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Laura Gómez

Especialista en políticas públicas de igualdad y participación ciudadana. Actualmente es investigadora doctoranda en la Universidad del País Vasco e imparte clases en diversos másteres uiniversitarios. Ha publicado recientemente en coautoría 'Participar desde los feminismos: ausencias, expulsiones y resistencias'.

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Esos permismos parentales vascos fantasma

He de confesar que ando un poco desconcertada con la propuesta de permisos parentales anunciada estos días por el Gobierno Vasco. Cada cierto tiempo reaparece en los medios y tengo la sensación de vivir en el día de la marmota. Y, ciertamente, algo de razón tengo. Tirando de hemeroteca veo que la medida viene anunciándose desde los primeros meses del año 2018, o sea, desde hace más de un año y medio.

Nos contaba hace tiempo el reconocido lingüista y científico cognitivo George Lakoff que tiene más efecto comunicar valores que reflejen el sentir dominante que propuestas políticas específicas. La manera más efectiva de hacerlo es utilizar marcos conceptuales que concitan amplios consensos, en este caso, los permisos parentales iguales, que repetidos una y otra vez se asientan en el cerebro. Esto es lo que debe estar ocurriéndome, que de tanto oírlo ya pienso que son una realidad. Una estrategia electoral inútil para que me anime a procrear, por cierto, pero útil para conquistar el corazón y la mente de la gente en un tiempo político transformado en una campaña publicitaria ininterrumpida.

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No estamos todas, faltan las internas

No sé su nombre. Me dice que tiene 31 años. Es de Nicaragua. Dedica al trabajo 22 horas al día y cobra poco más de 600 euros.  Trabaja en Donostia como empleada de hogar interna en una casa del acaudalado barrio de Miraconcha. Me cuentan que está embarazada. Según lo hacen, intuyo su despido. Al día siguiente mis peores augurios se confirman. Sus empleadores le dicen que en abril tendrá que irse. No hay despido porque no hay contrato. Por lo mismo, tampoco indemnización. Aunque lo tuviera no podría cobrar el subsidio de desempleo. La han echado, pero si no la hubieran despedido y hubiera tenido un contrato, nunca podría haber pedido ninguna excedencia ni reducción de jornada por cuidado. Así lo quiso el Parlamento de Gasteiz en 2017 con los votos del PNV, PSE y PP.

No sé tampoco por qué está embarazada. Quizá forma parte de ese 24 % de empleadas de hogar cuyo trabajo incluye la realización de algún trabajo sexual para el hombre al que cuida, para sus hijos o para sus yernos si los tuviera. A estos efectos, el cuidado podría incluir el sexo para calmar la ansiedad o contener la agresividad. Así nos lo contaba el estudio 'Acoso sexual y mujeres migradas' realizado por la consultoría Sortzen, en 2014.

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Políticas de igualdad en donde quepamos todas

A finales de la semana pasada, las cuidadoras de residencias, en su inmensa mayoría mujeres, denunciaban que el gobierno del PNV y del PSE en la Diputación de Gipuzkoa bloqueaba el preacuerdo alcanzado con las patronales para mejorar sus condiciones salariales y laborales. Como conclusión comunicaban que mantenían la convocatoria de huelga para el 20 de febrero. Paradójicamente, en esos mismos días, la misma Diputación celebraba en Tolosa el Congreso 'Feminismo 4.0: Lecturas sociales y políticas de la nueva ola del feminismo'. En esas jornadas participaban con una presencia mayoritaria voces feministas críticas que señalan al capitalismo como parte sustancial del problema. Allí dejaron sus ideas inconformistas Rosa Cobo, Amaia Pérez Orozco, Carmen Castro o Justa Montero, entre otras.

Dirigentes forales han dicho del Congreso que se trata de “un nuevo hito en las políticas de igualdad progresistas” de la Diputación de Gipuzkoa. Si atendemos a las políticas desarrolladas durante esta legislatura podríamos concluir que este gobierno considera que la igualdad de género es un derecho que se conquista endureciendo el acceso a la protección social, retrocediendo en la redistribución de la riqueza, debilitando los servicios públicos de cuidado y apostando por su mercantilización. La eliminación de la Ayuda de Garantía de Ingresos, del Impuesto a la Riqueza y Grandes Fortunas, la bajada de tipos en el Impuesto de Sociedades de Gipuzkoa, el aumento del copago en las residencias, la congelación de la mejora salarial y laboral de sus profesionales, la reducción de la financiación del Servicio de Ayuda a Domicilio y el impulso de la compra individual de empleo de hogar vía cheque-servicio, son algunas de las medidas ilustrativas de esa gestión. La mayoría de estas medidas, además, han salido adelante pese a contar con informes elaborados por el propio Órgano de Igualdad de la Diputación que alertaban sobre su impacto negativo para las mujeres.

