Manuel Jesús Roldán: "A los libros de historia del arte no les sobran hombres, sino que les faltan mujeres"

"Historia del arte con nombre de mujer" de Manuel Jesús Roldán (El Paseo Editorial)

Manuel Jesús Roldán (1970) se embarcó en la aventura de devolverle la voz y el nombre a mujeres artistas que cayeron en el olvido por no aparecer en los manuales tradicionales de historia del arte. Tras una "difícil y larga recopilación" y una pandemia que retrasó la publicación prevista para abril, el profesor Roldán ha podido publicar 'Historia del Arte con nombre de mujer' (El Paseo Editorial), una recopilación de la aportación artística que hicieron 125 mujeres desde la prehistoria hasta 1930. 

La historia de las mujeres que escribieron la historia de la Economía

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Se trata de un libro que aspira a estar al mismo nivel que otros manuales de su misma disciplina. Roldán es profesor de historia y de historia del arte en un instituto sevillano y todos los días enseña una historia contada "por los vencedores, que siempre fueron de género masculino". Por eso, considera que este libro es "reivindicativo" y no habla de "personajes secundarios"

¿Qué pasó para que estas 125 mujeres no aparecieran en los manuales de historia de arte convencionales?

Fundamentalmente, pasó que les llegó un silencio posterior, pero las mujeres no siempre han estado tan silenciadas. Quien ojee el libro verá que durante muchas fases, o al menos algunas fases de la historia, hubo mujeres que sí alcanzaron un cierto nivel de prestigio, que pintaron para papas, para los reyes del momento, para cortes, y que cobraron igual. Por supuesto con todas las limitaciones de cada momento, pero en el siglo XVI por ejemplo, en el barroco, en el XVIII con todas sus limitaciones, hay mujeres que triunfan, pero luego llega un silencio. 

Ese silencio llega en el siglo XIX, un siglo especialmente machista en el que el hombre limita mucho más a la mujer que en el siglo XVI. El siglo XIX no les permite la asistencia a las academias, a las clases de dibujo. Además, es muy importante porque es el siglo de la creación del gusto, del coleccionismo y de los grandes museos, por lo que es cuando se hace la selección de la historia del arte. Es el siglo de los grandes manuales de la historia del arte, con lo cual nosotros vemos el mismo esquema repetido en la historiografía actual porque se ha copiado del siglo XIX. 

Entonces, antes del siglo XIX, ¿ellas sí tenían una posición?

Sí, hubo casos de mujeres que tuvieron una buena posición y que llegaron a tener título de académicas, a ser reconocidas como pintoras o que cobraron por ello. O casos de monjas medievales que alcanzaron un nivel intelectual y un nivel de reconocimiento importante. Esto es importante en el libro, poner en contexto muchas de esas situaciones. Muchos de nosotros miramos con ojos del siglo XXI y pensamos que la edad media era un lugar oscuro, pero no era tan oscuro. A lo mejor le daba más apertura a las mujeres que otros periodos de la historia, curiosamente.

Muchas conocieron el éxito en vida y luego fueron olvidadas por los manuales. ¿Existe una historia “mainstream” que rige la memoria colectiva?

Sí, la historia está escrita por los triunfadores y el triunfador es generalmente de género masculino; las mujeres no batallaban y quedaban siempre en el segundo plano. Hasta que no llega el siglo XX no hay un cierto plano de igualdad, pero relativo porque ni las vanguardias históricas fueron capaces de poner en igualdad a la mujer y al hombre. 

Hay que esperar a la segunda mitad del siglo XX para que sí haya realmente una presencia enorme de mujeres, pero claro, hay una carga enorme que se sigue arrastrando y son los libros. Los libros de historia del arte generalmente se basan en libros anteriores y estos, no nos engañemos, copian modelos del siglo XIX. Como en este siglo hay esa preponderancia masculina… claro, ahora parece que hay que meter con calzador la figura de la mujer, y no es eso, no se trata de encontrar el último resquicio de la mujer, sino de que hay determinadas figuras que deben estar al nivel del hombre, no por el hecho de ser mujeres sino por su propia calidad. Este libro quiere situar en el lugar que se merecen a una serie de personas que luego han sido silenciadas.

¿Por qué es importante que el mundo conozca la historia de estas mujeres?

Es una simple cuestión de justicia histórica. No es revisar el pasado, es que el pasado está ahí. No es que yo quiera hacer una interpretación del pasado ni mirarlo desde el prisma actual, lo que quiero es que recordemos cosas que hemos olvidado. No quiero cambiar la historia, la historia está ahí y en ella hubo mujeres importantes. 

