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Lucy Sombra

Lucy Sombra es rubia alienada por elección. Se prostituye en las aulas del Estado como funcionaria blanca occidental y biochocho privilegiado. Feminista desagradable por imposición patriarcal, esta antimadre es feliz escuchando a su hijo deconstruir su masculinidad cantando "Yo soy tu gatita". 

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El 8M, el coronavirus y la Ideología de Género, de género subnormal

Sé que tengo un facha delante (el masculino –singular o plural- que emplearé es genérico a todos y todas las fachas) cuando escucho 'ideología de género' referido a las corrientes de pensamiento que se aúnan y vertebran los feminismos. Feminismos de los que el facha nada sabe, pero todo opina.

Da el macho titiritero conferencias sobre lo que la manada ha convenido llamar 'ideología de género' (en Murcia fue Joaquín Robles en la Facultad de Ciencias Políticas, evento por supuesto no exento de violencia y custodiado por la policía) al tiempo que se frota la barriga –real o metafórica- como si fuera una lámpara mágica de la que espera le salga el genio. Pensar (¡qué generoso se me antoja aquí ese verbo!) que la ideología de género la trajimos las feministas o, para precisar más los feminismos queer, equivaldría a afirmar que antes no existía tal cosa.

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Madre (no) hay más que una

«Pero aquellas mujeres trabajaban todas

juntas en la más grande de las tareas:

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El problema no son las putas, el problema es la putofobia

Como sabemos gracias a la historia emancipadora de los feminismos, sólo hay sujeto político cuando se produce discurso. Esto es la política: la creación de una escena de enunciación donde representar un discurso propio en el que se visibilizan y denuncian las opresiones y en el que se articulan propuestas no sólo en un marco teórico-ideológico, sino también en un plano social y, por supuesto, jurídico. Para que ese sujeto político goce de plena y verdadera agencia, esta visibilización, denuncia y articulación tiene necesariamente que hacerse desde las voces protagonistas de esa opresión y, afortunadamente también -que para eso la política es por definición solidaria y contagiosa- desde los diversos, múltiples y transversales frentes aliados. Nombrarse desde otro lugar o, dicho de otro modo, romper con el estigma y el estereotipo para re-significarse es, gracias a lo que seguimos aprendiendo de las luchas decoloniales de los colectivos y de las personas migrantes y racializadas, un ejercicio de resistencia. Pero el colonialismo no es sólo una invasión y apropiación de los territorios y los cuerpos, la resistencia queer y la Voz Puta nos siguen enseñando que también hay una colonización violenta y una ocupación de los discursos, y no es fácil, cuando el interlocutor es el Señor Patriarcado, deconstruir las posiciones de opresión para posibilitar la creación de nuevos espacios desjerarquizados.

En este escenario, resulta evidente que nos encontramos ante una crisis de colectividad en los movimientos feministas. El Heteropatriarcado no contaba con un nuevo sujeto en la arena política, del mismo modo que para el feminismo hegemónico ha sido inesperado el surgimiento de nuevos sujetos políticos. Si la violencia ejercida en las casas del régimen heterosexual dejaba de ser algo íntimo y privado para convertirse en algo político (¡por fin!), las putas nos han enseñado que follar ya no es íntimo ni privado ni se hace gratis (a pesar de los no pocos esfuerzos de tradición romántica redoblados especialmente a partir del S.XIX); follar ahora gracias a ellas es político. Como es político el trabajo reproductivo y el trabajo maternal, como es político el trabajo doméstico, como es político el trabajo de cuidados, como es política la miseria y la precariedad.

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"Fuera el estigma puta de los tribunales de justicia"

El 2 de junio de 1975 en la iglesia de Saint-Nizier en Lyon (Francia) se encerraron 100 prostitutas con el lema “Mujeres de vida alegre en la casa del Señor” para denunciar la represión policial, la pérdida de derechos sobre la guarda y custodia de sus hijes, la extorsión, la violencia y el asesinato de trabajadoras sexuales en las calles.

Casi medio siglo después de aquel acto reivindicativo, la represión sigue estando muy presente en las vidas de las mujeres que ejercen la prostitución: en el municipio de Murcia la “ordenanza municipal para la lucha contra la prostitución”, de aplicación directa en el barrio del Carmen, publicada el 8 de octubre de 2013 y que entró en vigor el 9 de noviembre de ese mismo año, condena a las mujeres a la marginalidad y a una mayor situación de indefensión y vulnerabilidad al imponer sanciones económicas (las leves de 750 euros pudiendo llegar hasta las 3.000 euros las más graves), tanto a las prostitutas como a los clientes por ofrecer, negociar, aceptar y mantener relaciones sexuales en la calle.

