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Elena Álvarez Mellado

Lingüista y grammar punki. Ha sido parte de Molino de Ideas, ha dirigido Proyecto Aracne para Fundéu y he escrito el libro Anatomía de la lengua.

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Sobre las 'portavozas'

El 'portavoces y portavozas' que pronunció Irene Montero el martes pasado se ha convertido sin duda en el tema lingüístico de la semana. En los últimos días hemos asistido a una avalancha de declaraciones, polémicas, reivindicaciones y burlas en torno a la forma 'portavoza', además de al ya tradicional aluvión de preguntas que reciben los siempre sufridos servicios de consulta de la RAE y Fundéu cada vez que se monta una tangana lingüística:

—¿Tú a qué te dedicas? —Yo soy portavoza ¿y tú? —Yo soy pianisto y mi amigo astronauto. —Encantade. —Igualmenta. *Reunión bi-anunal de idiotos de culo.

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Ultras, sí. Pero ¿ultra qué?

Hace apenas unos días, se publicaba la noticia de la detención de un neonazi con antecedentes como presunto culpable de un apuñalamiento a las afueras del Estadio Metropolitano en Madrid. Distintos medios de comunicación se hacían eco de la noticia, refiriéndose al arrestado como un integrante de un “grupo ultra”.

Estos son los 9 grupos ultra "de riesgo" que aún amenazan al fútbol español https://t.co/8PeruyG06A pic.twitter.com/yQgVUqRmut

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El extraño caso de las décadas sin nombre

2018 ya está aquí, nos quedan apenas un par de años para abandonar definitivamente la segunda década del siglo, y seguimos sin saber cómo se llama esta década. Y lo que es peor: tampoco sabemos cómo llamar a la década anterior. En comparación con la sencillez para denominar las décadas que van de la veintena en adelante (los años veinte, los treinta, los cuarenta…), ninguna denominación acaba de arraigar para referirse a las primeras dos décadas del siglo.

“Los años diez” y “los años dosmil” son quizá las alternativas más lógicas, aunque parece que no nos acaban de resultar naturales y el anodino e impreciso “principios de siglo” nos deja claramente insatisfechos. “Los mejores éxitos de los ochenta y los noventa hasta hoy”, repite en su eslogan una conocida emisora de radio de temas musicales nostálgicos, que evita mojarse dejando implícito bajo un difuso “hasta hoy” ese periodo de años que ya ronda la veintena. Parece que estos últimos dos decenios se resisten a ser bautizados para desesperación de no pocos hablantes, que no saben qué palabra usar:

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Nadie hablará de nosotras cuando nos eliminen del diccionario

-¡Aquí, aquí! -¡Una foto más, por favor!

Hordas de fans y periodistas se agolpan a las puertas de entrada de la RAE. Llevan horas esperando para contemplar de cerca a las nuevas palabras que se incorporan al diccionario académico. Las nuevas celebridades léxicas posan para los fotógrafos, responden a las entrevistas y se dejan mimar por el público.

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‘Andó’ y el doloroso camino a la regularidad

Hace unos días, un atribulado padre compartía por Twitter la extrañeza que le generaba a su hijo de seis años la conjugación irregular del verbo “andar” cuando va en pasado:

Mi hijo de 6 años: Él andó... Yo: No, anduvo. Él: ... andó y andó... Yo: Que no, anduvo. Él: Pero papá, ¿qué es anduvar? Señores de la @RAEinforma, socórranme!! 😅

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De qué hablamos cuando hablamos de ‘consentir’

Un banco es un asiento. Y también una empresa financiera. O un conjunto de peces.

Tirar significa lanzar algo. O desecharlo. Y también acarrear.

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Las lenguas como castigo

Hace unos días, el periódico ABC publicaba en su tercera un artículo de opinión titulado El engaño firmado por José María Fernández de Sousa. Hacia el final del artículo, aparecía la siguiente afirmación traída muy por los pelos a raíz de la situación política en Cataluña: 

"Conviene recordar la maldición bíblica de la Torre de Babel: hablar diferentes lenguas es una maldición. No une a los hombres, los separa. Que haya muchas lenguas no es un enriquecimiento, sino un empobrecimiento. En Papúa Nueva Guinea se habla una lengua diferente en cada pueblo y no se comunican, lo que da lugar a luchas constantes. Se estima que en el Mundo se hablan unos 7.000 idiomas diferentes. Una auténtica maldición. Así que ese es otro engaño, el que existan muchos idiomas es empobrecedor y no enriquecedor como se nos dice".

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Metáforas peligrosas: el cáncer como lucha

Ni el metro tiene boca ni las páginas tienen pies. Y, sin embargo, hablamos de la boca del metro y de pies de página. Son las metáforas: el mecanismo lingüístico por el que nos referimos a algo utilizando palabras que, en principio, usamos para denominar a otro objeto simplemente porque creemos ver entre ellos una cierta semejanza o paralelismo. Las aberturas en la acera para bajar al metro nos recuerdan a una boca y la parte inferior de una página está abajo, como los pies.

Cuando nos hablan de metáforas solemos pensar en poetas y figuras literarias, pero lo cierto es que nuestro día a día está cuajado de usos metafóricos. De hecho, la metáfora es uno de los mecanismos más prolíficos de producción de nuevos significados, tanto para denominar objetos tangibles como para hablar de conceptos abstractos: los relojes tienen manecillas, las revoluciones estallan, la ciencia avanza y el tiempo vuela.

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'Piolines': el nacimiento de una palabra

Empezó como un chiste a raíz de una de las estampas más bizarras que nos han dejado las últimas semanas: la de miles de antidisturbios esperando atracados en el puerto de Barcelona en un crucero con la imagen del canario Piolín. Días después, sigue viéndose usada aquí y allá. La palabra “piolín” da muestras de estar a punto de pasar a engrosar la nada despreciable lista de términos despectivos con los que referirse a la policía.

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'Apología' y las malas compañías

Hay algunas palabras a las que parece que les guste ir de la mano: los fumadores parece que siempre sean empedernidos, que las discusiones resulten invariablemente acaloradas y que los marcos sean necesariamente incomparables. Es lo que en lingüística se llaman colocaciones: combinaciones de palabras que tienden a aparecer juntas con una frecuencia superior a la esperable y que funcionan casi siempre de carrerilla.

A mí ante todo me gusta mucho que en los prospectos el estreñimiento sea siempre "pertinaz" y la diarrea sea "profusa".

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