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Adrián Escudero

Adrián Escudero es doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es catedrático de Ecología en la Universidad Rey Juan Carlos en Madrid.

Desiertos prístinos y bosques desiertos: revisando algunos tópicos sobre la desertificación

El celebérrimo E.O. Wilson, de la siempre prestigiosa Universidad de Harvard, popularizó el término de biofilia acuñado por el filósofo Erich Fromm para hacer referencia a la supuesta inclinación positiva que tenemos hacia la diversidad biológica. Según estos autores cuanta más biodiversidad en nuestro entorno, mejor nos encontramos. Se utilizó, sobre todo, para agitar conciencias y señalar uno de los mayores problemas de carácter global a los que nos enfrentamos: la dramática pérdida de diversidad biológica que vivimos como consecuencia del cambio global. Tuvo éxito y hoy vemos el término por doquier en todo tipo de contextos, sea en el proyecto educativo y musical pilotado por la cantante Björk o dando amparo a los premios Frontera del Conocimiento de la Fundación BBVA.

¿Existe o no la biofilia, más allá de como un recurso comunicativo? ¿O es más bien un ejemplo más de términos que, propuestos en marcos muy concretos, saltan a otros contextos para ser ampliamente utilizados incorporando sesgos semánticos y conceptuales profundamente irracionales?

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La Universidad Rey Juan Carlos en positivo: una carta para nuestros alumnos, sus familiares y sus amigos

Casi anestesiados por la lluvia que no cesa de escándalos de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) aventados por la prensa, de chistes poco imaginativos en los bares, de caras de sorpresa o dolor de los que nos quieren, gritando sin abrir la boca, de indignación y frustración de los que están con nosotros, que conocen nuestro esfuerzo de cada día, parece absurdo volver a repetir que todo ha resultado del quehacer torticero y deshonesto de unos pocos, combinado, quizás, con una exacerbación de los problemas de gobernanza de nuestro sistema público de universidades a los que nunca se ha querido o se ha sabido meter mano. Los colegas de profesión, no sólo españoles, nos dan su apoyo mientras los chicos y chicas que trabajan y se forman en nuestras aulas y laboratorios se dan de bruces con dificultades extra para desarrollar una carrera científica en nuestro país mientras ahí fuera su esfuerzo es vilipendiado o cuando menos ridiculizado.

No sé, solo queda contar lo que hacemos y poner números de nuestro desempeño sobre la mesa. Puede que sólo alguno de vosotros sea consciente de que llevamos instalados en el buque de Ciencia Crítica desde el principio de la aventura del eldiario.es, realizando su trabajo en la universidad, en la URJC más concretamente. Desnudémonos delante de todos para que quede claro lo injusto y desatinado que es abandonar a los que trabajamos allí. En la URJC intentamos llevar a cabo nuestro servicio público como investigadores, docentes y trabajadores honestos. Como Umbral en su día, hoy hemos venido a hablar de nuestro libro; de lo que hemos hecho unos cuantos investigadores en este entorno; en realidad, la mayoría, porque los ejemplos de buen hacer en la URJC son numerosos. Da pudor, mucho, pero no sé cómo se puede ayudar de otra manera a los estudiantes que osan completar sus grados y sus másteres con nosotros, a todos aquellos que están haciendo sus tesis doctorales o se forman como investigadores postdoctorales aquí, gente que viene de rincones diversos del planeta y que tienen que vivir con ese estigma y, por supuesto, a los profesores, profesoras y personal de administración que desarrollan su trabajo a nuestro lado. Nuestro grupo es un ejemplo entre muchos, un exponente de lo que es una universidad pública, con sus méritos y sus limitaciones, y un caso que ilustra bien lo injusto de generalizar a partir de personas y actividades extremas que están de hecho siendo analizadas en sede judicial.

