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Jon Ruiz de Infante

Nací en Vitoria-Gasteiz en 1985 y soy Licenciado en Biología por la Universidad de Barcelona. Al final de la carrera me trasladé a Madrid donde cursé un máster en Biología de la Conservación. Siempre he estado muy interesado por la conservación de la naturaleza y la protección de la biodiversidad. Actualmente estoy más centrado en el medio ambiente urbano y en el desarrollo de políticas de sostenibilidad. Soy socio desde hace años de varias asociaciones ecologistas y en 2011 me embarqué en el proyecto EQUO a través de la Red EQUO Joven (RQJ). Actualmente trabajo en la consolidación de la formación política EQUO en Euskadi y en el desarrollo de su área de juventud.

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Equo también se escribe con #

A veces me paro a pensar cómo sería Equo si no existieran las redes sociales. Creo que la respuesta es clara y compartida: no podría existir. Un proyecto sociopolítico con la ecología política como tronco vertebrador no es demasiado admirado por los medios tradicionales. Seguramente si no estás dentro de una de las cuatro corrientes políticas clásicas de este país estás condenado a ese espacio de "Otros" y a no aparecer más de 10 segundos en televisión. Pero esto está cambiando gracias a las redes sociales y a los medios online.

Las redes sociales son un apoyo fundamental para Equo. Tanto en la transmisión de ideas y de programa como en la comunicación hacia el exterior. Desde las principales redes, Facebook y Twitter, se envían diariamente cientos de mensajes que intentan suplir ese vacío mediático al que estamos sometidos por los medios tradicionales. Desde las cabezas más visibles hasta la última activista trabajamos por compartir un mensaje nuevo, diferente y muy necesario. En su día decidimos no contar con financiación bancaria, por eso no pedimos préstamos porque no queremos hipotecarnos con los intereses privados de la banca. Esta situación nos lleva a optimizar al máximo los pocos recursos que tenemos por lo que no nos podemos permitir (ni queremos) activar las redes sociales sólo para hacer campaña. Hacemos un trabajo día a día, idea a idea y mensaje a mensaje.

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Pantoja, Su ta Gar y otras extravagancias musicales (Equo)

Recuerdo que cuando éramos adolescentes nos producía una mezcla entre inquietud y emoción conocer cuáles serían los grupos que vendrían a tocar en fiestas. En cuanto oíamos rumores, corríamos a mirar el periódico para buscar el cartel de aquel año. Por lo general siempre había un par de grupos de moda, de esos que se oían en la radio y que por aquel entonces gustaban. También estaba el típico grupo o solista enfocado al público más mayor que luego resultaba que era el concierto con mayor asistencia. Pero ese concierto no estaba pensado para nuestra cuadrilla. Por suerte, la oferta musical iba más allá del cartel oficial y, si no comulgábamos con los conciertos del ayuntamiento, siempre nos quedarían los alternativos.

Esta situación se repetía año a año hasta que, no sé si por la deriva catastrófica que ha tenido la música comercial o porque ya nos hemos hecho mayores, a estas edades asumimos que la oferta musical de fiestas no es para nosotras. Admito que es complicado elegir diferentes grupos y que nunca llueve a gusto de todo el mundo pero hemos vivido algunas situaciones realmente extravagantes. La que mejor recuerdo es cuando Encina Serrano, en aquel 2002 concejala de cultura del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, eliminó del cartel de fiestas a Su ta Gar para introducir a la recién llegada 'triunfita' Chenoa con la consecuente polémica y cruce de acusaciones. Finalmente no actuó ninguno.

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Nos vamos, pero ¿volveremos? (Equo)

Todos tenemos algún amigo, familiar o conocido que ha tenido que emigrar en busca de futuro. Uno o varios. Porque cada vez son más los que tienen que dejar atrás su vida, su familia, su cuadrilla, sus ilusiones y un largo etcétera para embarcarse en ese avión (de bajo coste) con billete de ida pero no de vuelta. Y ese es el verdadero problema, que no hay billete de vuelta, que no sabemos si tendrán la oportunidad de volver. Tantos años estudiando y formándose para alcanzar una meta que se esfuma. Y se esfuma por razones políticas, por una mala gestión, por no poner los pilares del modelo económico donde deberían estar.

Al acabar el instituto te enfrentas a una de las primeras grandes decisiones de tu vida: universidad o formación profesional. Yo elegí la universidad. Recuerdo que fue la primera vez que tenía la sensación de estar eligiendo mi futuro, ¡qué responsabilidad! Ahí delante, un papel a rellenar, y depende lo que escribiera, qué carrera elegiría, se abría un camino que recorrería el resto de mi vida. Pero eran otros tiempos. Pasó la etapa universitaria y ahí nos quedamos, en ese limbo entre el mundo académico y el mundo laboral. Nos soltaron de un lado y nadie nos ofrece la mano en el otro. Al menos no en este país. Aquí radica el primer gran problema, que no hay un traspaso organizado de personas entre el mundo académico y el mundo laboral. Y entonces no queda otra que resignarse y agarrar un clavo ardiendo o emigrar.

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El botellón, otra forma de relación social (Equo)

Cada fin de semana encontramos en nuestros pueblos y ciudades a cientos de jóvenes que se reúnen en parques y plazas donde se fomentan y afianzan sus relaciones personales mediante una nueva cultura de ocio: el botellón. Una práctica que es defendida por la juventud y que prohíbe la administración. Partimos de una premisa clara, el botellón no es simplemente juntarse en cuadrilla para beber alcohol; detrás de esta cultura existe la necesidad social de integrarse y relacionarse.

La juventud defiende esta práctica debido a la carestía de las bebidas alcohólicas en bares y discotecas, unos precios que no pueden asumir en su situación económica. Esta circunstancia les conduce a comprar bebidas a precio de supermercado y a acudir a lugares públicos. En el otro lado, se encuentran las vecinas y los vecinos que padecen sin remedio las consecuencias negativas de esta práctica: ruido y suciedad. Un tercer actor entra en juego, la administración, que en los últimos años ha perseguido esta práctica prohibiendo cualquier consumo de alcohol en la vía pública. O, al menos, los que no le interesan.

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