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ARAGÓN

ENTREVISTA | Hombres por la Igualdad

“Algunos hombres son feministas de idea, no de acción”

José María Galdo es miembro de Hombres por la Igualdad en Aragón

“¿En qué corresponsabilidad nos hemos incorporado? En todo aquello que se realiza de cara al público, aquello en que se nos ve”

“No hay referentes masculinos de masculinidad distinta a la hegemónica que puedan resultar atractivos para un adolescente”

“Paridad significa mismo número de hombres y mujeres, no conlleva siempre que la situación sea igualitaria”

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José María Galdo es miembro de Hombres por la Igualdad en Aragón

José María Galdo es miembro de Hombres por la Igualdad en Aragón Juan Manzanara / Zaragoza

Aunque han evitado el protagonismo, la asociación Hombres por la Igualdad en Aragón lleva ya más de diez años en marcha. Casi todas sus actividades son mixtas, pero los grupos de reflexión son solo para hombres, porque piensan que necesitan hacer un trabajo que las mujeres ya han superado. En 2018, Hombres por la Igualdad ha entrado a formar parte de la Coordinadora de Organizaciones Feministas de Zaragoza. José María Galdo (Zaragoza, 1956) es uno de sus miembros más activos.

¿Por qué se decidieron a crear una asociación de Hombres por la Igualdad en Aragón?

Realmente, surge, entre comillas, por accidente. Éramos un grupo de profesores y profesoras del Centro de Educación de Personas Adultas Juan José Lorente, con mayoría de mujeres entre el alumnado. Entre 2004 y 2006, cuando la violencia contra la mujer todavía no estaba encima de la mesa como un asunto político, sino que se consideraba algo privado, que se resolvía en casa y eran cosas de pareja; en ese momento, desarrollamos un proyecto europeo, que se llamaba "Igualdad de oportunidades, prevención de la violencia contra las mujeres".

Con ese proyecto, nos dimos cuenta de que las mujeres teníais el tema muy trabajado, teníais claro lo que queríais y estabais luchando por ello. Sin embargo, los hombres nos encontrábamos atascados, en una situación que nosotros no habíamos propiciado, no éramos los protagonistas y tampoco sabíamos qué demandaba de nosotros la sociedad. Es decir, vimos que con las mujeres se había trabajado mucho, pero con los hombres no se había trabajado nada. Por eso, nos planteamos formar una plataforma para ir iniciando una serie de actividades.

También nos dimos cuenta de que los hombres no eran igual de receptivos hacia estos temas de género y de igualdad si era una mujer quien los planteaba que si era un igual, otro hombre. Eso no quiere decir que siempre estuvieran de acuerdo con nosotros, pero por lo menos nos escuchaban. Con el tiempo, decidimos constituirnos en asociación. Lo hicimos un día negro, como muchos otros, un 8 de septiembre de 2007, cuando fue asesinada en Zaragoza la víctima número 55 de violencia de género de ese año. Desde entonces, hemos trabajado mucho, pero no ha sido uno de nuestros objetivos estar en los medios de comunicación. Antes, requeríamos formarnos nosotros mismos, tener muy claro en qué momento estamos cada uno en nuestro desarrollo personal.

Al principio, nos hacíamos muchas preguntas: ¿qué está pasando con nosotros?, ¿por qué somos así?, ¿somos malos por naturaleza?, ¿somos iguales, somos diferentes?, ¿cuál es nuestra relación con otros hombres?, ¿por qué es tan difícil hablar de ciertos temas con otros hombres y lo hacemos sin problemas con las mujeres?, ¿qué relación tenemos con nuestros hijos e hijas?, ¿los educamos exactamente igual?... Teníamos muchas preguntas y pocas respuestas. Empezamos a reflexionar entre nosotros; conforme fuimos teniendo las cosas más claras, hemos ido saliendo más al ámbito público.

  ¿Cuántas personas son actualmente?

Ahora mismo estamos rozando las cuarenta personas implicadas totalmente. Hay otro número de personas más indeterminado que colaboran puntualmente, están dispuestas a echarnos una mano porque creen en los objetivos, pero que se retrotraen un poco en la visibilidad pública. Cada uno tenemos nuestro propio desarrollo, nuestra propia situación… No todo el mundo está dispuesto a aparecer públicamente, todavía les falta un empujón. 

¿Por qué les cuesta a estas personas dar ese paso?

Porque las mujeres lo tenéis muy claro y habéis roto con los estereotipos y valores que el patriarcado considera que tiene que cumplir una mujer, habéis incorporado los valores considerados masculinos y la sociedad lo acepta de una forma normal; sin embargo, en el caso de los hombres, que podamos ser emocionalmente más maduros, que nos impliquemos en la corresponsabilidad… aunque se hace, para según qué sectores todavía parece que eres un poco menos hombre. A veces, aún no se ve muy claro que los hombres sean más cariñosos, más sensibles, más empáticos...

¿Y a la inversa? ¿Cree que hay hombres que presumen de ser feministas en público y después no ejercen en privado?

