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Adrián Escudero

Adrián Escudero es doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es catedrático de Ecología en la Universidad Rey Juan Carlos en Madrid.

Biodiversidad, clima y cambio global, cuando las partes no dejan ver el todo

Este día Internacional de la Diversidad Biológica podemos tomárnoslo en serio o dedicarnos a disfrutar de algún documental de naturaleza y brindar en nuestro confinamiento por las especies más hermosas que merecen conservación. A base de disociar durante décadas la biodiversidad con nuestro bienestar y a base de olvidar que la extinción de especies es parte de un cambio global que impulsamos con nuestra inmensa huella ambiental nos vamos quedando sin funciones que necesitamos y que damos por hechas. Llegó una pandemia de récord y nuestras miradas de sorpresa pasaron de las soluciones sanitarias para detener la hemorragia a soluciones de mayor recorrido para evitar que vuelva a ocurrir algo así. De pocas cosas podemos estar más seguros que de la llegada de nuevas zoonosis. El que se hagan pandemias o no podría depender de que nos tomemos la biodiversidad en serio o sigamos pensando que es algo externo y accesorio, un lujo o un capricho para una sociedad que tiene planes más ambiciosos que proteger esa cosa llamada diversidad biológica.  

El Antropoceno, periodo histórico en el que nos hallamos, es la exacerbación del papel de Homo sapiens como herramienta de alteración de procesos a escala planetaria. En realidad, es la cumbre del antropocentrismo cultural: ¡somos increíbles y fantásticos! Es verdad que el resultado no es el más saludable para el resto de seres vivos que nos acompañan en esta nave, llamada Tierra, pero es impresionante lo que somos capaces de hacer cuando nos lo proponemos. Podemos hacer lo que queramos y lo hacemos. Nos dio permiso alguna deidad en algún plano astral y, oye, lo hacemos con rigor y sistema. 

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¿Son útiles y seguras las Apps de rastreo de contactos para frenar enfermedades infecciosas?

Todas las grandes guerras han ido acompañadas de desarrollos científicos y técnicos. La actual "guerra" contra la COVID-19 no podía ser menos. En las últimas semanas hemos oído noticias sobre infinidad de investigaciones científicas, robots para realizar test masivos, respiradores creados en impresoras 3D e innumerables aplicaciones móviles para monitorear síntomas, distribuir recursos humanos y materiales e incluso para valorar la probabilidad de contagio. De todas ellas, las aplicaciones móviles destinadas a la prevención de contagios son, quizás, las que más controversia generan. Pero, ¿cómo funcionan realmente? ¿Qué beneficios pueden aportar? ¿Por qué son controvertidas?

Existen diferentes tipos de apps que tienen como objetivo prevenir nuevos contagios, pero las más alabadas, y sobre las que nos vamos a centrar, han sido las que rastrean contactos a través del Bluetooth del móvil. Este tipo de apps se ha usado en otros países, como Singapur, con éxito relativo, y actualmente se están replicando en otros países del mundo, incluido España, donde ya tenemos dos versiones (esta y esta). El funcionamiento es sencillo: dos personas se acercan a menos de X metros y sus móviles intercambian un código por Bluetooth.

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Cambiemos el nombre de la Universidad Rey Juan Carlos

No deja de ser paradójico que un republicano termine en la Universidad Rey Juan Carlos. A uno no le preguntan por esos detalles cuando está inmerso en esa yincana de fondo y desgate que es la carrera de un investigador español. Tampoco es conocido que en dicha universidad hay grupos de investigación que son referentes internacionales.

Esta universidad, pública, se crea en 1996 bajo la presidencia de la Comunidad de Madrid de Alberto Ruiz Gallardón. La demanda histórica y obvia por reequilibrar el tejido universitario madrileño el cual se circunscribía casi con exclusividad al norte de la ciudad, se resolvía, primero con la Universidad Carlos III de la mano del presidente Joaquín Leguina y, como réplica casi especular y, probablemente, infantil, con la Universidad Rey Juan Carlos. Ya sabéis, si tú montas una, yo hago otra. No importa. Hacía falta; la gente de las populosas ciudades del cinturón obrero de Madrid, lo merecían y necesitaban.

