los bajos fondos y los clubes de jazz de Nueva York en los años 50, Guarnido lleva más de 25 años dando vida a un investigador que cumple todos los estándares del género (gabardina, cigarro), con la salvedad de las orejas de punta y los bigotes felinos. A su alrededor, perros, comadrejas, gorilas, toros y lagartos, según su rol social, todo ello en un luminoso y expresivo dibujo a acuarela.
“Blacksad surge de la mente de Juan Díaz Canales, su creador. Yo soy su creador gráfico, pero fue Juan quien inventó ese personaje”, cuenta Guarnido, formado en la Facultad de Bellas Artes de Granada. Ambos habían sido compañeros de trabajo, y Díaz Canales le pasó fotocopias de las páginas de un cómic que había propuesto al Víbora y a otras revistas. Era un gato negro, detective, protagonista de una mezcla de novela policíaca con algo de misterio. A Guarnido aquello le fascinó. “Tenía ganas de dibujarlo yo”, recuerda. Un par de años después, su compañero le pasó una historieta para bocetar, “por el placer de hacerla”, un primer Blacksad que no ha visto la luz.
“En ese momento me propuso intentar colocar un álbum en el mercado francés. Le dije que era una locura, demasiado ambicioso, pero conforme le estaba diciendo eso yo ya tenía detrás ahí el runrún”.
¿Tenían expectativas?
No sabíamos qué iba a ser de aquello, pero conforme fue avanzando el proyecto, yo tenía una cierta ambición de hacer algo bonito, en color directo con acuarela, intentar un dibujo espectacular, un dibujo realista con animales, que no se había hecho hasta entonces. No sé si habrá peli de serie B que pueda aparentar algunas escenas de hombres lobos, pero en el cómic los personajes zoomorfos son personajes de humor. Hacerlos realistas era una apuesta atrevida, pero yo estaba convencido. No de que fuera a tener éxito, sino de que funcionaría como producto. Conforme fue avanzando se convirtió en un proyecto de pura pasión por el personaje y por el álbum. Yo eché el resto. Y bueno, el público respondió. Podía no haber respondido, pero respondió a la primera.
¿Qué aporta que sean animales?
Nos permite jugar con los estereotipos. Como dice Juan, en un medio tan condensado como es el cómic, eso permite ganar mucho terreno y si lo usas con animales, además, puedes usar un montón de clichés que vienen de las fábulas, la cultura popular, el cine, los dibujos animados, los refranes… Todo eso es muy útil para contar una historia. El challenge era mezclar ese aspecto fabulístico, en la medida en que representa caracteres humanos con animales, con un género tan moderno como el policíaco. En ese sentido, es un experimento narrativo. Y lo mismo el experimento salió bien.
¿Quién imagina los personajes?
Juan siempre escoge los personajes en el guion. El casting está hecho ahí. Cada nuevo personaje lleva entre paréntesis el animal que es. No llega un 5% de los casos que cambiamos el animal previsto porque a mí me sugiere otra cosa o viene mejor en el guion o hay un aspecto que puede ser interesante cambiarlo a tal animal porque va a cumplir una función específica. Tenemos la buena costumbre heredada de nuestra experiencia en animación de someter tu trabajo a validación de otra persona. Entre nosotros no hay la jerarquía de la animación, que es una industria: tienes supervisor y en última instancia el director del proyecto tiene que validar tu trabajo. Nosotros nos lo damos el uno al otro para validar porque es nuestro, nuestro bebé y los dos tenemos paternidad asumida.
¿Cómo se refleja su experiencia en Disney en el dibujo de Blacksad?
Trabajar en cine de animación te aproxima a la narrativa de una manera bastante cinematográfica. El medio es diferente, pero hay ideas, nociones que puedes trasponer, con mayor o menor fortuna, a la narrativa en cómic. Eso puede dar productos interesantes.
Se fue de Disney en un momento en el que se estaba reorientando a la animación 3D.
Cerraron el estudio en el que yo trabajaba, a las afueras de París y no había alternativa para la mayor parte de la gente. Algunos fueron a Estados Unidos, a Australia y otros montaron estudios en Francia, que por desgracia no duraron. Otras cuantas personas habíamos ya puesto un pie en el cómic.
Ahora estamos en otro salto en el mundo de la ilustración con la aplicación de la inteligencia artificial. ¿Es una amenaza para ustedes?
(Resopla) ¿Qué quieres que me parezca? La inteligencia artificial lo que hace es copiar y recomponer el trabajo que creadores humanos han hecho ya. Al final es un pastiche. Te están haciendo un puzzle con mucha inteligencia, a veces es sorprendente ver lo que hace, pero para mí no tiene ningún valor. Es un robo, apropiación de cosas que además han ido robando de manera subrepticia durante muchos años, diciendo: “Aquí podéis presentar vuestro trabajo y tener una plataforma para enseñar lo que hacéis, vuestro arte”. Y resulta que al final era para robarte. Nunca he hecho ninguna prueba de nada hecho por inteligencia artificial con mi estilo, porque me imagino que se puede hacer y no me interesa en absoluto.
Aquí el ladrón son las empresas más poderosas del planeta.
Te da por pensar si estaba todo muy planificado para alimentar esa base de datos colosal. Por otro lado, no hay manera de evitarlo. Aunque tú no pongas tu dibujo en internet, otro fulano lo va a hacer porque escanea una página, o un medio de prensa va a reproducirlas. Al final todo se encuentra en Internet. No hay ninguna imagen que haya buscado que no haya encontrado en Internet. Cuando necesito el puñetazo de Vindicator a Lobezno en el número no sé cuántos de X-Men, para mí el mejor puñetazo que se ha dado en cómic, no tienes más que buscarlo. Es muy deshonesto. Espero que se legisle.
Y no soy un enemigo de la inteligencia artificial en sí, me parece que las aplicaciones que puede tener en otros campos como la salud… Hay que ver qué pasa con eso. Tampoco soy fatalista, no me da miedo tema de Terminator y la aniquilación de la especie humana. Es curioso ver cómo alguna gente se preocupa, yo creo que no hay que ser demasiado pesimista, que tampoco esto es Skynet. Me parece que hay aplicaciones muy buenas, incluso en arte. Pero en este momento lo único que hay es la generalización de un plagio vergonzoso, un abuso y una situación catastrófica para todo un sector de gente que podía vivir, o por lo menos aspirar a vivir del dibujo, de la ilustración, de la animación y que está muy amenazada. A mí me da pena.
Blacksad 7 se publicó hace tres años. ¿Están trabajando en el volumen ocho?
No, el ocho viene de camino. Pero, entre tanto, tengo otro proyecto con el guionista de El Buscón [Alan Ayroles] y justo antes he hecho un libro ilustrado que sale la semana que viene en Francia y el año que viene en principio lo publicará Norma aquí, un libro muy bonito de una novelista francesa que se llama Ganas de darte.
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