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Diegu San Gabriel

Estudié Historia para conocer el pasado, comprender el presente y escribir un futuro mejor. También con ese fin he participado en diversos colectivos sociales cántabros, así como en el sueño de coordinarlos en un frente común. Impulsor del diario digital EnfoCant, ahora aprendo como docente y comparto aquí mi molesta opinión sobre lo que nos rodea.

Cantabria, del país a la provincia: el nacimiento de 'larregión'

Suelo compartir, en fondo y redes, el trabajo que hace Desmemoriados por la memoria histórica de nuestra tierra, con un enfoque independiente que pone en valor la versión de las clases populares cántabras, tradicionalmente silenciadas. Por eso me ha sorprendido y decepcionado su última aportación, El nacimiento de una región: los orígenes de la autonomía de Cantabria, que básicamente se limita a reproducir la versión oficial sobre la cuestión, ocultando actores, acciones y realidades que yo sí quisiera que se pudieran visibilizar. Y lo haré en tres escritos: éste más centrado en la existencia de una conciencia de pueblo premoderna, otro sobre el republicanismo federalista y el proyecto de 'País Cántabro' durante la II República, y finalmente un tercero sobre aquellos que quisieron ir más allá de una Autonomía 'de segunda' durante la Transición.

Básicamente, el artículo de Desmemoriados bebe de una única teoría que se ha impuesto en buena parte del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad de Cantabria, y que, con cuestionable selección de fuentes y argumentación, viene publicando desde una posición que, en su versión más extrema, se demuestra simple y llanamente falsa: que hasta la llamada Transición, "siempre que se planteó la cuestión regional en Cantabria, se estableció desde una perspectiva castellanista" (Suárez Cortina en Casonas, hidalgos y linajes: La invención de la tradición cántabra, pág. 133). Así, tras la muerte del dictador, en una explicación que hace aguas por todas partes, se habría creado todo un ente autonómico sin aparente respaldo, sin existir prácticamente nada antes y pese a que (aunque en esto no suele hacerse hincapié) los oligarcas centrales y provinciales fueron activamente contrarios a ello, como puede comprobarse analizando la composición de ACECA (en Cantabria es Castilla de J. M. Codón) o la autodefinición de la AICC como una asociación "formada por políticos, comerciantes y constructores".

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La fobia invisible

Ocurrió este jueves, quizá ya lo hayan visto. Un neonazi sevillano, acompañado por otros dos que graban, se acerca a un chico que está tomando algo en una terraza de Bilbao: "Hombre, tú, 'Gabilondo', ¡arriba España!". Mientras, los acompañantes ríen. "¿Tú eres proetarra?" y sin esperar respuesta, con actitud de quien está acostumbrado a hacerlo, le arroja en la cara cerveza, al tiempo que comienza a golpearle; primero un tortazo, seguidamente una patada y un puñetazo, mientras el agredido huye. En unos angustiosos segundos, el musculado ultra le persigue hasta que el chico se introduce en el bar. Más risas de los presentes. "¡Asqueroso! ¡Proetarra!". Y con el suceso aparentemente concluido, el vídeo se corta.

La mayor parte de los medios, como ha ocurrido con el asesinato la semana pasada de un joven en Málaga a manos de dos neonazis, tratarán de despolitizar el origen de la agresión, vinculándola a la rivalidad futbolística, como ha hecho el ministro del Interior. El sujeto, que tiene la suerte de ser sevillano y no alsasuarra, y de dedicarse a golpear a semejantes en lugar de las teclas de un tuit, entre otros muchos antecedentes cuenta con una condena por agresión homófoba el pasado año, pero está en libertad, viviendo en sociedad. En principio, según declaraciones de la Policía autonómica vasca a EiTB, había quedado sin cargos, al no haber denuncia ni actuación de oficio, porque no se considera un delito de odio. Sin embargo, a nadie se le escapa que a ese joven le ha pegado un nazi simplemente por su aspecto y origen vasco; lo que ocurre es que tal cosa no está tipificado como lo que es.