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Restauración ecológica y cambio climático II: las soluciones

El cambio climático está aquí para quedarse. Por un buen tiempo. Eso ya nadie lo duda, salvo unos pocos desinformados y unos no tan pocos desalmados. Lo que nos queda por aprender ahora es cómo podemos mitigarlo y hasta qué punto podemos adaptarnos a la dimensión del cambio que no va a poder frenarse en el corto plazo. Una de las principales preocupaciones que se suman a las relacionadas con sus efectos directos sobre la salud y el bienestar humanos es la alteración de numerosos procesos ecológicos que lleva asociada el cambio climático. Estas alteraciones afectan a su vez a numerosos bienes y servicios ecosistémicos que necesitamos en nuestro día a día, bienes y servicios que se ven también alterados por la degradación directa de los ecosistemas a través de la fragmentación, los cambios de uso del territorio, la sobreexplotación de recursos como el agua o la introducción de especies exóticas, por ejemplo. Esta combinación de ecosistemas degradados que se ven crecientemente amenazados por cambios en el clima constituye uno de los principales desafíos de la restauración ecológica del siglo XXI. 

Entre los servicios ambientales con mayor probabilidad de ser recuperados a través de acciones de restauración ecológica destacan los siguientes: 

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Restauración ecológica y cambio climático I: el desafío

Restaurar en sentido estricto significa arreglar algo que se ha roto y ponerlo en el estado que antes tenía. Sin embargo, si consideramos los escenarios de cambio climático más probables, la restauración de los ecosistemas degradados se enfrenta a una paradoja difícil de resolver: mirar al pasado como referencia para recuperar lo que se ha perdido o mirar al futuro para regenerar ecosistemas capaces de adaptarse a lo que viene. La restauración ecológica, según la SER, la  sociedad internacional que la investiga, coordina y apoya desde el conocimiento científico y técnico, consiste en ayudar a los ecosistemas que han sido degradados, dañados o destruidos a que recuperen su capacidad de producir bienes y servicios ambientales como las materias primas, la depuración del agua o del aire o la regulación del clima. La clave para una restauración de ecosistemas eficiente y actual radica precisamente en encontrar un equilibrio entre el pasado y el futuro. El compromiso con la historia de un territorio a la hora de restaurarlo permite comprender la gama de ecosistemas que un lugar concreto puede albergar, así como la disposición de los organismos y especies que forman o han formado parte de ellos. Mirar hacia el futuro, sin embargo, es vital cuando lo que nos preocupa es reconciliar la recuperación de un ecosistema con nuestro propio desarrollo socio-económico y con el cambio ambiental global que ello acarrea. Estamos hablando de pasar de una restauración convencional en la que se trata de recuperar una foto fija donde los actores (las especies) son “las de siempre” a una restauración moderna en la que lo que prima es la recuperación de procesos y funciones ecológicas, con cierta independencia del elenco (de especies) que hace posible dichas funciones.

 

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La importancia de ser autor

La mitología asociada a la ciencia y a los profesionales de la ciencia es gigantesca. Para hacernos una idea basta recordar ese estereotipo de científico que aparece en las películas: un señor, hombre por supuesto, canoso y de pelo revuelto, con un matraz humeante en la mano, una pizarra detrás llena de ecuaciones, extraordinariamente distraído y vestido con una bata blanca. En realidad, los científicos somos tan diversos como ocurre en el resto de actividades humanas y nuestro único denominador común es que generamos conocimiento que, normalmente, sintetizamos en publicaciones científicas. 

Así resumido es muy desmotivador y probablemente muy poco romántico, pero es la verdad. Lo que hacemos es publicar lo que somos capaces de ir resolviendo para que el resto de nuestros colegas puedan ir subiendo el listón de lo conocido con nuestra contribución. Poco glamuroso, pero es una visión realista y profesional. No somos superhéroes, sólo artesanos de la ciencia que en vez de levantar botijos en un torno y luego venderlos como haría un alfarero, planificamos y llevamos a cabo experimentos y observaciones del mundo que nos rodea, analizamos los datos que generamos y producimos publicaciones científicas. 

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El valor ambiental y económico de no hacer

Nadie hubiera pensado que dejar sin edificar las hectáreas de bosque y jardín que ahora conforman Central Park en el corazón de Manhattan traería tanta riqueza. La ocasión perdida de construir más rascacielos se convirtió en algo que no sólo mejoró la calidad de vida de miles de neoyorquinos, sino que aumentó desproporcionadamente el valor de las viviendas construidas en sus alrededores y acabó confiriendo un estilo irrepetible a la Gran Manzana.

