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Gustavo Matos

Diputado socialista en Parlamento de Canarias.

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Tesis

El trumpismo ha llegado a España. O quizá ya existía desde hace tiempo pero no teníamos un nombre apropiado para describir lo que suele hacer una parte de la derecha ideológica y mediática de este país cuando gobierna la izquierda. Lo vimos durante los atentados del 11 de marzo y su versión sobre lo que ocurrió y sobre la victoria electoral de Zapatero, pero la estamos viviendo con una rabia e intensidad brutal en estos primeros cien días del gobierno de Pedro Sánchez. Una parte de la derecha de este país se siente ilegítimamente usurpada del poder. Existe un tic que se arraiga en el adn de la derechona ibérica según el cual España y el poder les pertenece por Derecho natural y por tanto, cuando gobierna la izquierda, el PSOE, se da una situación ilegitima. Si eso es así cuando se ganan elecciones imaginen lo que piensan ahora que el gobierno ha cambiado por una moción de censura.

Durante el mandato de Barak Obama la ultraderecha norteamericana, furiosa por la victoria de un demócrata de raza negra, comenzó una despiadada caza del presidente. Esa cacería no tuvo límites ni éticos ni morales. Toda valía con tal de abatir al primer presidente afroamericano de la historia de Estados Unidos. Esta cacería alcanzó su auge en relación con las dudas sobre el lugar de nacimiento de Obama. Como sabemos, para poder ser presidente de los Estados Unidos se exige el requisito de haber nacido en el país. La ultraderecha norteamericana con toda su artillería mediática inició una campaña, a la que se sumó alegremente Donald Trump, para poner en duda que Obama hubiera nacido en Estados Unidos, y afirmar que realmente el presidente había nacido en Kenia. El acoso fue tal, y la difamación y la campaña tan despiadada y llena de mentiras, que Obama y la Casa Blanca terminaron por hacer público el certificado de nacimiento del presidente. Lo hizo en abril de 2011. No quedaron dudas de que se trataba de una campaña mezquina y de cacería hacia Obama. No había nacido en Kenia, sino en Estados Unidos. Pero al trumpismo y a los creadores de las fake news, es decir de mentir como bellacos a sabiendas de que lo hacían, les daba igual el certificado de nacimiento, les importaba un pito la verdad. Y aún hoy esa ultraderecha norteamericana sigue creyendo que Obama no nació en su país. No fue hasta el 2016 en el que el propio Trump, con la boca pequeña dejó de poner en duda el lugar de nacimiento de Obama. Ahora el modelo se ha exportado a nuestro país.

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Lazos amarillos y uso del espacio público. Algunas reflexiones

La democracia es un sistema político que está en permanente debate y evolución. Por tanto, también en riesgo de continua involución. Un debate continuo sobre el alcance y desarrollo de derechos y libertades que la conforman y que van requiriendo de nuevas interpretaciones en la medida en la que en la sociedad en la que se aplican cambia y aparecen nuevos fenómenos, prácticas o relaciones sociales y políticas cuyo alcance requiere de un nuevo encaje democrático.

Llevamos asistiendo desde hace ya algunos meses a raíz de la colocación de lazos amarillos en espacios públicos de Cataluña a uno de esos debates que se reactualizan a medida que en nuestra democracia surgen nuevos conflictos democrático o políticos, en esta ocasión en relación con el uso político o partidista del espacio público. Debería ser un debate hace largo tiempo despejado tras cuarenta años de democracia en España, pero es evidente que no es así, y que merece la pena reflexionar acerca de las distintas opiniones que se están generando en relación a esto. El debate está siendo tan intenso que estos días hemos visto a dos dirigentes políticos, en este caso de Ciudadanos, no colocando mensajes o símbolos políticos propios, sino retirando ellos mismos lazos amarillos de un concreto espacio público. Lo hicieron el municipio de Alella, rodeados de cámaras de televisión y dando por tanto publicidad a su propio acto de retirada, haciendo declaraciones acompañando a ese acto trasmitiendo su opinión sobre la situación política en Cataluña, la actuación del Gobierno de España, y la colocación de lazos amarillos en la calles de esa comunidad autónoma. Albert Rivera explicaría luego a través de un tuit su acción en estos términos “ Las calles son de todos, seguiremos defendiendo la neutralidad del espacio público y limpiándolo de propaganda separatista ilegal o ideológica “. Con ello, el líder de ciudadanos trasmite una concreta forma de interpretar el uso del espacio público desde un punto de vista político que es el que está ahora en el centro del debate, y que merece por tanto ser examinada.

