Los Premios Princesa de Asturias 2026 reivindican la esperanza en el futuro común con la cultura y la ciencia como avales
El Teatro Campoamor de Oviedo ha vuelto a ser el escenario azul un año más de la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2026, con la presencia de todos los galardonados y con la Familia Real al completo respaldando a la princesa heredera Leonor de Borbón, cuyo título da nombre a los premios.
Los Premios Princesa de Asturias 2026 han reconocido este año a la cantante y escritora Patti Smith, premio Princesa de Asturias de las Artes; al japonés Studio Ghibli, premio de Comunicación y Humanidades; a los científicos David Klenerman, Shankar Balasubramanian y Pascal Mayer, premio de Investigación Científica y Técnica; a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard en Noruega, premio de Cooperación Internacional; al pensador británico Timothy Garton Ash, premio de Ciencias Sociales; al futbolista argentino Leo Messi, premio de los Deportes; al escritor Julian Barnes, premio de las Letras; y a la astronauta Christina Koch, Premio de la Concordia.
La presencia del astro del fútbol, que llegó este jueves a Asturias, ha competido en atención con la que ha despertado la 'madrina del punk' Patti Smith, que esta semana ofreció dos conciertos coincidiendo con los 50 años de su primera presencia en España. Fans y compatriotas del argentino guardaban cola desde el mediodía a las puertas del Teatro Campoamor para ver a su ídolo y festejar su reconocimiento. A la habitual concentración republicana, este año se ha unido la acampada por la vivienda de la vecina plaza de la Escandalera en medio de un amplio despliegue policial.
Los cuatro discursos pronunciados por los galardonados en la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias 2026 por Barnes, Koch, Garton Ash y Smith, coincidieron en la idea de que el reconocimiento individual solo cobra sentido cuando se pone al servicio de lo colectivo, pese a proceder de ámbitos tan distintos como la música, la literatura, la exploración espacial y las ciencias sociales.
El escritor Julian Barnes fue el primero en tomar la palabra en un discurso netamente literario. Explicó en su intervención que durante su juventud daba por supuesto que las artes habían experimentado “un progreso inevitable”, igual que la ciencia o la tecnología, ya que “más novedoso significaba mejor” por la enseñanza cronológica, pero advirtió que con el avance de los años abandonó esa concepción. Las artes, explicitó, pueden dar la impresión de progresar, pero “a menudo expresan versiones nuevas de verdades antiguas”. Para demostrarlo recurrió a Shakespeare, Velázquez y Cervantes, donde aseguró que El Quijote hay uno de sus pasajes favoritos de la literatura universal, aquel que alude a la versión apócrifa de las aventuras de Don Quijote al que llegan a acusar de farsante. Barnes señaló que ya no piensa que las artes sean “progresivas y que cada evolución mejore la precedente. ”Prefiero pensar que todos estamos sentados a una enorme mesa redonda, quizás en una venta manchega, hablando entre nosotros de nuestro trabajo en el curso de los siglos“, finalizó.
La astronauta Cristina Koch recordó que, cuando conoció la tragedia del transbordador Columbia, comprendió que aquellos astronautas no eran únicamente héroes estadounidenses: “mis héroes eran los héroes de todos”. Para Koch, los vuelos espaciales tripulados tienen unas consecuencias que “van mucho más allá de las fronteras del país que lanza el cohete”, porque cuando esas personas abandonan la Tierra “el mundo las lleva en sus corazones”. De esa convicción nació el lema de su misión Artemis II: “Una misión de todos y para todos”. Pero el mensaje central de su discurso fue que esa sensación de comunidad no debería necesitar una misión espacial para aparecer. “No esperen a la próxima misión a la luna para darse cuenta de que sus semejantes son sus compañeros de tripulación”, pidió. Su conclusión fue una llamada a trasladar esa fraternidad a la vida cotidiana: “Elijan el mundo en el que quieren vivir en cada interacción, en cada calle”, y háganlo desde la confianza, la gratitud y la vulnerabilidad.
El pensador Timothy Garton Ash trasladó su discurso al campo político y social, con una advertencia sobre la situación de Europa y la libertad. El historiador advirtió directamente a la princesa Leonor de que la Europa en la que nació, en torno a 2005, era muy distinta a la actual, amenazada por “un cúmulo de amenazas externas e internas”. Ash mencionó la larga guerra de Ucrania, comprometiéndose a aportar con su voz y pluma, e indicando a la princesa que el futuro de Europa dependerá cada vez más de las nuevas generaciones. El galardonado señaló que todos debemos tener “un compromiso profundo con la búsqueda de la verdad”, la recuperación de la “confianza” y la capacidad de combinar el talento individual con el trabajo colectivo. Su advertencia señaló a las redes sociales, la inteligencia artificial, las potencias hostiles y determinadas personas en puestos de poder pueden contribuir, según dijo, a una nueva “vasta sinfonía de engaños”. Frente a ello reivindicó el papel del periodismo, la investigación académica y el derecho. Y terminó recurriendo al fútbol y al concepto de 'tiki-taka', que consideró imprescindible para entender el mundo actual señalando que aporta que el éxito necesita “tanto del genio individual como de un sofisticado trabajo en equipo”. Su deseo final fue que Europa sea capaz de combinar “la diversidad y la unidad”. “Seríamos imbatibles”, finalizó.