Si a los miles de urbanistas e ingenieros que hoy están haciendo planes para edificar y artificializar millones de hectáreas del planeta pudiéramos mostrarles el valor que esas hectáreas podrían tener si al menos una parte se dejan como están estaríamos contribuyendo decididamente a aumentar la sostenibilidad global de nuestro desarrollo. Pero para lograr detener algunas de estas actuaciones necesitamos bastante más que la difusión del conocimiento ecológico y socioeconómico moderno. Necesitamos que alguien nos haga un préstamo. Un préstamo para hacer frente a la tentación del dinero fácil. Y hablamos de mucho dinero y a un plazo muy largo.

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La tesis de Pedro Sánchez y la vergüenza de los másteres para políticos revelan nuestra falta de cultura científica

Aún estamos asolados por el tsunami del máster de Cristina Cifuentes y las torticeras y cortesanas actuaciones de Instituto de Derecho Público asociado a la Universidad Rey Juan Carlos que fue pilotado por el catedrático Alvárez Conde. Por ello resulta muy difícil hacer un análisis sosegado sobre lo que ha pasado con la tesis de Pedro Sánchez y lo que está pasando con los diversos políticos, desde Francisco Camps en su día con su elusiva tesis doctoral hasta las nuevas irregularidades en los másteres del presidente del Partido Popular  Pablo Casado y la ministra de Sanidad Carmen Montón. La conexión entre másteres y tesis doctorales es estrecha, recordemos que el máster es un prerrequisito para obtener el doctorado y que en muchos de estos másteres se inician los estudios que acaban dando lugar a una tesis doctoral. Para intentar arrojar algo de luz en estos escabrosos asuntos podemos mover un poco el foco y situarlo en el doctorado llevado a cabo por nuestro presidente, el Dr. Pedro Sánchez, quien en 2011, "defendió" su tesis doctoral que lleva por título Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público (2000-2012). La tesis de Pedro Sánchez se encuentra en la Universidad Camilo José Cela, la cual no permite su consulta salvo condiciones especiales y autorización previa del autor de la misma. En la práctica, la tesis no es pública y el 18 de Agosto de este año se le dio al Dr. Sánchez un plazo de 30 días para hacerla pública o explicar los motivos por los que no hacerlo. Los miles de tesis que se defienden en nuestro país cada año no solo son públicas sino que sus autores y directores se esfuerzan porque puedan ser leídas y consultadas con facilidad. 

Para poder profundizar en este asunto debemos de tener claro que la formación doctoral constituye un requisito necesario para seguir la carrera académica, es decir, para ingresar en el cuerpo de docentes e investigadores del sistema público de universidades y organismos de investigación. Sobre todo, la tesis doctoral se trata de un paso fundamental para desarrollar una carrera investigadora. Esto quiere decir que la tesis doctoral tal como la entendemos desde hace muchos años, sería una especie de MIR para el ámbito de la investigación y la ciencia. Resulta crítico para obtener este logro curricular demostrar que se es capaz de desarrollar de manera autónoma la actividad propia de un investigador científico. Los asiduos de nuestra columna de Ciencia Crítica saben bien a qué nos referimos, el nuevo profesional de la ciencia debe de ser capaz de abordar una investigación en todas sus fases; desde preparar un proyecto de investigación, diseñar unos experimentos, analizar los datos, y, sobre todo, dar visibilidad a lo hecho, es decir ser capaz de publicar en revistas de prestigio lo que se ha desarrollado. Si esos estadios no se han superado con éxito, no debería de estarse en disposición de obtener el título de doctor. Hoy en día la mayor parte de las Escuela de Doctorado, exigen la publicación en revistas competitivas de alguno de los resultados del trabajo llevado a cabo con la tesis. 

