Richard Dean Anderson, MacGyver: “Estoy avergonzado de lo que hacen Trump y su gobierno”
Hubo un tiempo, era en los 80, en que las películas y series populares eran artefactos de diversión pura. En esas series, los guionistas jugaban duro con la suspensión de la incredulidad que debe operar en la cabeza del espectador para que la cosa funcione. Así se explica cómo los protagonistas sobrevivían a un puñado de tiroteos en cada episodio o cómo eran capaces de desactivar una bomba con un clip y un chicle: era todo por la diversión.
MacGyver representa el modelo: un héroe de acción sin traumas, dobleces ni pasado, capaz de distinguir sin problema el bien del mal y con una característica que lo distinguía de todos los demás: su rechazo radical al uso de armas de fuego, que suplía con un profundo conocimiento científico y el ingenio para aplicarlo a las situaciones más dramáticas.
Hoy, Richard Dean Anderson, McGyver, es un señor de 76 años de verbo pausado, que achina los ojos y aleja y acerca el teléfono para leer el mensaje de su hija, y al que le dan sofocos de los calores que pasa en Málaga, donde está pasando unos días como special guest de la segunda edición de la San Diego Comic Con Málaga. Así que, cuando ve que con el abanico no se apaña, alguien del público le ofrece un aparato portátil que el presentador no es capaz de poner en marcha. MacGyver se ofrece gentil: “Te lo puedo macgyvear”. Público rendido.
El peligro de imitar a MacGyver
Si en inglés existe el verbo to macgyver es porque el personaje trascendió en la cultura popular hasta el punto de que el diccionario Oxford tuvo que recogerlo. Si el canon lo marcan Los Simpson, ahí está Anderson, sujeto de deseo de las hermanas Bouvier. Si lo es el lenguaje coloquial, todo el mundo conoce a alguien que se cree MacGyver.
Más tarde, en una charla con elDiario.es, Anderson explica que nunca hubiera imaginado que aquel papel que consiguió le seguiría proporcionando tanto cariño tantos años después. “Lo considero un enorme cumplido”, admite: “No soy una persona que se sienta especialmente cómoda con los elogios. Fue mi hija quien hace unos años me habló de la idea de ”legado“. Nunca había pensado en esos términos”. Él era solo un trabajo, y él un trabajador de poco éxito y sin muchas expectativas hasta que dio con MacGyver: “Fui consciente de lo especial que era el personaje y de la singularidad de la serie, especialmente por el hecho de que no utilizaba armas. Y lo aproveché desde el principio”.
Aquellas bacanales de tiros las suplía MacGyver con soluciones basadas en la Física y Química aplicadas, Electrónica y Mecánica. “Teníamos asesores de escuelas técnicas de la zona de Los Angeles. Les preguntábamos: ”Si MacGyver estuviera en tal situación, ¿cómo lo resolvería con estas cosas en la habitación?“. Y entre productores, guionistas, y directores, yo a veces decía algo, lo adaptábamos y salía la forma de hacer posible lo imposible”. El criterio no era el rigor científico, sino que fuera “creíble” “¿Hubo alguna vez una escena en la que pensara: 'Esto es demasiado, nadie va a creerlo'?” “¡Constantemente!”, ríe.
Eso sí, siempre obviaban un elemento para que la idea fuera imposible de replicar en casa. “Hubo un chico alemán que se quemó los dedos asegurando que había aprendido el procedimiento viendo MacGyver. Los abogados investigaron el caso y finalmente se determinó que no era responsabilidad nuestra porque nunca explicábamos exactamente cómo hacerlo”, recuerda.
“Vergüenza” de Trump y su gobierno
El Equipo A o MacGyver no tenían pretensiones de trascendencia ni se prestaban a lecturas políticas. Qué se diría hoy de una cuadrilla de renegados del ejército de Estados Unidos, o del agente de una oscura agencia de espionaje que se adentra en bosques de los Pirineos para rescatar a una geóloga de un grupo de “montañeros vascos” que descienden las rocas haciendo rappel y lanzando un irrintzi.
Hoy se da la paradoja de que MacGyver trabajaría para el Gobierno de Estados Unidos. En su encuentro con el público, Anderson ha pedido “disculpas por el comportamiento de nuestro Gobierno” y ha arremetido contra Donald Trump, a quien ha definido como “pedazo de mierda”.
Más tarde, en la conversación con este periódico, explica que siente “vergüenza” de lo que “Donald Trump, su Administración y esta época de caos político están haciendo al mundo”. “Vengo a un país extranjero al que quiero y admiro, para celebrar algo con la gente, y mientras tanto tenemos aranceles, sanciones y este tipo de políticas. Para mí es vergonzoso. Soy estadounidense, pero me niego a permitir que él me represente de ninguna manera mientras esté en el cargo. Me parece horrible lo que hace”.
“Creo que hoy MacGyver pediría a Google que le echara una mano”
MacGyver tuvo siete temporadas con 139 capítulos. “No me enfadé cuando se tomó la decisión de terminar”, dice Anderson, que ya estaba cansado de combatir delincuentes. También machacado: tuvo incontables lesiones en los rodajes.
Años después, y durante diez temporadas, rodó otra serie de relativo éxito, Stargate SG-1, hasta que puso fin a su carrera para ver crecer a su hija. “No tenía tiempo para pasarlo con ella, con un ser que yo había ayudado a crear. Y nada merece tanto la pena como para perderte eso”, cuenta, mientras se emociona. “Esto es así. Hay un vínculo y una relación por la que merece la pena sacrificarse o dejar una serie de televisión que tiene éxito”. “Ahora ella dirige, escribe y produce películas. Y ese es mi propósito en la vida, ayudarla”, cuenta luego.
Retirado de la vida pública en una casa de California, Anderson se ha volcado en los últimos años en causas benéficas, principalmente en defensa de los animales: “Tengo tanto amor por los animales que no puedo ni matar arañas, aunque no me gusten mucho; el animal más minúsculo tiene algo para mí: sienten. Dolor físico o algo más espiritual. Sé que suena un poco raro. Pero tengo esa compasión”.
Ya nunca estará para carreras y persecuciones, tampoco para frenar fugas de ácido con chocolate o para improvisar un cañón de patatas convirtiendo el ácido del limón con esquirlas de metal en un propulsor más potente que la pólvora. “Siempre he pensado que sería interesante hacer una nueva versión con un MacGyver más mayor. Ya no tan ágil ni tan rápido, pero con más experiencia”.
Hoy, seguramente MacGyver llevaría un móvil en el bolsillo. “Creo que estaría fascinado por las nuevas posibilidades tecnológicas y probablemente acabaría diciendo: 'Bueno, qué demonios, voy a llamar al señor Google para que me eche una mano'. Pero la esencia seguiría siendo la misma: buscar soluciones prácticas, observar tu entorno y utilizar lo que tienes a mano”.
2