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Vas a arder en el infierno y a pudrirte en la cárcel

El año 2019 se estrena con un nuevo bloque de poder configurado por una derecha similar, pero fragmentada en tres partidos. Los líderes del PP, de Cs y de VOX comparten el mismo origen y trayectoria vital. Hablamos de una derecha nacionalista española excluyente que ha vivido de los chiringuitos que se montaban a cuenta del dinero público. Abascal, a razón de 90.000 euros anuales de lo que le iba inventando Esperanza Aguirre y de cuya tarea nadie ha sabido dar cuenta. Comparten también el mismo proyecto histórico: odiar como estrategia para ocultar un nuevo saqueo en forma de más recortes en el gasto público, más residualización de la protección social, menos redistribución de la riqueza vía fiscal, junto a perspectivas de negocio en espacios hasta ahora sustraídos a la lógica del intercambio mercantil. Su utopía de mercado alcanza los vientres de alquiler, los cuidados de las personas o las pensiones.   

Odiar siempre es una buena inversión si de lo que se trata es de ocultar que no se tiene alternativa a un capitalismo depredador y en crisis que ofrece un horizonte de penuria generalizada. Saben que el resentimiento es caldo de cultivo del malestar social.  Basta azuzarlo y canalizarlo hacia unos pocos chivos expiatorios que no tienen ninguna culpa, pero pueden cargar con todas. Vuelven a señalar a soberanistas, independentistas, la izquierda, inmigrantes y mujeres.

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Preparar el fascismo en la intimidad

Emilio Mola Vidal, gobernador militar de Pamplona. Desde la Capitanía General, sede actual del Archivo de Navarra, prepara la sublevación militar, en extremo violenta, con la colaboración de la Iglesia, el ejército, los requetés y la aristocracia terrateniente navarra. El 19 de julio de 1936 declara el Estado de guerra para Navarra “Una vez más, el ejército unido a las demás fuerzas de la nación, se ve obligado a recoger el anhelo de la gran mayoría de los españoles. Se trata de restablecer el imperio del orden, no solamente en sus apariencias externas sino también en su misma esencia. Hay que sembrar el terror. Hay que dar la sensación de dominio, eliminando sin escrúpulos y vacilación a todos los que no piensen como nosotros. Nada de cobardías. Sino procedemos con la máxima energía no ganamos la partida. Todo aquél que ampare u oculte un sujeto comunista o del Frente Popular será pasado por las armas”. El holocausto de izquierdas se saldó con 3.300 personas asesinadas en Navarra, 4.000 huérfanos y miles de mujeres condenadas a la miseria, el hambre, la humillación y el olvido.

Así arranca el documental 'A sus muertos' de los artistas y periodistas audiovisuales navarros y editores de Alkibla, Clemente Bernard y Carolina Martínez. Un ejercicio de denuncia de una amnesia colectiva impuesta, que no es otra cosa que el recuerdo de una memoria de injusticia. En España hay 114.226 personas asesinadas por los sublevados que siguen desaparecidas en zanjas, cunetas y fosas comunes.

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En el 'oasis vasco' también se negocia con los cuidados

Las economistas feministas no se cansan de repetir que una buena manera de evaluar en qué medida nuestro modelo social está pensado para ayudar a hacer la vida más o menos fácil cuando no es autónoma o se empeña en ponerse cuesta arriba es observar cómo y quién resuelve los cuidados de las personas. Aunque al PNV le guste comparar Euskadi con el norte de Europa, lo cierto es que tenemos un modelo social 'mediterráneo', también llamado 'familiarista' (como recordaba hace poco la politóloga de la UPV/EHU Jule Goikoetxea). Como ese nombre indica, se caracteriza porque son las familias quienes cubren buena parte de las necesidades vitales básicas, incluidos afectos y cuidados diversos, con una cantidad ingente de trabajo gratuito de las mujeres.

O leído desde otra perspectiva, que el gasto público en servicios de cuidado es insuficiente y que, cuando se hace, apuesta por su mercantilización: acceso vía copago, concertación y gestión empresarial. En definitiva, que tenemos un modelo vasco de bienestar que resuelve los cuidados de manera escasa, sexista y mercantil. Treinta años de hegemonía institucional del PNV y buena parte de ellos sosteniendo gobiernos del PP en Madrid, no dan para seguir externalizando responsabilidades. Más aún si tenemos en cuenta el apoyo a unas cuentas de Rajoy que no solo frenaron en seco los tibios avances iniciados por Zapatero -como los relativos al Servicio de Autonomía y Atención a la Dependencia-, sino que inició todo un proceso de desuniversalización de derechos, refamiliarización del cuidado y de recentralización territorial que ha afectado a la configuración misma de los derechos sociales de competencia autonómica.

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