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Lo que la ciencia española necesitaría ahora de los políticos

La ejecución de los proyectos científicos y el avance de las distintas líneas de investigación se enfrenta en estos momentos en nuestro país a un calvario burocrático que obliga a devolver fondos por no poder gastarlos, a cancelar compromisos de colaboraciones internacionales por no poder ponerlas en práctica y a dejar sin contratar a cientos de personas durante meses a pesar de contar con el dinero para hacerlo. La aplicación de la nueva Ley de Contratos del Sector Público se ha añadido al elevado nivel de burocratización que arrastra la ciencia española durante los últimos años. La transposición de esta directiva europea sin la exención para actividades de I+D+i de otros países europeos amenaza con paralizar la actividad de la mayoría de las instituciones públicas de investigación.

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Titulitis o la mercantilización de la formación superior

Hemos visto en las últimas semanas un gran trasiego de títulos universitarios en los medios de comunicación, con el máster irregular de Cristina Cifuentes, que ha terminado empujando a la dimisión de todos sus cargos políticos, ocupando una gran atención. Hemos asistido a la perplejidad de la expresidenta de la Comunidad de Madrid por el mero hecho de hacerse público que hubiera comprado un título de máster. La perplejidad ha sido probablemente genuina ya que nadie se escandaliza si compra una lubina o un solomillo. Cierto que la compra del título involucró en este caso la falsificación de documentos públicos y esas cosillas, pero al fin y al cabo eso es como cuando le quitan la grasa sobrante al solomillo en la carnicería o las escamas y tripas a la lubina en la pescadería, ¿sabe usted?

Para entender la sorpresa de Cifuentes es necesario comprender el contexto político y social en el que se desarrolla la obtención fraudulenta de su título. Y ese contexto incluye, en primera página, la mercantilización de la “formación”. Hace unos días, El País publicaba un artículo explicando que la empresa privada cada vez se fija menos en los títulos universitarios a la hora de contratar personal. Si en los años 70 del pasado siglo un título universitario poco menos que garantizaba un buen empleo de por vida (sobre todo en determinadas profesiones), hoy en día miles de jóvenes en paro acumulan títulos universitarios como el que colecciona cromos y con similares efectos sobre su futuro laboral.

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Una corte i-real

Entender el caso de la presidenta o el de otros aristócratas de la política como el prometedor Casado exigen un esfuerzo de análisis retrospectivo y alguna propuesta prospectiva. No sé muy bien qué es la verdad jurídica ni cómo se accede a ella, pero si lo que es la verdad estadística. Seguro que son las limitaciones propias de alguien que se dedica a ciencia básica. Las evidencias acumuladas hacen imposible tener dudas sobre lo que ha ocurrido. Si se tratase de apostar, uno se jugaría el sueldo de un año. Ganaría; la presidenta no hizo nada del máster o como mucho pagar a destiempo. La pregunta retórica es evidente, ¿qué ha ocurrido?  Quizás pueda sorprender a alguien, pero la respuesta no hay que buscarla exclusivamente en los campus de la URJC.

La conformación de una corte alrededor de los nuevos príncipes y princesas que ostentan el poder está conectada con el quehacer histórico de nuestros gobiernos. La sacralización de la monarquía parlamentaria y la paradoja implícita, de que todos somos iguales menos algunos, nuestra familia real, dibuja la justificación ética necesaria para ejercer la diferencia. De una manera racional o no, nuestros líderes políticos se consideran monarcas en ciernes, o en algunos casos monarcas absolutos bien consolidados. En ese marco, no son pocos los que rinden pleitesía como cortesanos a los nuevos príncipes. Ver la cara de la presidente y su perplejidad con lo que le está pasando es sintomático. Ella parece creer firmemente que no ha hecho nada; alguien probablemente le ofreció un máster en ese marco de dádivas y regalos mutuos; y lo acepto sin darle ninguna importancia. Para ella es una persecución porque lo que ha emergido es una nimiedad; pero si yo tengo ya el nivel de abogado que es el que me daba ese título de máster. Lo de mentir es la trampa en la que se ha metido por soberbia y probablemente por falta de formación en valores y ciudadanía ética y responsable. Suena a sermón, pero lo creo profundamente; hacer carrera en el seno de los partidos políticos puede requerir habilidades muy concretas, pero desde luego parece que lo de asumir los errores es algo que no se trabaja mucho.

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