La escritora y cantante Patti Smith fue quien tomó la última palabra y puso en valor de forma más directa la dimensión colectiva del reconocimiento recibido en Oviedo. La artista aseguró que todos los premiados “han contribuido a mejorar el bienestar del mundo y de las personas”. En su intervención enumeró aquello que, a su juicio, los convierte en referentes: “promueven la alegría, protegen el medioambiente, exploran con audacia, defienden los derechos humanos, incentivan la curiosidad intelectual y constituyen una fuente de orgullo”. A punto de cumplir 80 años, Smith interpretó el reconocimiento como “un incentivo para seguir trabajando y evolucionando”, para “encontrar nuevas formas de ayudar del mejor modo posible a la gente y dar esperanza y estabilidad a las nuevas generaciones”. Su discurso terminó trasladando el reconocimiento desde los premiados hacia el vínculo creado entre ellos: “Todos nos iremos de aquí con un premio mayor que el que anticipábamos, el de la amistad duradera”.
La cantante improvisó al final de su discurso asegurando que todos los asistentes han sentido en algún momento de su vida la frustración de los fracasos y han seguido adelante, recordando su canción escrita con su marido 'People have the power' y cantando unas estrofas de la canción 'Wing' como símbolo de esperanza.
De la incertidumbre a la democracia
La Princesa de Asturias centró su discurso en la incertidumbre que afrontan las nuevas generaciones y en la necesidad de conservar la esperanza, reivindicando el ejemplo de los premiados como una forma de “mantener nuestra capacidad de asombro, de curiosidad, y nuestra necesidad de confiar”. Tras recordar las palabras de la galardonada en los premios María Zambrano sobre “lo joven y lo inédito” como “esperanza de una historia que se abre”, repasó las aportaciones de cada galardonado: la defensa de Europa y la libertad de Timothy Garton Ash, el humanismo y el respeto a la naturaleza de Studio Ghibli, la capacidad de Julian Barnes para explorar “el más esencial y precioso sentido de la existencia humana”, el “sentimiento universal” que genera el deporte y la trayectoria de Messi, la cooperación internacional de la Bóveda de Semillas de Svalbard y el trabajo científico de Klenerman, Balasubramanian y Mayer. Sobre Christina Koch subrayó que “Compartimos todo, estamos conectados, estamos condenados a entendernos” y que somos “la tripulación de la Tierra”, mientras que de Patti Smith destacó su “libertad cruda y desafiante” y su autenticidad.
Leonor de Borbón cerró su discurso recuperando una idea del político y premio Príncipe de Asturias en 1997, Václav Havel, “la esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certeza de que hay cosas que tienen sentido y que merece la pena defender pase lo que pase”. La princesa concluyó con el verso de Paul Valéry recuperado por el fundador de Ghibli, Hayao Miyazaki: “El viento se levanta…¡¡Hay que intentar vivir!!”.
El rey Felipe VI finalizó con su discurso el acto de los galardones. Según el monarca “solo con esfuerzo y constancia puede el talento convertir su potencial en realidades tangibles y duraderas”. Frente a una inteligencia artificial capaz de procesar el conocimiento con enorme rapidez, planteó si podrá adquirir también el “aprendizaje moral” que proporcionan “la edad, la consideración por los demás y la experiencia”, y reclamó a la sociedad “démonos tiempo, démonos confianza, para llegar a la mejor versión de nosotros mismos”.
El rey trasladó después una reflexión sobre democracia con alusiones sobre el tiempo electoral que vive España, “La democracia requiere de un compromiso diario, cívico y exigente, de un cuidado de sus formas e instituciones, para seguir garantizando nuestra convivencia, para alumbrar esa búsqueda del bien común que atienda y equilibre”, señaló. El Jefe del Estado reivindicó el aprendizaje de la Transición y la Constitución de 1978, “un proceso complejo, basado en la generosidad y en la altura de miras, nos permitió nada menos que pasar pacífica y admirablemente de la dictadura a las libertades”.
El monarca cerró la gala de entrega de los premios apelando a la “sinceridad” como condición para que el esfuerzo dé frutos y agradeciendo a los premiados que demuestren “lo alto que puede volar la inteligencia cuando va unida al esfuerzo, a los valores y a la creatividad”, es decir, “al espíritu humano”.
Las gaitas asturianas pusieron como siempre el broche final a la ceremonia con el 'Asturias, patria querida', en una celebración que continúa en el histórico Hotel Reconquista de la ciudad con un encuentro de invitados y premiados, que ya espera la edición del 2027.
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