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'Game over'

En los años ochenta y noventa del siglo pasado los jóvenes no teníamos videoconsolas en las viviendas. El más privilegiado tenía en casa un rudimentario y carísimo Atari que el resto soñábamos tener y que hoy probablemente forme parte de algún museo de la historia de la tecnología. Así que los jóvenes de aquellas décadas a los que nos gustaban los viedojuegos pasábamos los ratos en los salones recreativos en donde además de gastarnos la paga matando zombies en el Ghosts n’ Goblins o derribando cazas japoneses en el 1942, socializábamos con otros jóvenes de nuestra generación y despertábamos a la adolescencia. En aquellos tiempos de juventud y arcades la palabra que más temíamos ver en las pantallas de las máquinas, además de que alguien nos quitara el record,  era Game Over. Significaba que la partida había terminado y que o bien nos retirábamos con algo de dignidad o nos rascábamos nuevamente el bolsillo para buscar una moneda de 25 pesetas con la que continuar la aventura en 8 bits.

Hoy en Canarias tenemos a un presidente del gobierno que como un servidor es ochentero y lagunero. De jóvenes nos cruzamos muchas veces en los lugares comunes de los jóvenes de aquella época, y aunque no recuerdo verle ni por el entrañable Pachá, ni por el mítico Golden Fruit de la calle Heraclio Sánchez, no es difícil que alguna vez hubiéramos coincidido en aquellos templos de los videojuegos. Acabamos de terminar el debate del estado de la nacionalidad y mientras escuchaba el discurso del presidente del Gobierno de Canarias y sus réplicas a los portavoces de la oposición, no pude dejar de imaginar que en el videojuego de Fernando Clavijo había aparecido la palabra Game Over, y que para desgracia de Coalición Canaria al presidente ya no le quedaba en la mochila ninguna moneda en forma de ocurrencia con la que seguir la partida. Y lo pensé justo cuando el presidente Clavijo le dedicó una buena parte de su discurso a los e-sports, herederos de los arcades de los ochenta, mientras que no tuvo espacio para hablar de la educación de cero a tres años, y eso que le sobró casi media hora del tiempo que tenía asignado para exponer su visión sobre las islas. Lo pensé al escuchar un discurso más virtual que real de una Canarias edulcorada que nada tiene que ver con la realidad de miles de personas que contemplan atónitas cómo se baten récords de turistas, que el motor está a pleno rendimiento, y sin embargo ellos no notan mejoría alguna en sus vidas diarias. Una realidad digital, con un croma verde, que hace que el presidente en su particular Matrix crea que el día a día en las urgencias hospitalarias, en la educación pública, la de las camareras de piso o la de quienes buscan su primer empleo, ha desparecido con un golpe de joystick como en un videojuego. Por desgracia para los canarios y canarias su realidad cotidiana no es un arcade, las colas en las autopistas de las grandes islas no son una ficción pixelada, ni las dificultades de final de mes se arreglan con un cofre de monedas.

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Carta a un alumno de Derecho. El boli rojo

Estimado alumno o alumna de primero de Derecho. Estos días probablemente asistirás un poco desconcertado a un debate público que se ha producido en nuestra tierra sobre la votación que tuvo lugar en el Parlamento de Canarias la semana pasada. Y es lógico que asistas con cierto grado de perplejidad al aluvión de comentarios, artículos y opiniones que sobre una supuesta vulneración del derecho al secreto del voto se han escrito y dicho, porque seguramente, a estas alturas del curso ya tu profesor o profesora de Derecho Constitucional te habrá explicado las nociones básicas y elementales sobre ello, y es normal que por tanto pienses que o te lo han explicado mal o que quizá por estar abriéndote paso en este fascinante mundo del Derecho aún no lo has entendido bien. Por eso te escribo estas líneas como alumno que fui igual que tu, como Letrado en ejercicio desde hace más de veinte años, con dos masters en especializaciones por dos universidades distinta, por haber llevado diversos asuntos sobre derechos fundamentales ante el Tribunal Constitucional, y también como legislador, para trasladarte que no te aflijas, que no sucumbas ante los leguleyos de salón y decirte que confíes en lo que te han enseñado en la facultad. 