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Los mitos por el embudo

Con motivo del reconocimiento oficial del Lábaru, apareció una sensibilidad nunca vista sobre el origen histórico de las enseñas. Bienvenida sea, porque a raíz de ello se despertó interés por otra (de tantas) parte desconocida de nuestra Historia, y descubrimos (no precisamente por la aportación de los negacionistas) el verdadero origen del Lábaru, que no es una enseña de la Antigüedad teletransportada como creían unos, pero tampoco un invento ex-novo de la Transición, como pretendían otros.

Poco después se publicó otro artículo en El Diario Montañés titulado '¿Quién fue realmente Corocotta?', en el que se cuestiona, en la línea razonable que sigue hoy toda la Historiografía, la interpretación "torera" del encuentro con Octavio Augusto, pero como ya ocurriera torticeramente en el caso del Lábaru, se atribuye ésta a un "invento nacionalista", al "chovinismo popular local", cuando en realidad es algo sobre lo que vienen especulando historiadores europeos desde hace siglos.

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El Laínzheimer a cuidar de la memoria

A finales de 2007, el Congreso de los Diputados aprobó la Ley de la Memoria Histórica, que teóricamente buscaba el reconocimiento de todas las víctimas de la Guerra Civil y la posterior dictadura de Franco. Entre sus disposiciones, establece que "objetos o menciones conmemorativas de exaltación personal o colectiva del levantamiento militar, de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura" deberán ser retirados de los edificios y espacios públicos.

Algunos colectivos en defensa de la memoria histórica republicana y antifascista, así como partidos de izquierda, criticaron esta ley, principalmente por no dar el paso de anular las sentencias dictadas por el aparato judicial del régimen franquista. Llegaron a presentar proyectos alternativos que restituían no sólo moral, sino también jurídicamente, a las víctimas de la Guerra y la Dictadura.

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Pasar la resaca

El viernes, por cortesía de Producciones Tudancas, asistí a un conciertazo en el New de Santander que me dejó muy buen sabor de boca. A mí y a otra treintena, porque no seríamos muchos más. No lo pude saborear plenamente, porque estaba al mismo tiempo disfrutando del punk-rap y reflexionando sobre el esfuerzo organizativo, de los músicos locales y los gastos que tenía detrás. Pero a la mañana siguiente -sería la resaca-, ya no lo entendí como otro caso aislado de escaso seguimiento de una iniciativa interesante, en este caso de ocio. Me pareció que era reflejo fiel de una realidad social más amplia, donde todo está interconectado.

El 15M supuso un "despertar colectivo" para amplios sectores de una sociedad que permanecía mayoritariamente pasiva, apolítica y derrotada. Abrió también un ciclo de movilizaciones que no se veía en años, como aquella manifestación de junio de 2011 con miles de personas recorriendo la capital cántabra durante horas. Las marchas contra las políticas del Gobierno (recortes, reforma educativa, tratados económicos internacionales…) no cosecharon logros tangibles en el corto plazo, generando un cierto desaliento que permitió canalizar de forma eminentemente electoral toda aquella indignación, como única vía visible de echar a esa casta política que hacía oídos sordos al pueblo. Pero la apuesta electoral, respetable, diría incluso que necesaria, si no es herramienta de un movimiento amplio que está detrás, con todas las dificultades del sistema liberal y todas las debilidades que tiene intrínsecamente, "no puede", como reconocen sus propios protagonistas.

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El origen del "Lábaru cántabro"

A raíz de la propuesta de ADIC para el reconocimiento institucional del Lábaru, diversas voces se han alzado para desacreditar la aceptación del símbolo. Se ha cuestionado el fundamento histórico de la enseña, su arraigo popular e incluso hay quienes han tratado de agitar viejos fantasmas con coordenadas renovadas. Dejando al margen, por burdo, esto último; y por evidente lo anterior; nos centraremos en contrastar los argumentos que, con razón o excusa histórica, se han vertido contra el símbolo que ya representa al pueblo cántabro, lo rubrique o no el Parlamento.

Alguien ha debido obnubilarse con el cedro de la bandera libanesa, deduciendo que las banderas salen de los árboles, para reprochar a las demás (o concretamente a ésta nuestra) ser "artificial" o "un invento". La bandera española, por ejemplo, fue elegida "a dedo" por el monarca Carlos III (el mismo que rechazó la Provincia de Cantabria) de entre las doce propuestas que le presentó su secretario de Estado para identificar a su armada naval.