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Nos acordamos de la Ciencia solo cuando truena

Aturdidos por las medidas que trae consigo el estado de alarma y buscando un hueco para poder hacer ejercicio (más imprescindible que nunca para mantener un cierto equilibrio existencial) mientras apoyamos la escolarización en casa, teletrabajamos y tratamos de mantenernos informados, no podemos dejar de alucinar con un escenario nuevo e increíble. En general, estas semanas las decisiones políticas de nuestro Gobierno se están basando en información científica. Nos frotamos los ojos. ¿Qué pasa? Certificar que algo así está ocurriendo nos asusta: ¡cómo será el monstruo al que nos enfrentamos, si han tenido que llamar a la ciencia!

La llamada ha sido respondida por cientos de científicas y científicos, dispuestos (cómo siempre) a dar lo que saben donde se les necesita. Aun sin alcanzar los niveles de riesgo, cansancio y heroicidad de nuestro personal sanitario y de seguridad, se puede visualizar a los investigadores trabajando en esta crisis como el profesor chiflado: desarrapados, greñas despeinadas, barba de muchos días, sorbiendo un café mientras empujan un carrito con sus PCRs y sus últimos kits de extracción de RNAs, ajustando modelos predictivos de contagio, buscando financiación para contratar nuevos cerebros y manos que completen sus grupos de trabjo, tratando de acabar una investigación de alto impacto social y económico en tiempo récord, y estando atentos a divulgarla en tiempo casi real.

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Las medidas frente al coronavirus en España ya han salvado muchas vidas aunque hace falta un esfuerzo más

Tras once días de confinamiento, empieza a aplanarse la curva, pero probablemente no lo suficiente para evitar el colapso del sistema sanitario, especialmente en Madrid. Para poder valorar correctamente la situación es importante comprender bien los distintos escenarios y las distintas curvas de la evolución del coronavirus en nuestro país.

Hace tan solo dos semanas, el Gobierno decretó duras medidas de distanciamiento social dirigidas a combatir la epidemia de coronavirus que asola ya a medio planeta, y que ataca con especial crudeza a nuestro país. Este cambio total e inmediato en nuestras vidas tiene como objetivo principal lo que los especialistas denominan 'flatten the curve', es decir, aplanar la curva de crecimiento de los contagios.

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La tormenta Gloria humilla a los reyes del Antropoceno

Gloria, como un Leviatán, ese monstruo marino que aparece en el viejo testamento, nos enfrenta a buena parte de nuestras contradicciones y ha recordado lo vulnerables que incluso los que vivimos en el mal llamado mundo desarrollado podemos llegar a ser. La conexión entre muerte, destrucción y clima es directa para los miles de refugiados climáticos que sólo recientemente han visto reconocida su existencia por una sentencia del tribunal de Naciones Unidas. Huir de los nuevos escenarios climáticos es casi su única opción. Aquí, en nuestro país, es sólo una cuestión de riesgo aparentemente controlado y una seguridad en manos de un estado menguante.

Para los que nos dedicamos a hacer ciencia, no cabe ninguna duda sobre la existencia de una relación entre eventos climáticos extremos, el cambio climático y el actual estado de emergencia climática. El efecto brutal de estos "desastres" no puede dejar de integrarse en ese amplio paraguas que llamamos cambio global y que implica muchas más cosas que el aumento de las temperaturas medias. Si, hace más calor y eso, en combinación con otros motores de cambio global, está modificando radicalmente nuestra situación. Gloria nos pone sobre la mesa un ejemplo doloroso.

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Se va Margarita Salas, queda su legado y su ejemplo

La Biología Molecular se nos ha quedado huérfana. Hemos despedido a Margarita Salas, una de nuestras científicas más ilustres, una investigadora incansable, un icono inspirador para toda una generación de científicas y científicos españoles. Nos deja un legado sobre el que podemos, todas y todos, auparnos 'en hombros de gigantas', y supone un ejemplo que ayuda a dar seguridad y confianza a todas las jóvenes que planean, inician o desarrollan ahora su carrera científica. 

Gracias al estudio de un virus que infecta bacterias, phi29, Margarita contribuyó de forma crucial a entender el mecanismo de copia del ADN. Consiguió un enorme éxito, reconocimiento mundial y una considerable contribución a la caja común; de hecho, es creadora de una de las patentes más rentables de la historia de España. Se granjeó el prestigio y el reconocimiento de la comunidad científica internacional a base de tesón y de trabajo duro.

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Y la ciencia, ¿pa' cuando?

Después de varios meses de inactividad, demoscopia y tacticismo partidista, estamos a apenas unos días de la fecha definitiva. Los partidos autodenominados progresistas tenían que decidir antes del martes 17 si serían capaces de negociar una coalición para formar gobierno, o si abandonaban toda pretensión de hacerlo en el futuro cercano y nos abocan a nuevas elecciones. El problema, mil veces repetido, es que mientras el tridente Sánchez-Calvo-Ábalos juega al escondite con sus propios votos, el país en general, y la administración pública en particular, acumula ya años de parálisis y desmantelamiento. Seguimos viviendo de las rentas, pero estas rentas se acaban.