Efectivamente querido alumno, tal y como te han enseñado ya en la Universidad, el derecho al secreto del voto como cualquier otro derecho en este país es renunciable. Una garantía para quien quiere preservar su anonimato electoral pero no es una obligación, y quien ejerce ese derecho puede libre y voluntariamente renunciar a él sin tener que dar más explicaciones. Es una decisión libre e individual que puede hacerse por el votante del modo en que considere que mejor le parece. Enseñar la papeleta antes de la votación, manifestar públicamente el sentido del voto, etc. No existe norma o precepto ni constitucional, ni legal, ni reglamentario que impida manifestar el sentido de lo que uno tiene pensado votar. Por tanto, y no siendo discutible que los ciudadanos si lo desean libremente pueden decir lo que van a votar o lo que votaron, o enseñar su papeleta en el colegio electoral, es igualmente evidente que revelar el voto propio no vulnera el derecho de quien desee permanecer en el secreto del suyo. Sostener lo contrario es sencillamente ridículo. 

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Baleares. Gobierno de izquierdas. Otro modelo es posible

En Canarias a veces tenemos la sensación de que la profunda brecha social que vivimos es una especie de maldición bíblica de la que no hay forma de salir. Existe la impresión de que no hay nada que hacer y que debemos resignarnos a que aun batiendo records de turistas ( por encima de los catorce millones ), con la maquina económica a pleno rendimiento, tengamos que liderar todas las cifras de desigualdad. Liderar el desempleo, el abandono escolar, las listas de espera, las listas de la dependencia, los salarios y las pensiones más bajas, etc. Que no hay solución al problema de la vivienda o a los problemas ambientales. Pero no es verdad. Lo que ocurre en Canarias no es ninguna plaga bíblica, es la consecuencia de un modelo económico injusto, de la improvisación y la falta de planificación de quienes han gobernado en las islas la mayor parte del tiempo durante los últimos 30 años y de una desidia crónica por no cambiar las cosas. Lo acabamos de comprobar los socialistas de Canarias en una reciente visita a Baleares en donde gobierna una coalición de partidos progresistas al frente del que está la socialista Francina Armengol, y donde pudimos comprobar que hay una alternativa progresista un modelo neoliberal que genera grandes desigualdades. Y que esa alternativa funciona. Balerares como Canarias vive principalmente de su sector turístico, tiene graves problemas con la solución habitacional para las clases medias y sectores de la población con menos recursos por la presión de la especulación. Problemas de movilidad, de reparto de la riqueza en un momento de máxima ocupación y rendimiento de su sector turístico. Con la peculiaridad o especificidad que además en Baleares el turismo es estacional mientras que en Canarias tenemos la suerte de que nuestro sector funciona durante todo el año. Pero mientras que en Baleares el desempleo se sitúan en el entorno de un 9% en Canarias seguimos superando el 20%. El gobierno de izquierdas de Baleares ha conseguido liderar una agenda de cambio potente después del hartazgo de un sociedad saqueada durante años por los gobiernos del Partido Popular. Gracias a esas ganas de cambio han conseguido un acuerdo histórico entre trabajadores del sector turístico y la patronal pactando un aumento del 17 % del salario de los trabajadores y trabajadoras, e introducir mejoras en sus condiciones laborales, por ejemplo entre las camareras de piso. Es curioso que esto mismo en Canarias no pase cuando los empresarios del sector en gran medida son los mismos. Las grandes cadenas hoteleras de Baleares como Iberostar, Meliá o Riu. La diferencia obviamente está en la actitud de uno y otro gobierno. Mientras que el gobierno socialista de Baleares ha liderado este acuerdo desde el primer día, en Canarias el gobierno de Fernando Clavijo prefiere utilizar la precariedad laboral de nuestra gente como un atractivo para las inversiones extranjeras. Lo mismo ocurre en cuestión de cambio climático o en las soluciones al problema de la vivienda donde ya están en parrilla de salida varias normas con un marcado carácter de izquierdas para regular soluciones. O con el impuesto por pernoctaciones en el sector turístico que prevé recaudar más de 120 millones de euros este año con un carácter finalista no solo para el sector turístico, sino social, cultural o de vivienda pública. Y por cierto, los turistas no se han ido a otro destino como permanentemente sostienen quienes se oponen a este impuesto que pretende asegurar un retorno a una sociedad que ha hecho grandes sacrificios para ayudar a hacer un destino líder en el mundo. Baleares, el pacto de izquierdas y el liderazgo del PSOE con Francina Armengol a su cabeza está consiguiendo algo de suma importancia. No solo sentar los pilares de una sociedad más justa y mejor repartida en una comunidad autónoma cuyo motor económico como en Canarias es el turismo, sino demostrar que otro modelo es distinto. Que las cosas pueden cambiar. Que no hay que resignarse a los efectos de un sistema económico que genera grandes desigualdades, y que funciona. Tomemos nota en Canarias.

