eldiario.es

9

Síguenos:

Boletines

Boletines

Adrián Escudero

Adrián Escudero es doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente es catedrático de Ecología en la Universidad Rey Juan Carlos en Madrid.

Ciencia en positivo: Yes, we can!

Hace cosa de un mes coincidimos con dos investigadores muy jóvenes y brillantes de nuestra abarrotada diáspora internacional. Los conocemos bien porque han trabajado en el entorno de nuestro departamento y sólo cabe decir que son realmente buenos. Al preguntarles por su futuro nos comentaron que habían conseguido sendos contratos Ramón y Cajal, que, para quien no lo sepa, son la joya de la corona de un sistema de captación de talento científico organizado y financiado por el ministerio de turno (nuestras excusas por no completar el nombre, porque la ciencia ha pasado por cuatro ministerios diferentes en las últimas dos décadas, y con las elecciones anticipadas encima, cualquiera se aventura con el nombre del próximo). 

Ya hemos escrito muchas veces sobre las dificultades para desarrollar una carrera investigadora en nuestro país y lo paradójico que resulta que, como leíamos el otro día en El País, más del 50 % de los profesores universitarios no investiga nada o casi nada, y por otro lado nuestros investigadores postdoctorales (o “postdocs”) son investigadores muy valorados internacionalmente. Nuestros postdocs se cuentan entre los candidatos más cualificados y de mejor desempeño en el mercado internacional y, sin embargo, no hay manera de traerlos de vuelta de una manera digna. El programa Ramón y Cajal cuenta con una financiación escasa y la incorporación final de los contratados en el sistema de I+D+i de nuestro país es bastante incierta, pero sin duda consigue el objetivo de atraer y retener a una fracción de los mejores científicos. Se trata de un sistema extraordinariamente competitivo que permite retornar a lo mejor que hay por ahí fuera, retener algo del talento que ya volvió, e incluso atraer investigadores extranjeros con trayectorias prometedoras. Un sistema que por fortuna se ha mantenido de forma transversal independientemente del color político del ejecutivo, aunque con las obvias dificultades de financiación introducidas con la excusa de la crisis y mantenidas hasta ahora. Podemos estar orgullosos de algunas cosas que se hacen razonablemente bien en este país. 

Seguir leyendo »

¡Qué derecho tuerces!

Los homeópatas venden agua con azúcar en farmacias para curar casi todo. Los negacionistas del cambio climático dicen que la Tierra se ha calentado más rápido otras veces en el pasado sin la intervención humana. Muchos políticos prometen mejoras sociales bajando impuestos a partir de su interpretación de los modelos económicos. Bastantes deportistas afirman aún hoy en día que las agujetas son debidas a microcristales de ácido láctico. En las playas se escucha a los padres prohibir el baño a sus hijos porque se les cortará la digestión. En los bares y en las televisiones los hay que insisten en que la igualdad de las mujeres y los hombres se logró en España hace ya muchos años. Lo único que tienen en común todas estas situaciones, además de apoyarse en el error, es que quienes las defienden lo hacen con mucha rotundidad. Como si las alternativas fueran imposibles o puros disparates. Un provocador artículo reveló hace ahora veinte años la base científica de que los incompetentes se muestren muy seguros. Se conoce como el efecto Dunning-Kruger y ha vuelto a suscitar mucha investigación tras la victoria de Trump en las elecciones norteamericanas de 2017. 

El estudio mostró, sin apenas margen para la duda, que las personas que peor resolvieron los tests se mostraron, sin embargo, más seguros de haberlos hecho bien. El trabajo fue sencillo, claro y estuvo bien diseñado. Las implicaciones son terribles. Los resultados confirmaban la hipótesis de los autores que se apoyaba, a su vez, en la afirmación "la ignorancia engendra confianza con más frecuencia que el conocimiento" del mismísimo Charles Darwin en 1871 y que entroncaba a su vez con la tradición socrática de que "el auténtico conocimiento es saber que no se sabe nada". Pero los propios Dunning y Kruger, autores del trabajo inicial, se quedaron sorprendidos por la potencia y claridad de los resultados de sus encuestas. El patrón era general entre diferentes grupos sociales y se mantenía independientemente de los contenidos del test. 

