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El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) cuenta con 24 institutos o centros de investigación -propios o mixtos con otras instituciones- tres centros nacionales adscritos al organismo (IEO, INIA e IGME) y un centro de divulgación, el Museo Casa de la Ciencia de Sevilla. En este espacio divulgativo, las opiniones de los/as autores/as son de exclusiva responsabilidad suya.

Diseñar el mundo conectado

Rafaella Fiorelli / Rafael Castro

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Sobre este blog

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) cuenta con 24 institutos o centros de investigación -propios o mixtos con otras instituciones- tres centros nacionales adscritos al organismo (IEO, INIA e IGME) y un centro de divulgación, el Museo Casa de la Ciencia de Sevilla. En este espacio divulgativo, las opiniones de los/as autores/as son de exclusiva responsabilidad suya.

En nuestra vida diaria estamos rodeados de millones de dispositivos electrónicos que constantemente recolectan y transmiten información: desde el reloj inteligente que mide nuestra actividad física, hasta los sensores que monitorizan el consumo eléctrico en casa, el riego de un campo o la calidad del aire en una ciudad.

Todos estos dispositivos tienen algo en común: se comunican sin cables y con un consumo energético mínimo. Esto es lo que conocemos como Internet de las Cosas (o IoT, del inglés Internet of Things). Aunque a veces lo asociemos tan solo con una nevera conectada a internet, el verdadero tejido del IoT está formado por dispositivos sensores pequeños y discretos, que transmiten datos de forma puntual y consumen muy poca energía.

Este IoT, presente en sectores tan diversos como la salud, la industria, el transporte o las ciudades inteligentes, se sustenta en una tecnología clave: la comunicación por radiofrecuencia, que permite enviar y recibir señales a distancia sin necesidad de cables. Pero para que esta conectividad sea sostenible, no basta con que los dispositivos puedan comunicarse: deben hacerlo consumiendo la menor energía posible.