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Carta abierta a los de la carta abierta

Estimados compañeros. Ustedes forman parte de un legado político del que militantes como yo, que ahora tenemos la edad que tenían ustedes cuando tuvieron que afrontar grandes retos democráticos, nos sentimos plenamente orgullosos. Nos sentimos orgullosos del papel que jugaron para traer a este país un régimen de libertades y derechos con los que mi generación se ha criado. Nos sentimos orgullosos de los compañeros y compañeras que hicieron posible la transición y que afrontaron desafíos involucionistas como el 23 F o la violencia terrorista. Pero tienen ustedes que reflexionar sobre una cuestión. Para que fuera posible hacer lo que hicieron, para poder construir una sociedad democrática en un contexto dificilísimo, con una guerra civil y una dictadura que quedaba atrás, nadie dudó de ustedes.

Toda una generación, y la que les precedió confiaron en ustedes y en lo que hacían. Encontraron en los momentos complicados, cuando era muy difícil tomar decisiones con altísimo riesgo de que las cosas salieran mal, o que simplemente se equivocaran, compresión y apoyo. Y sin eso, no hubiera sido posible. Por eso hoy, cuando el país afronta la crisis institucional y democrática más profunda desde la transición, solo les pedimos lo mismo que otros les dieron a ustedes para que lo hicieran posible hace cuarenta años. Lealtad y confianza. 

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Un pacto político y social por el mar

Los problemas más difíciles de gestionar son los que no se ven. Los que crecen sin que sean visibles hasta que alcanzan tal magnitud que finalmente se revelan ante la sociedad con toda su potencia, muchas veces cuando es demasiado tarde y llevamos tiempo consciente o inconscientemente contribuyendo a que el problema crezca sin freno. Lo que hemos vivido este verano en Canarias con la crisis de las microalgas no es más que el fruto de décadas y décadas de maltrato a nuestras costas y a nuestro medio marino. Vivir en una isla como es nuestro caso, significa muchas cosas, pero sobre todo significa tener una relación constante con nuestro mar. Y ello, aunque no seamos costeros, o no seamos muy amigo de la playa o del mar. Él siempre está ahí. Condiciona nuestra vida diaria, nuestro clima, nuestra economía y también nuestro futuro. Pero llevamos demasiado tiempo sin mirar debajo de la alfombra hasta que la mugre acumulada ha terminado por salir y nos la hemos encontrado inundando casi a diario nuestras playas, nuestros charcos, nuestra costa.

Los representantes políticos debemos siempre conceder el beneficio de la duda y dar en primer término presunción de veracidad a los informes técnicos de los profesionales de la administración pública que velan por la seguridad de la salud. Vivimos en un entorno seguro desde el punto de vista de la salud y eso es un valor que debemos tener en cuenta. Como máximo representante de la protección de los consumidores que he sido en esta Comunidad Autónoma es una máxima que no me puedo saltar. Por ello, no pondré en discusión que el fenómeno de las cianobaterias no tiene una relación directa con los vertidos ilegales al mar, o aguas deficientemetne tratadas, ni que no suponen un riesgo grave para la salud. Es lo que han dicho los técnicos, y no desconfío de ellos, aunque el debate técnico y científico sobre estas dos cuestiones existe y no podemos obviarlo. Hay técnicos que sostienen contrariamente a lo mantenido por el Gobierno de Canarias que si hay una relación entre la proliferación de las cianobacterias y las aguas mal depuradas vertidas al mar, así como que que el contacto humano con ellas puede tener problemas de salud que irían más allá de una simple urticaria. Pero más allá de la discusión técnica, la crisis de las microalgas ha sido un dislate desde el punto de vista de la gestión política. Mala comunicación, contradicciones, falta de previsión en el cariz social que iba adquirir, falta de coordinación entre administraciones, mensajes contradictorios sobre su origen y sus efectos. Porque al mismo tiempo que hay que confiar en primer término en los informes de los técnicos, no es menos cierto que en materia de seguridad para la salud lo más peligroso es la desinformación, la información contradictoria y la inseguridad que eso genera en  la población, y justamente eso es lo que este Gobierno, con su presidente a la cabeza, han conseguido este verano. Ser más peligrosos que las cianobacterias. Su mejor consejo es pedirle a los canarios que no dijéramos nada porque dábamos mala imagen, cuando lo cierto es que no hay peor imagen que una playa sucia y un Gobierno inoperante. Ha faltado dirección política y liderazgo, algo a lo que este gobierno está peligrosamente acostumbrándonos cuando se produce una crisis que requiera de una actuación gubernamental eficaz. Los ciudadanos han carecido de información puntual sobre la evolución de la aparición de las microalgas, algo que científicamente no es tan complejo. Debían levantarse cada mañana y mirar su trozo de costa para ver si había habido suerte y no aparecían en su playa. Ni un mísero mapa en el WEB del Gobierno para advertirnos de donde habían aparecido ese día. Las redes sociales y la ciudadanía han suplido ese lamentable vacío. Ha habido desinformación a pie de playa. Ni un mísero folleto que explicara algo sobre un fenómeno que dicen ha venido para quedarse, esperemos que este Gobierno termine antes por nuestro bien. Criterios distintos en cada momento. Unas playas prohibidas al baño, otras solo recomendando no meterse en el agua, otras en las que solo se prohibía en una determinada zona. En definitiva un desastre. Mientras, el Gobierno de vacaciones, mandando a los técnicos a dar la cara en un problema que ha sido más de gestión política que técnica. Esperemos a la apertura de puertas del Parlamento para oir al Consejero porque alguien debería terminar por presentar su dimisión en este asunto. Se une a esto algo que no es demagogía, al final nuestra costa y nuestras playas, las que más se han visto afectadas, han sido las que son el espacio de disfrute de la gente de esta tierra que son muchas, que no pueden irse fuera en pleno verano quince días a bañarse y disfrutar de las costas y las playas de otros. Siempre terminan pagando los que menos tienen.

