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Laura Gómez

Especialista en políticas públicas de igualdad y participación ciudadana. Actualmente es investigadora doctoranda en la Universidad del País Vasco e imparte clases en diversos másteres uiniversitarios. Ha publicado recientemente en coautoría 'Participar desde los feminismos: ausencias, expulsiones y resistencias'.

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Vas a arder en el infierno y a pudrirte en la cárcel

El año 2019 se estrena con un nuevo bloque de poder configurado por una derecha similar, pero fragmentada en tres partidos. Los líderes del PP, de Cs y de VOX comparten el mismo origen y trayectoria vital. Hablamos de una derecha nacionalista española excluyente que ha vivido de los chiringuitos que se montaban a cuenta del dinero público. Abascal, a razón de 90.000 euros anuales de lo que le iba inventando Esperanza Aguirre y de cuya tarea nadie ha sabido dar cuenta. Comparten también el mismo proyecto histórico: odiar como estrategia para ocultar un nuevo saqueo en forma de más recortes en el gasto público, más residualización de la protección social, menos redistribución de la riqueza vía fiscal, junto a perspectivas de negocio en espacios hasta ahora sustraídos a la lógica del intercambio mercantil. Su utopía de mercado alcanza los vientres de alquiler, los cuidados de las personas o las pensiones.   

Odiar siempre es una buena inversión si de lo que se trata es de ocultar que no se tiene alternativa a un capitalismo depredador y en crisis que ofrece un horizonte de penuria generalizada. Saben que el resentimiento es caldo de cultivo del malestar social.  Basta azuzarlo y canalizarlo hacia unos pocos chivos expiatorios que no tienen ninguna culpa, pero pueden cargar con todas. Vuelven a señalar a soberanistas, independentistas, la izquierda, inmigrantes y mujeres.

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Preparar el fascismo en la intimidad

Emilio Mola Vidal, gobernador militar de Pamplona. Desde la Capitanía General, sede actual del Archivo de Navarra, prepara la sublevación militar, en extremo violenta, con la colaboración de la Iglesia, el ejército, los requetés y la aristocracia terrateniente navarra. El 19 de julio de 1936 declara el Estado de guerra para Navarra “Una vez más, el ejército unido a las demás fuerzas de la nación, se ve obligado a recoger el anhelo de la gran mayoría de los españoles. Se trata de restablecer el imperio del orden, no solamente en sus apariencias externas sino también en su misma esencia. Hay que sembrar el terror. Hay que dar la sensación de dominio, eliminando sin escrúpulos y vacilación a todos los que no piensen como nosotros. Nada de cobardías. Sino procedemos con la máxima energía no ganamos la partida. Todo aquél que ampare u oculte un sujeto comunista o del Frente Popular será pasado por las armas”. El holocausto de izquierdas se saldó con 3.300 personas asesinadas en Navarra, 4.000 huérfanos y miles de mujeres condenadas a la miseria, el hambre, la humillación y el olvido.

Así arranca el documental 'A sus muertos' de los artistas y periodistas audiovisuales navarros y editores de Alkibla, Clemente Bernard y Carolina Martínez. Un ejercicio de denuncia de una amnesia colectiva impuesta, que no es otra cosa que el recuerdo de una memoria de injusticia. En España hay 114.226 personas asesinadas por los sublevados que siguen desaparecidas en zanjas, cunetas y fosas comunes.

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En el 'oasis vasco' también se negocia con los cuidados

Las economistas feministas no se cansan de repetir que una buena manera de evaluar en qué medida nuestro modelo social está pensado para ayudar a hacer la vida más o menos fácil cuando no es autónoma o se empeña en ponerse cuesta arriba es observar cómo y quién resuelve los cuidados de las personas. Aunque al PNV le guste comparar Euskadi con el norte de Europa, lo cierto es que tenemos un modelo social 'mediterráneo', también llamado 'familiarista' (como recordaba hace poco la politóloga de la UPV/EHU Jule Goikoetxea). Como ese nombre indica, se caracteriza porque son las familias quienes cubren buena parte de las necesidades vitales básicas, incluidos afectos y cuidados diversos, con una cantidad ingente de trabajo gratuito de las mujeres.

O leído desde otra perspectiva, que el gasto público en servicios de cuidado es insuficiente y que, cuando se hace, apuesta por su mercantilización: acceso vía copago, concertación y gestión empresarial. En definitiva, que tenemos un modelo vasco de bienestar que resuelve los cuidados de manera escasa, sexista y mercantil. Treinta años de hegemonía institucional del PNV y buena parte de ellos sosteniendo gobiernos del PP en Madrid, no dan para seguir externalizando responsabilidades. Más aún si tenemos en cuenta el apoyo a unas cuentas de Rajoy que no solo frenaron en seco los tibios avances iniciados por Zapatero -como los relativos al Servicio de Autonomía y Atención a la Dependencia-, sino que inició todo un proceso de desuniversalización de derechos, refamiliarización del cuidado y de recentralización territorial que ha afectado a la configuración misma de los derechos sociales de competencia autonómica.

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