Seguir leyendo »

Replanteando el modelo de publicación y de acceso a la información científica

La publicación de trabajos científicos está dominada por un reducido grupo de empresas editoriales que operan con márgenes de beneficio desorbitados de hasta el 40% [1]. A pesar del presupuesto limitado con el que cuenta el sistema científico español desde hace años, el conjunto de universidades y organismos públicos de investigación de nuestro país mantiene ungasto ingente (decenas de millones de euros anuales) para poder acceder a las bases de datos y publicaciones editadas por las grandes editoriales. Por ejemplo, la suscripción a la base de datos Scopus (propiedad de Elsevier) nos cuesta más de 2 millones de euros al año [2], y la suscripción a Web of Science (propiedad de Clarivate) se estima que cuesta más de 3 millones de euros al año. A pesar de que a menudo se vende el acceso a estas bases de datos como indispensables para los científicos, actualmente existen alternativas gratuitas viables y con prestaciones similares [3,4] (e.g. Google Scholar, MS Academic, Dimensions, 1findr, ...). 

Los costes de suscripción para poder acceder al contenido de revistas científicas son aún más impactantes [5] y con constantes subidas de precios anuales. Por ejemplo, se estima que España paga unos 25 millones de euros anuales [6] sólo para poder leer los contenidos publicados en Elsevier. Para hacernos una idea de la magnitud de esta cifra, esa cantidad es equiparable [7] a lo que se invierte anualmente en todo el programa postdoctoral Juan de la Cierva. El beneficio económico de estas grandes editoriales contrasta con el hecho de que la inmensa mayoría de editores, autores y revisores realizan su trabajo de asesoramiento y revisión de manera gratuita. Un primer paso imprescindible es conocer el gasto real de forma fiable exigiendo más transparencia sobre los costes de las licencias tanto de bases de datos como de revistas. 

Seguir leyendo »

Desiertos prístinos y bosques desiertos: revisando algunos tópicos sobre la desertificación

El celebérrimo E.O. Wilson, de la siempre prestigiosa Universidad de Harvard, popularizó el término de biofilia acuñado por el filósofo Erich Fromm para hacer referencia a la supuesta inclinación positiva que tenemos hacia la diversidad biológica. Según estos autores cuanta más biodiversidad en nuestro entorno, mejor nos encontramos. Se utilizó, sobre todo, para agitar conciencias y señalar uno de los mayores problemas de carácter global a los que nos enfrentamos: la dramática pérdida de diversidad biológica que vivimos como consecuencia del cambio global. Tuvo éxito y hoy vemos el término por doquier en todo tipo de contextos, sea en el proyecto educativo y musical pilotado por la cantante Björk o dando amparo a los premios Frontera del Conocimiento de la Fundación BBVA.

¿Existe o no la biofilia, más allá de como un recurso comunicativo? ¿O es más bien un ejemplo más de términos que, propuestos en marcos muy concretos, saltan a otros contextos para ser ampliamente utilizados incorporando sesgos semánticos y conceptuales profundamente irracionales?

Seguir leyendo »

La Universidad Rey Juan Carlos en positivo: una carta para nuestros alumnos, sus familiares y sus amigos

Casi anestesiados por la lluvia que no cesa de escándalos de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) aventados por la prensa, de chistes poco imaginativos en los bares, de caras de sorpresa o dolor de los que nos quieren, gritando sin abrir la boca, de indignación y frustración de los que están con nosotros, que conocen nuestro esfuerzo de cada día, parece absurdo volver a repetir que todo ha resultado del quehacer torticero y deshonesto de unos pocos, combinado, quizás, con una exacerbación de los problemas de gobernanza de nuestro sistema público de universidades a los que nunca se ha querido o se ha sabido meter mano. Los colegas de profesión, no sólo españoles, nos dan su apoyo mientras los chicos y chicas que trabajan y se forman en nuestras aulas y laboratorios se dan de bruces con dificultades extra para desarrollar una carrera científica en nuestro país mientras ahí fuera su esfuerzo es vilipendiado o cuando menos ridiculizado.

No sé, solo queda contar lo que hacemos y poner números de nuestro desempeño sobre la mesa. Puede que sólo alguno de vosotros sea consciente de que llevamos instalados en el buque de Ciencia Crítica desde el principio de la aventura del eldiario.es, realizando su trabajo en la universidad, en la URJC más concretamente. Desnudémonos delante de todos para que quede claro lo injusto y desatinado que es abandonar a los que trabajamos allí. En la URJC intentamos llevar a cabo nuestro servicio público como investigadores, docentes y trabajadores honestos. Como Umbral en su día, hoy hemos venido a hablar de nuestro libro; de lo que hemos hecho unos cuantos investigadores en este entorno; en realidad, la mayoría, porque los ejemplos de buen hacer en la URJC son numerosos. Da pudor, mucho, pero no sé cómo se puede ayudar de otra manera a los estudiantes que osan completar sus grados y sus másteres con nosotros, a todos aquellos que están haciendo sus tesis doctorales o se forman como investigadores postdoctorales aquí, gente que viene de rincones diversos del planeta y que tienen que vivir con ese estigma y, por supuesto, a los profesores, profesoras y personal de administración que desarrollan su trabajo a nuestro lado. Nuestro grupo es un ejemplo entre muchos, un exponente de lo que es una universidad pública, con sus méritos y sus limitaciones, y un caso que ilustra bien lo injusto de generalizar a partir de personas y actividades extremas que están de hecho siendo analizadas en sede judicial.