La situación es tan crítica que hasta se hace difícil hablar de ciencia e innovación. Con la brecha social creciendo sin detenerse, familias enteras condenadas a no salir nunca de la pobreza extrema, el acceso a la vivienda convertido en una emergencia social, una sanidad y una educación en las que se utiliza un deterioro programado mediante recortes para justificar y financiar su creciente privatización, una justicia totalmente desprestigiada por la infiltración partidista y sectaria, y una corrupción inacabable que nos cuesta 90.000 millones de euros al año (casi 6 veces más que la inversión anual en I+D), cuesta creer que nuestra investigación puede tener una mínima relevancia dentro de la serie de reformas urgentes que tendría que abordar el nuevo gobierno.

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Verdades, mentiras y la opinión sesgada sobre datos y hechos

Hace tiempo nos proponían participar en un debate supuestamente crítico sobre la evolución biológica en una mesa redonda que incluía a algunos altos responsables de la Iglesia Católica. La equidistancia y el relativismo lo admite todo. Podemos hablar de casi cualquier cosa, aunque los biólogos evolutivos y los obispos nos movamos en mundos muy alejados y de improbable intercambio y comprensión recíproca. Sin embargo, decidimos que, lógicamente, sólo cabía rechazar la invitación. ¿De qué vamos a hablar con esos señores? (Eran todos hombres, claro). La gente de ciencia nos movemos en el marco de la razón, del método científico, de la argumentación basada en evidencia contrastable y de la discusión ordenada. Fuera de ese marco, íbamos a ser solo unos tertulianos más, hablando de cualquier cosa y sin que necesariamente seamos más autorizados y confiables que cualquier otro ciudadano. Con nuestra presencia estaríamos legitimando la postura de quienes rechazan el debate honesto al aceptar un intercambio de opiniones vacío de su elemento principal: el contraste con los hechos. Puede que nos equivocáramos al rechazar la invitación.

Por supuesto que no fuimos los primeros que nos enfrentábamos a esta decisión. Es muy conocido el debate que se produjo sobre evolución y creacionismo, hace unos años, entre Bill Nye, comunicador científico, y Ken Ham, presidente del Museo de Kentucky sobre la Creación. Como muchos críticos ya anticiparon, el gran ganador fue Ken Ham. A pesar de la vacuidad de sus argumentos, la mera celebración del debate consiguió presentarlo en pie de igualdad con los científicos de su época.

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Catedráticos sin experiencia docente ni de gestión

Como casi cada año, este verano hemos vuelto a ser testigos de un nuevo coro de críticas a la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA), el organismo encargado de mejorar la gestión de la calidad en las Universidades españolas. Durante varias semanas, la ANECA ha acaparado titulares y noticias. Todos tirando piedras contra ella porque una serie de buenos investigadores no han recibido la acreditación para catedráticos. Tono de escándalo y desesperanza en afectados y periodistas. Propuestas de revisión de los procedimientos, o incluso de cierre, de la Agencia y estupor en los que están fuera de nuestras universidades públicas. Sí, es cierto, no parece razonable lo que ha ocurrido, y podemos concluir que hay que revisar y mejorar los procedimientos de evaluación. Pero tampoco se puede dejar de reconocer lo que las acreditaciones han supuesto para un tejido universitario que, tras cuarenta años de franquismo, estaba profundamente afectado por los tan ibéricos vicios del nepotismo, la endogamia y el provincianismo académico. ¡Memoria, por favor! 

Debe ser como el mito del escorpión, va en nuestra naturaleza picar y, en este caso, olvidar de dónde venimos y lo que el sistema de acreditación ha supuesto. El sistema actual de evaluación está plagado de problemas, sin duda. Pero debemos recordar por qué se lanzó y cuál era el desierto que exigió a gritos algo similar a lo que tenemos con la ANECA. Y debemos también reconocer que la mayoría de esos problemas no proviene sino de la inercia del sistema anterior, el mismo que trataba de corregir, y que se puso rápidamente en movimiento para descafeinar cada incremento de exigencia que iba tratando de incorporar la Agencia. Y que reformar la ANECA o suprimirla no va a solucionar los tres principales problemas del sistema español de contratación del profesorado universitario: la burocratización, la incoherencia legislativa y la endogamia

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