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Ley del suelo. No estábamos tan locos

En política a veces para ganar hay que perder, y una victoria a veces es una derrota. Esto es justamente lo que ha ocurrido estos días en el Parlamento de Canarias cuando varias fuerzas políticas que representan la mayoría de ciudadanos de esta tierra nuestra rechazaron el proyecto del ley del suelo perdiendo la votación frente a tres grupos parlamentarios que representan a 70.000 ciudadanos menos que los cuatro grupos que votaron en contra. El PSOE se sumó, siendo la fuerza política con más respaldo ciudadano, al bloque de esa mayoría social que rechazó una ley que llegó al parlamento sin el consenso, el diálogo y el debate social que una norma de estas características requiere para marcar las normas del juego sobre un territorio que es de todos y que es nuestro recurso más frágil y más escaso. Cierto es que algo de responsabilidad tienen quienes les abrieron las puertas del hemiciclo a un texto que se gestó en un despacho de profesionales, respetable y de una contrastada solvencia profesional, pero con una idea previa del territorio y de como actuar sobre él que fue fruto del encargo personal del Presidente del Gobierno.

Pertenezco, junto a otros compañeros y compañeras de los socialistas de Canarias, a un grupo que desde que tuvimos conocimiento del texto y de como se estaba gestando entendimos que el mejor servicio que le podíamos prestar al PSOE y a Canarias era no permanecer en un silencio cómplice con un texto que imponía un modelo de territorio donde los socialistas de Canarias éramos irreconocibles. Defender los acuerdos del PSOE en esta materia adoptados democráticamente en el seno de sus órganos previos los correspondientes debates, o el programa electoral, también debatido y aprobado en los órganos del partido, que obtuvo el mayor respaldo ciudadano en las elecciones de 2015. Programa electoral que se comprometía en la agilización y simplificación de los procesos urbanísticos pero reforzando el papel de la COTMAC como órgano autonómico de evaluación ambiental. No permitir que una decisión como esa que nos comprometía como proyecto político se tomara por unos pocos, y que fueran una vez más los órganos del PSOE quien previo debate fijara la posición sobre este texto de la ley del suelo. Lo que finalmente se produjo en una ejecutiva de los socialistas de Canarias y luego en un comité regional. Fue esa también una pelea por un modelo de partido, algo en lo que ahora estamos en pleno debate los socialistas de las islas. No fueron momentos fáciles. Fue paradójico recibir todo tipo de ataques y descalificaciones por algo tan sencillo como defender los acuerdos del PSOE y un modelo de urbanismo que entroncara con la tradición de los socialistas de Canarias en la defensa del territorio y del medioambiente. Recuerdo como anécdota cuando a varios diputados del Grupo Parlamentario se nos invitó a no hacer declaraciones sobre el texto y a no acudir a reuniones donde el mismo se debatiera junto a otras fuerzas de izquierda o instituciones sociales claramente identificables con la lucha por la defensa del territorio y del medioambiente. Lo doy por bueno. Con la perspectiva del tiempo me siento orgulloso de no haber cedido junto a otros muchos socialistas a la imposición de unos pocos y de haber sostenido la bandera de una visión progresista sobre el territorio que finalmente volvió a ser la posición del PSOE de Canarias en esta materia. En el pleno del Parlamento finalmente el PSOE votó junto a las fuerzas progresistas del parlamento contra la parte de la Ley que introduce un modelo neoliberal y desregulatorio del territorio, las mismas con las que se nos invitó a no estar, y con ello hay una ventana abierta al cambio cuando sumemos más diputados en el hemiciclo. Se ve que no estábamos tan locos.