Seguir leyendo »

Restauración ecológica y cambio climático II: las soluciones

El cambio climático está aquí para quedarse. Por un buen tiempo. Eso ya nadie lo duda, salvo unos pocos desinformados y unos no tan pocos desalmados. Lo que nos queda por aprender ahora es cómo podemos mitigarlo y hasta qué punto podemos adaptarnos a la dimensión del cambio que no va a poder frenarse en el corto plazo. Una de las principales preocupaciones que se suman a las relacionadas con sus efectos directos sobre la salud y el bienestar humanos es la alteración de numerosos procesos ecológicos que lleva asociada el cambio climático. Estas alteraciones afectan a su vez a numerosos bienes y servicios ecosistémicos que necesitamos en nuestro día a día, bienes y servicios que se ven también alterados por la degradación directa de los ecosistemas a través de la fragmentación, los cambios de uso del territorio, la sobreexplotación de recursos como el agua o la introducción de especies exóticas, por ejemplo. Esta combinación de ecosistemas degradados que se ven crecientemente amenazados por cambios en el clima constituye uno de los principales desafíos de la restauración ecológica del siglo XXI. 

Entre los servicios ambientales con mayor probabilidad de ser recuperados a través de acciones de restauración ecológica destacan los siguientes: 

Seguir leyendo »

Restauración ecológica y cambio climático I: el desafío

Restaurar en sentido estricto significa arreglar algo que se ha roto y ponerlo en el estado que antes tenía. Sin embargo, si consideramos los escenarios de cambio climático más probables, la restauración de los ecosistemas degradados se enfrenta a una paradoja difícil de resolver: mirar al pasado como referencia para recuperar lo que se ha perdido o mirar al futuro para regenerar ecosistemas capaces de adaptarse a lo que viene. La restauración ecológica, según la SER, la  sociedad internacional que la investiga, coordina y apoya desde el conocimiento científico y técnico, consiste en ayudar a los ecosistemas que han sido degradados, dañados o destruidos a que recuperen su capacidad de producir bienes y servicios ambientales como las materias primas, la depuración del agua o del aire o la regulación del clima. La clave para una restauración de ecosistemas eficiente y actual radica precisamente en encontrar un equilibrio entre el pasado y el futuro. El compromiso con la historia de un territorio a la hora de restaurarlo permite comprender la gama de ecosistemas que un lugar concreto puede albergar, así como la disposición de los organismos y especies que forman o han formado parte de ellos. Mirar hacia el futuro, sin embargo, es vital cuando lo que nos preocupa es reconciliar la recuperación de un ecosistema con nuestro propio desarrollo socio-económico y con el cambio ambiental global que ello acarrea. Estamos hablando de pasar de una restauración convencional en la que se trata de recuperar una foto fija donde los actores (las especies) son “las de siempre” a una restauración moderna en la que lo que prima es la recuperación de procesos y funciones ecológicas, con cierta independencia del elenco (de especies) que hace posible dichas funciones.

 

Seguir leyendo »

La importancia de ser autor

La mitología asociada a la ciencia y a los profesionales de la ciencia es gigantesca. Para hacernos una idea basta recordar ese estereotipo de científico que aparece en las películas: un señor, hombre por supuesto, canoso y de pelo revuelto, con un matraz humeante en la mano, una pizarra detrás llena de ecuaciones, extraordinariamente distraído y vestido con una bata blanca. En realidad, los científicos somos tan diversos como ocurre en el resto de actividades humanas y nuestro único denominador común es que generamos conocimiento que, normalmente, sintetizamos en publicaciones científicas. 

Así resumido es muy desmotivador y probablemente muy poco romántico, pero es la verdad. Lo que hacemos es publicar lo que somos capaces de ir resolviendo para que el resto de nuestros colegas puedan ir subiendo el listón de lo conocido con nuestra contribución. Poco glamuroso, pero es una visión realista y profesional. No somos superhéroes, sólo artesanos de la ciencia que en vez de levantar botijos en un torno y luego venderlos como haría un alfarero, planificamos y llevamos a cabo experimentos y observaciones del mundo que nos rodea, analizamos los datos que generamos y producimos publicaciones científicas. 