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Competitivos por abajo

La economía autonómica no levanta cabeza. Nuestro modelo productivo, dependiente, heredero de la benidormización de Cantabria, basado en la explotación insostenible y la búsqueda de rentabilidad económica en el corto plazo, ha desembocado en paro y precariedad, aumentando la desigualdad. Entre campos de golf y puertos deportivos, la ganadería agoniza, la industria se desangra y la eventualidad del terraceo veraniego roza " máximos históricos".

Así que en lo económico, al viejo mantra de la "competitividad" se ha sumado el "cambio en el modelo productivo", que es algo así como la "regeneración democrática" en lo institucional: un asunto que los movimientos sociales han conseguido incorporar a agendas y discursos políticos, pero que sigue en manos de quienes no tienen intención de cambiar más que lo necesario para que nada cambie.

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La culpa de todo la tiene Victor d’Hont

Para qué hacer autocrítica cuando se puede buscar una cabeza de turco que justifique el fracaso. La ruptura de los Beatles encontró a Yoko Ono, la inferioridad del Real Madrid al villarato y la incapacidad electoral al sistema d’Hont, uno de esos famosos de los que todo el mundo habla pero a quien pocos conocen en realidad.

Porque la desigual relación entre votos y actas de diputado no tiene tanto que ver con este sistema de conversión de votos en escaños como con las circunscripciones provinciales. Al atribuirse dos diputados a cada provincia (uno en los casos de Ceuta y Melilla) y repartirse el resto por habitantes, las circunscripciones más despobladas ocupan pocos escaños que son copados por los partidos mayoritarios, quedando el resto de votos sin representación. Pero como buen chivo expiatorio, sobre las circunscripciones existe una profunda desinformación y una serie de tópicos infundados como que "unos partidos necesitan más votos que otros para lograr un escaño", "los votos de un lugar valen más" o que "los nacionalistas salen beneficiados".

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La otra AMA (Argoñeses Maltratados por la Administración)

El último intento gubernamental de amnistiar cientos de construcciones ilegales en el litoral cántabro ha sido abortado por los tribunales de justicia. El colectivo AMA (Asociación de Maltratados por la Administración), que agrupa a quienes adquirieron con licencia propiedades ilegales "para las que en el Ayuntamiento nos dijeron que no había ningún problema", ha protagonizado la reacción, calificando la sentencia de "nuevo golpe". En su línea, ha incidido en la vía de la legalización retroactiva y el pago de los daños morales para acabar con esta "tortura" que se prolonga ya más de dos décadas, asumiendo cada vez más la de la compensación económica o el realojo a través de la construcción de casas similares.

De quienes nadie ha hablado nunca es de las otras víctimas del ladrillazo: los naturales del territorio, que primero sufrimos la masificación urbanística de nuestros pueblos y ahora tendremos que hacer frente al pago de indemnizaciones públicas por valor de cientos de millones de euros.

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La apuesta de Podemos

El 15M reflejaba buena parte del "sentido común" político de la gente, que no está exento de falsas ideas inducidas. Por ejemplo, se oía en La Porticada tanto como en una barra de bar aquello de "todos los políticos son iguales", aunque no lo proclamaba el cuñado de turno que después vota al más "igual" de todos, sino un joven desesperado al ver alejarse sus expectativas pre-crisis. Yo solía contestar que era un pensamiento injusto y peligroso. Y para demostrarlo les hablaba de Esther García, que dignificó el oficio como nadie del entorno.

Esther llevaba tiempo denunciando que las tres siglas que entonces acaparaban y se repartían el poder político en la Comunidad Autónoma (PP, PRC y PSOE) representan el mismo modelo socio-económico para Cantabria. La única diferencia, matizaba, está en los empresarios que cada partido tiene detrás financiando y promocionando de cara a ser beneficiados durante el mandato. Luego supimos por una denuncia anónima que el sistema estaba aún más perfeccionado (o corrompido, como prefieran), formando un "cártel del asfalto" que les permitía repartirse el mercado inflando los cobros.

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