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Minerales estratégicos, una oportunidad para Canarias

Saltaba hace pocos días a los medios de comunicación la información según la cual una expedición británica con participación de científicos españoles confirmaba la existencia en uno de los montes marinos próximos a las islas de uno de los mayores hallazgos de telurio hasta ahora conocidos. Los montes marinos próximos a las islas son lo que se ha venido a denominar "las abuelas de Canarias". Formaciones geológicamente similares a las de nuestro archipiélago, pero con varios miles de años de antigüedad más que nuestras islas. Tropic, que así se llama precisamente el monte marino donde se ha descubierto el telurio, es casi seis veces más antigua que Fuerteventura, que tiene 23 millones de años, y su cima está a algo más de mil metros de profundidad.

Estos montes marinos de los que hasta hace poco no se sabía casi nada, han empezado a generar un gran interés después de que se haya intensificado su cartografiado con la finalidad de acreditar que forman parte de la plataforma continental de las islas. Algo de extrema importancia en la reivindicación de España ante la ONU para garantizar la soberanía sobre las mismas, y de ese modo garantizar la explotación también económica de los recursos naturales que se puedan encontrar. Nuestras “abuelas “ que se creía hasta hace poco que eran dos, son al parecer diez montes submarinos con nombres como Drago, Pelicar, Ico o Bimbache, y su exploración solo acaba de comenzar.

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Bienvenido, Mr. Trump

"Como alcalde vuestro que soy os debo una explicación, y esa explicación que os debo os la voy a dar". Esto es lo que, tras sus desafortunadas declaraciones, debe haber repetido el presidente del Gobierno de Canarias para explicar lo que quiso decir cuando hablaba de los posibles efectos beneficiosos para nuestro turismo con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. En nuestro imaginario popular están grabadas ya para siempre aquellas escenas en las que Berlanga nos mostraba una España de posguerra, entusiasmada por la llegada de los americanos que traerían riqueza y prosperidad a unas gentes que necesitaban superar unas condiciones muy duras, en un país que no terminaba de entrar en la modernidad de la mano de una dictadura gris y atrasada. Corría el año 1953. Seguramente, como si del gran Pepe Isbert se tratara, el presidente canario habrá querido dar una explicación -y, seguramente, como en la escena mítica de nuestra historia del cine, alguien, en un metafórico balcón del Gobierno de Canarias y haciendo de Manolo Morán, habrá tratado de que no la diera- por la que finalmente los americanos pasaron de largo, sin detenerse en el desalentado pueblo de Villar del Río.

Las declaraciones del presidente Clavijo han sido, evidentemente, desafortunadas. Que nuestro mercado turístico se está viendo directamente beneficiado por los conflictos civiles y militares que se viven en destinos turísticos que son competencia directa de Canarias es obvio, pero expresarlo públicamente de manera tan cruda es algo que no se debe hacer, puesto que detrás de nuestra fortuna hay un origen indirecto de dolor y desgracia. Cuando hace esas declaraciones el presidente, no puede evitar que haya una trascendencia, en un momento en el que el huracán Trump está arrasando buena parte de los consensos sobre convivencia y derechos que se venían construyendo desde la Segunda Guerra Mundial. Un huracán que amenaza con extenderse, si no lo ha hecho ya, al Viejo Continente. Vivimos tiempos convulsos, de amenaza seria para la convivencia y para determinados valores de paz y tolerancia, y eso Clavijo debió medirlo en sus declaraciones, porque cualquier frase o sentencia que incluya la palabra Trump tiene inmediatamente un efecto de difusión brutal. Y cuando el presidente queda mal, nos hace quedar mal a todos, incluso más allá del límite de nuestras islas.

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