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"Si no te gusta lo que pincho, vete a otra sala"

Marina Gasolina tiene 39 años y con ella empieza el WARM UP. Lleva siete años pinchando y este viernes 3 de mayo a las 18h empezará la magia de su reggaetón distópico. Marina, explícame qué demonios vas a pinchar, por favor.Pues piensa que el reggaetón es como el pop, es un género gigante. Hay ritmos y estructuras que se repiten en el reggaetón más comercial y en el más underground, pero el que yo llamo reggaetón distópico es como yo me imagino que sonaría el reggaetón si el mundo se acabara, algo así como un after del after.

Carrie Palmer tiene 32 años y lleva seis años poniendo música, aunque matiza que de manera más profesional los últimos cuatro. Para su sesión del sábado a las 00.30 ha preparado un poco de todo, como viene siendo la tónica de un estilo muy propio marcado por el eclecticismo. Principalmente pincharé música urbana y world music, música electrónica que llega a través de otras vertientes del mundo. Quiero hacer una sesión que haga justicia a músicas que yo quiero que estén siempre presentes, reivindicar músicas para hacerlas accesibles, que la gente las conozca y que se puedan bailar.

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El trabajo sexual y el trabajo doméstico, los dos grandes olvidados del primero de mayo

El activismo feminista ha llegado donde jamás soñaron llegar los sindicatos con todos sus micrófonos y todas sus subvenciones. No he escuchado nada interesante o novedoso de ningún (ni ninguna) sindicalista en los últimos treinta años. Con más putas que putos y más amas de casa que amos, parece evidente que las mujeres seguimos teniendo mucho que reivindicar y visibilizar en este primero de mayo.

Aunque me parece que desde las mesas redondas donde se autopsian las cuestiones patriarcales no es lícito abordar -ni siquiera desde la teoría- las relaciones que se establecen entre sexo y poder obviando deliberada y perversamente las relaciones entre amor y poder, me gustaría hablar aquí desde el punto de vista exclusivamente laboral de las demandas que llevo ya un tiempo escuchando desde los colectivos de trabajadoras sexuales y de los debates que no se dan jamás en torno al trabajo doméstico. ¡Qué lejos queda ya la militancia de la Federici en la campaña Salario para el trabajo doméstico o las siempre futuristas vascas con sus Asambleas de Mujeres de Euskadi para la preparación del 8M en 1993 donde se acuñó el lema «No al servicio familiar obligatorio. Insumisión»!

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Las reuniones de madres en el cole y las Ofelias de la vida

En la última reunión de padres con la seño (Spoiler warning: a pesar de que la circular convoca a los padres, cuento con los ojos 21 madres y 2 padres. Los padres son las madres. Los Reyes Magos son los padres. Y en estas seguimos con toda esa fabulación de suplantar identidades) surgió otra vez la más que manida demonización del uso que nuestres hijes hacen de las tecnologías, aunque esta vez no en clave de crítica por la falta de actividad física o por la cosa antisocial (como si leer, actividad bien querida y buscada por todes les mpadres, no fuese de toda la vida una actividad absolutamente sedentaria y tremendamente solitaria... En fin.), sino en clave de peligros, riesgos, abusos, desprotección, sobreexposición o miedo. Estas palabras acampan en los rostros de las mujeres que, una vez han sido socializadas como madres, celebran muy a menudo el Festival de la Angustia: auténticas raves donde una se puede colocar muchísimo con altas dosis de preocupación y tormento. Creepy.

Me sentí como en una suerte de terapia, una reunión de alcohólicas anónimas donde la adicción al alcohol había sido sustituida por un triste mono de angustia y miedos. Así lo enseñaron en la escuela a la que afortunadamente mi madre no me llevó: allí se aprende que ser madre es vivir en un estado de permanente zozobra y las nuevas tecnologías junto con las redes sociales han ampliado hasta el infinito la oferta de este buffet-nada-libre de inagotable ansiedad. Con el carnet de madre ya homologado, una se puede (y se debe) preocupar y angustiar hasta reventar. Ver amenaza en cada desliz del dedito por la pantalla es por lo visto algo inherente inevitable inseparable irremediable indisoluble a esto de ser madre de natives digitales.

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Las malas víctimas y la patologización como arma política dentro de las estructuras patriarcales

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Carta abierta a Jaime Peris Riera, catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Murcia

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Malasmadres

 

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