Seguir leyendo »

El valor ambiental y económico de no hacer

Nadie hubiera pensado que dejar sin edificar las hectáreas de bosque y jardín que ahora conforman Central Park en el corazón de Manhattan traería tanta riqueza. La ocasión perdida de construir más rascacielos se convirtió en algo que no sólo mejoró la calidad de vida de miles de neoyorquinos, sino que aumentó desproporcionadamente el valor de las viviendas construidas en sus alrededores y acabó confiriendo un estilo irrepetible a la Gran Manzana.

Si a los miles de urbanistas e ingenieros que hoy están haciendo planes para edificar y artificializar millones de hectáreas del planeta pudiéramos mostrarles el valor que esas hectáreas podrían tener si al menos una parte se dejan como están estaríamos contribuyendo decididamente a aumentar la sostenibilidad global de nuestro desarrollo. Pero para lograr detener algunas de estas actuaciones necesitamos bastante más que la difusión del conocimiento ecológico y socioeconómico moderno. Necesitamos que alguien nos haga un préstamo. Un préstamo para hacer frente a la tentación del dinero fácil. Y hablamos de mucho dinero y a un plazo muy largo.

Seguir leyendo »

La tesis de Pedro Sánchez y la vergüenza de los másteres para políticos revelan nuestra falta de cultura científica

Aún estamos asolados por el tsunami del máster de Cristina Cifuentes y las torticeras y cortesanas actuaciones de Instituto de Derecho Público asociado a la Universidad Rey Juan Carlos que fue pilotado por el catedrático Alvárez Conde. Por ello resulta muy difícil hacer un análisis sosegado sobre lo que ha pasado con la tesis de Pedro Sánchez y lo que está pasando con los diversos políticos, desde Francisco Camps en su día con su elusiva tesis doctoral hasta las nuevas irregularidades en los másteres del presidente del Partido Popular Pablo Casado y la ministra de Sanidad Carmen Montón. La conexión entre másteres y tesis doctorales es estrecha, recordemos que el máster es un prerrequisito para obtener el doctorado y que en muchos de estos másteres se inician los estudios que acaban dando lugar a una tesis doctoral. Para intentar arrojar algo de luz en estos escabrosos asuntos podemos mover un poco el foco y situarlo en el doctorado llevado a cabo por nuestro presidente, el Dr. Pedro Sánchez, quien en 2011, "defendió" su tesis doctoral que lleva por título Innovaciones de la diplomacia económica española: análisis del sector público (2000-2012). La tesis de Pedro Sánchez se encuentra en la Universidad Camilo José Cela, la cual no permite su consulta salvo condiciones especiales y autorización previa del autor de la misma. En la práctica, la tesis no es pública y el 18 de Agosto de este año se le dio al Dr. Sánchez un plazo de 30 días para hacerla pública o explicar los motivos por los que no hacerlo. Los miles de tesis que se defienden en nuestro país cada año no solo son públicas sino que sus autores y directores se esfuerzan porque puedan ser leídas y consultadas con facilidad. 

Para poder profundizar en este asunto debemos de tener claro que la formación doctoral constituye un requisito necesario para seguir la carrera académica, es decir, para ingresar en el cuerpo de docentes e investigadores del sistema público de universidades y organismos de investigación. Sobre todo, la tesis doctoral se trata de un paso fundamental para desarrollar una carrera investigadora. Esto quiere decir que la tesis doctoral tal como la entendemos desde hace muchos años, sería una especie de MIR para el ámbito de la investigación y la ciencia. Resulta crítico para obtener este logro curricular demostrar que se es capaz de desarrollar de manera autónoma la actividad propia de un investigador científico. Los asiduos de nuestra columna de Ciencia Crítica saben bien a qué nos referimos, el nuevo profesional de la ciencia debe de ser capaz de abordar una investigación en todas sus fases; desde preparar un proyecto de investigación, diseñar unos experimentos, analizar los datos, y, sobre todo, dar visibilidad a lo hecho, es decir ser capaz de publicar en revistas de prestigio lo que se ha desarrollado. Si esos estadios no se han superado con éxito, no debería de estarse en disposición de obtener el título de doctor. Hoy en día la mayor parte de las Escuela de Doctorado, exigen la publicación en revistas competitivas de alguno de los resultados del trabajo llevado a cabo con la tesis. 

Seguir leyendo »