Este libro tiene la función de motivar a los estudios sobre esas mujeres, motivar a que muchas más personas las conozcan y que se motiven por seguir escribiendo. Evidentemente, se me han quedado muchas en tintero porque tuvimos que poner un límite. Cuando llegamos al siglo XX sí que empiezan a parecer un número espectacular de mujeres creadoras, por eso puse como criterio límite el de mujeres que hayan fallecido y que hayan nacido antes de 1930. Yo creo que acoge un buen grupo de mujeres, pero por supuesto no es un libro cerrado, sino que es un libro completamente abierto.

¿Considera que aquellas que llegaron al éxito necesitaban contar con el apoyo de figuras masculinas?

En la mayoría de las ocasiones sí, porque por ejemplo, si vemos la vida de Artemisia Gentileschi, la de Sofonisba Anguissola, la de Luisa Roldán, siempre hay al menos un ambiente artístico en el que se educan. Si el padre tenía una visión abierta y notaba las capacidades de su hija, la orientaba hacia el plano artístico. Eso implicaba que tenían que estudiar en un mundo de hombres, en un taller de hombres y en una escuela de hombres. Eso conllevaba que muchas veces no podían participar de algunos elementos, como el hecho de que no podían asistir a las clases de dibujo al natural porque era un caballero masculino desnudo y la mujer no podía asistir a eso. 

Siempre va a haber esa visión abierta de sitios que sí permitieron el estudio de las mujeres, por ejemplo la Italia del Renacimiento, sobre todo en la zona del norte, permitían que las mujeres participaran en las academias, que viajaran, que aprendieran a tocar instrumentos… y las mujeres lo reivindican luego en sus cuadros. También otro ejemplo, aunque nos parezca extraño, son los conventos medievales. En ellos había una reclusión física, pero era un lugar en el que la mujer aprendía idiomas, a tocar instrumentos, teología, filosofía, a pintar y, por supuesto, se desarrollaban muchísimo más que una persona que estuviera en la calle. En muchos casos no era un encierro para la mujer sino su realización como persona. En esa época, una abadesa estaba al nivel de un abad masculino.

Pero igualmente, el arte siempre está unido al poder. Quitando a las vanguardias del siglo XIX, el artista siempre ha dependido de un poder, ya sea político, religioso, civil o militar, porque el artista es un creador económico. Sin embargo, las mujeres estaban mucho más limitadas y se les pagaba peor porque evidentemente no tenían el acceso a círculos a los que sí tenían acceso los hombres, por lo que triunfaban aquellas que sí podían acceder a ellos.

En el prólogo dice que con esta publicación no pretende abanderar ninguna teoría, ¿Por qué toma esta postura? 

Tomo esta postura porque me parece que, como ocurre en casi todos los aspectos actuales, tendemos a polarizarlo todo; es decir, si yo hago un libro que, evidentemente es un libro feminista porque defiende la igualdad de la mujer, parece que rápidamente va a haber quien busque algún matiz político o de cualquier condicionante y no, esto es mucho más amplio. El feminismo es mucho más amplio, es la igualdad entre el hombre y la mujer y debería ser algo genérico. Yo he hecho un libro de historia del arte y no debería perder valor porque no es un libro de personajes secundarios, estoy hablando de artistas creadoras que son mujeres. Entonces, entiendo que lo peor que se puede hacer con el libro es otorgarle etiquetas. Aquí no venimos a abanderar nada, venimos a hacer justicia a un olvido injusto.

¿Cree que el público podría entenderla como una postura equidistante? 

Cuando se habla del equidistante parece que se le quiere dar un aspecto despectivo, pero me parece que no es justo. Muchas veces se quiere etiquetar de equidistante a gente que quiere adoptar una posición integradora. Yo quiero que todo el mundo se vea reflejado ahí, Esto no es un libro para mujeres ni para una orientación política, es un libro de historia del arte y las artistas no entienden de otros condicionantes. A mí no me importa su género, ni su orientación política; me importa su creación y en la creación de las mujeres ha habido una injusticia porque se las ha silenciado. Si a eso se le llama ser equidistante, no estoy de acuerdo. 

Sé que me lo van a preguntar muchas veces y evidentemente es un libro feminista, porque busca la igualdad de estas artistas, pero es que hasta el concepto feminista se le quieren imponer hoy etiquetas. Es un libro feminista, sin peros. No pongo la etiqueta al libro porque muchos empiezan a diferenciar entre feminismos y eso sería limitar al propio feminismo.