Sí, aunque más que presumir, el problema más grave con los grupos en que trabajamos, tanto en adultos como en adolescentes, es que intelectualmente están de acuerdo en la igualdad y el feminismo, pero no lo traducen a la realidad. Es decir, son feministas de idea, no de acción. Nuestra lucha es que pasen de ser feministas de idea a feministas de hecho, que dejen la palabra y que la acompañen por un cambio.

A veces, nos dicen que solo nosotros no vamos a cambiar el mundo, pero el mundo no va a cambiar para que cambiemos nosotros. Somos nosotros los que tenemos que cambiar para que la sociedad cambie. Nosotros no somos responsables de la educación que hemos recibidos, nuestros padres y madres nos dieron la mejor que pudieron, en un momento determinado, en una sociedad determinada y con unos valores determinados. Sin embargo, si ahora yo analizo esa educación y considero que algún apartado no es justo, sí seré responsable de lo que transmita. Si todos hacemos lo poco o mucho que está en nuestras manos, cambiará el mundo.

¿Cómo se convence a alguien para que pase de ese feminismo de idea al feminismo de acción?

Si dialogas con la gente sin pretender dar lecciones, se acaba consiguiendo. A un hombre hecho y derecho, de treinta, cuarenta o cincuenta años, no puedes decirle que es esto o lo otro, se va a poner a la defensiva y va a ser imposible dialogar con él. Nosotros decimos que hemos venido a charlar, que plantearemos una serie de problemas de la vida real y preguntaremos qué soluciones darían. Ninguno tenemos la verdad absoluta, se trata de que cada uno ponga sobre la mesa sus verdades personales y al final entre todos conformar una verdad que nos satisfaga a todos.

La gente suele responder, incluso los más reacios. Habrá alguno que seguirá en sus trece, pero nos habrá escuchado. De hecho, en todos los años que llevamos nunca hemos tenido ningún problema con ninguna persona particular ni grupos de hombres ni colectivos feministas. Por ejemplo, queda trabajo pendiente en cuanto a la corresponsabilidad porque, aunque nosotros poco a poco nos vamos incorporando, ¿en qué nos hemos incorporado? En llevar a los niños al colegio, en ir a hacer la compra… es decir, en todo aquello que se realiza de cara al público, aquello en lo que se nos ve. Eso nos empodera a nosotros más todavía, pero ¿quién sigue cuidando a nuestros mayores? Las mujeres. Cuando salimos el sábado con los hijos a jugar al parque, ¿quién está haciendo la comida y limpiando el baño en casa?

Es un proceso que también hacemos con las mujeres porque, para que haya una corresponsabilidad, vosotras tenéis que aceptarla. Siempre me río con las mujeres más mayores porque me dicen, “si dejo a mi marido que haga la comida, ¡me pone una cocina!”. Yo les digo que la limpie, que mañana manchará menos. Y tengo claro que la igualdad no es un número: a veces será 50-50, a veces 60-40, a veces 80-20… va a depender del momento y de la situación. Cuidado, paridad significa mismo número de hombres y mujeres, lo que no conlleva siempre que la situación sea igualitaria: hay mujeres que pueden ser más machistas que los hombres. No confundamos la necesaria visibilidad de unos y de otros con la igualdad: que una mujer esté dirigiendo una empresa no quiere decir que esa empresa sea igualitaria. Nuestro trabajo fundamentalmente no consiste en dar lecciones, sino en hacer reflexionar a la gente.

¿Qué es lo que más valoráis de la entrada del feminismo en la agenda pública este 2018?

Llevábamos un tiempo, sobre todo, cuando trabajábamos en los centros educativos, que las chicas más jóvenes nos decían que la igualdad ya estaba conseguida, que eso había sido un problema de sus madres, no de ellas. Entonces, lo que más valoramos es esa toma de conciencia de que realmente la igualdad no está conseguida, que está por venir, que falta trabajo y que ese trabajo tiene que ser de mujeres de todo tipo y de toda edad. También esa cantidad de mujeres en las calles y que haya ya un número importante de hombres que se hayan incorporado a ese feminismo… es para nosotros una llama de esperanza de que el trabajo que se está haciendo va dando resultados, que vamos en buena dirección, aunque nunca podemos bajar la guardia porque ante todo principio de acción, hay una reacción.Hay que estar preparado porque las reacciones del machismo son mucho más sibilinas.

Ahora el neomachista no va a atacar directamente a la mujer, sino que va a vestir ese machismo de una forma mucho más atractiva; es muy peligroso sobre todo para los adolescentes, porque parece una igualdad que no es real. En esto jugamos en desventaja con las series de televisión, los modelos que se siguen planteando en el cine... porque, así como las mujeres sí tienen ya referentes femeninos, no hay tantos referentes masculinos de masculinidad distinta a la hegemónica que puedan resultar atractivos para un adolescente. En el cine, la televisión, lo que se ve en internet… es el modelo tradicional, más o menos modernizado, pero es el mismo modelo del macho.

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