¿Cree qué se entienda como un libro feminista podría suponer que la sección más tradicional de historia del arte lo etiquete despectivamente?

Sí, pero bueno, si alguien a estar alturas del siglo XXI quiere hacer despectivo que el libro tenga la etiqueta de feminista pues, evidentemente, esa lancita sí hay que romperla y eso no entra en ninguna discusión.

Una de las protagonistas es Frances Benjamin Thonsom, fotógrafa abiertamente lesbiana y mujer independiente del S. XIX. ¿Cómo una mujer con este perfil llegó a ser la fotógrafa oficial de la Casa Blanca?

Primero porque la fotografía permitía algo que era una mayor libertad creativa. No tenían que ver modelos desnudos ni que mancharse las manos con la pintura, que es algo muy masculino y que era muy despectivo incluso para los hombres. Un ejemplo claro es ella, Frances Benjamin Thonsom. Es una mujer reivindicativa espectacular, se fotografía bebiendo cerveza como si fuera un hombre con aspecto masculino y llega arriba. Tiene un plus evidentemente de luchar contra mucho más que no tuvieron que luchar los hombres, pero en fotografía sí hay muchos casos de mujeres que triunfan. Es realmente llamativo. 

Hay un caso paralelo al de Frances Benjamin que es el de Rosa Bonheur. Una mujer del siglo XIX que es abiertamente lesbiana y es una excepcional pintora de animales que tiene que luchar, por ejemplo, con el hecho de que no se podía poner pantalones y tuvo que pedir un permiso especial que tenía que renovar creo que mensualmente. Estamos hablando de la Francia del siglo XIX y ella consigue el permiso para ir con pantalones porque argumentaba que como tenía que estar todo el día fotografiando animales, era una ropa más cómoda. O sea que ellas lucharon todavía contra una cosa mayor. Lo de las fotógrafas es un caso muy curioso.

De hecho, de la marginación de las mujeres a veces surgía esa afición a la fotografía porque, si la mujer no puede ir a pintar al aire libre pero puede estar en su casa y tiene una posición cómoda socialmente, hay algunas a las que les va llegando ese regalo de una cámara fotográfica, un juguete que por qué no iba a probar la mujer. Y ellas entran en ese mundo, muchas veces al nivel de los hombres. Yo he colocado algunos casos de mujeres fotógrafas para que se vea cómo conviven con una generación que, en lo pictórico, el triunfo es bastante complejo, pero sin embargo en lo fotográfico sí hay mujeres que llegan muy alto. 

Usted es profesor de historia y de historia del arte. ¿Por qué cree que es importante educar a la juventud en la historia de ellas?      

Hoy mismo les he estado enseñando el libro a mis alumnos y alumnas para hacerles la comparativa de cuántas mujeres aparecen en sus libros: Solo hay una, Luisa Roldán y en algunos empieza a aparecer Frida Kahlo, que curiosamente no es la gran aportadora artística, sino que todo lo circunstancial que hay alrededor de ella se queda como lo anecdótico y ha triunfado como icono del siglo XX cuando hay otras pintoras que han aportado más.

La historia del arte es una asignatura fascinante para los alumnos. De hecho, lo que lamento es que no se incluya más contenido de historia del arte en la propia historia. Deberíamos jugar más con el concepto de vida que tenemos hoy en día; es decir, tenemos niños que se les llama nativos digitales pero no es verdad, porque saben manejarse viendo imágenes, pero no saben manejar las fuentes de información. Tienen sobre saturación de imágenes pero, ¿cuál es su capacidad de retención?. En historia del arte luchamos contra esto mostrando que cada imagen tiene un contexto, un contenido, etc. Luchamos contra el analfabetismo visual.

A los libros educativos, ¿les sobran hombres? 

Creo que es una pregunta muy inteligente, pero a los libros no les sobran hombres, sino que les faltan mujeres. Si tienen que quitar a algunos hombres, que los quiten, pero que las incluyan a ellas. Yo creo que se ha avanzado más en la integración de la mujer en los libros  en el plano de la historia que en el plano de la historia del arte. En los libros de historia ya hay apartados donde se habla más de mujeres y de su situación, por ejemplo en la revolución francesa. Sin embargo, en los libros de arte es donde se va mas lento y donde hay una mayor laguna. 

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