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La violencia teórica deviene violencia en la práctica: el grupo RadFem de Murcia muestra sus dientes

La policía, junto con las cinco personas que se mostraron contrarias a la convocatoria RadFem en contra de la 'ley trans' en el Malecón el pasado 26 de junio

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El pasado sábado 26 de junio el grupo trans-excluyente RadFem de Murcia tenía convocada una concentración en el jardín del Malecón para echarse el pulso con el feminismo interseccional en lo que son las fechas más inclusivas en el calendario feminista: la semana del activismo trans-bi-bollero-marica-cuir que culminaron en la capital murciana con una manifestación del bloque del Orgullo Crítico el próximo lunes 28J. Cómo es posible que una legislación que tiene tipificado el delito de odio consienta y a través de sus Delegados de Gobierno autorice este tipo de concentraciones es algo que escapa a mi entendimiento. ¿Se autorizaría una concentración contra las personas migrantes para pedir un plan de gobierno que tramitara su expulsión del país? Posiblemente sí, corren tiempos de mucha libertad de expresión para el fascismo racista (incluso salen estos discursos de grupos parlamentarios) y, como estamos viendo, también para el trans-odiante. Imagino que cuando el gobierno central es el que enarbola políticas de exclusión y discriminación hacia las personas y el colectivo trans es muy fácil si eres TERFista que te vengas arriba. Pero leamos a ver lo que recoge el Código Penal sobre el delito de odio en su artículo 510, sección a): “Quienes públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo o contra una persona determinada por razón de su pertenencia a aquél, por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, la pertenencia de sus miembros a una etnia, raza o nación, su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad.” Así pues, con la ley en la mano, repito: ¿cómo es posible que se autoricen concentraciones que tienen como finalidad mostrarse en contra de que las personas trans accedan a tener derechos? ¿Existe mayor situación de vulnerabilidad y discriminación que la de no tener derechos? ¿Cómo puede considerarse no-violento el oponerse a que unas personas tengan derechos?

La difusión por redes y en la prensa corre como la pólvora si formas parte del feminismo del poder (como lo denominaba bell hooks): con el altavoz mediático-manipulador en tus manos puedes empezar a contar todas las mentiras que quieras tralará, que poca réplica te van a toser.

Vamos con las mentiras. 1. Ninguna de las cinco chicas que fuimos a hacer pedagogía transincluyente fuimos ni organizadas ni convocadas por el Movimiento Feminista de Murcia: coincidimos allí. No hubo ninguna contra-concentración ni ninguna convocatoria hecha por nadie ni a título personal ni colectivo en redes sociales. Como no había nada organizado ni convocado, no se tramitaron los permisos pertinentes a Delegación de Gobierno: menos de 20 personas no necesitan tramitar nada para estar libremente en la calle. Pueden ir a Delegación de Gobierno a cerciorarse sobre esto último, si es que todavía mantienen que hubo una contra-concentración organizada. 2. Sobre el vídeo (cortado y con la pelea ya empezada donde no se ve realmente cómo empezó todo) que circulan por redes, añadir este pantallazo que esta RadFem publicaba en su cuenta de twitter donde reconoce (“yo le he quitado una (pancarta) y su respuesta ha sido tirarme el pelo”) que fue el grupo tránsfobo el que empezó la trifulca y no al contrario. El orden es importante cuando una tiene la perversa intención de crear una falsa imagen de victimización que sustente sus argumentos tergiversados sobre la violencia. El orden es importante para saber dilucidar qué es violencia y qué es defensa. 3. La concentración de violento marco político-teórico tránsfobo se sucedió sin que ninguna de las feministas transincluyentes impidiera absolutamente nada. No se produjo ninguna obstrucción ni ningún bloqueo que en algún momento supusiera el cese de la actividad del grupo TERF en la calle: la repetición y coros de sus consignas tránsfobas sonaban libremente en la calle, sus pancartas y carteles se fueron intactos, la lectura de su manifiesto se hizo íntegra y sin interrupciones. No hay, pues, base en la observación empírica de la realidad que sustente una denuncia por impedir el derecho de manifestación. Nadie impidió nada. Sí hubo, el pasado 11 de junio, en Murcia, con motivo de las convocatorias que se hicieron a nivel estatal por el asesinato (violencia vicaria) de las dos niñas a manos de su padre en Tenerife, una intervención por parte de una activista tránsfoba (también presente en el altercado de ayer) que interrumpió a une compañere marika no-binarie que estaba en ese momento hablando por el megáfono. Con un argumento de Feminismo de Entrepierna de tú-no-tienes-que-hablar-aquí-que-eres-hombre, la activista tránsfoba quitaba la palabra al compañere, conocide artivista y militante del Bloque Crítico del Orgullo en Murcia y miembrx del Movimiento Feminista. Ni llamamos a la policía, ni sacamos su cara sin pixelar para difundir en los medios (como sí hicieron ellas con una compañera el sábado en lo que entendemos podría servir de linchamiento popular), ni emprendimos acciones legales contra esta mujer que, delante de más de 100 personas, boicoteó la intervención y cercenó la libertad de expresión de esta persona. El grupo reprendió su desacertado comportamiento y seguimos sin mayor problema nuestro evento. 4. En declaraciones a medios, las RadFem sostienen que las rodeamos para después atacarlas y quitarles la pancarta: difícilmente cinco personas van a rodear a cuarenta e incluso han llegado a escribir que agredimos a una mujer embarazada. 5. También he leído en redes que la policía tuvo que intervenir cuando lo cierto es que cuando se personó el Cuerpo, las TERF se sentaron todas en el suelo a performar el pacifismo mientras las cinco estábamos a distancia y sin contacto alguno con ninguna de ellas. Hasta tal punto no pasaba nada que la policía tuvo que preguntar que qué pasaba, pues no se entendía bien para qué los habían llamado. Desde aquí me gustaría animar a este grupo de tan rica imaginación a presentarse al premio Herralde de novela de la editorial Anagrama, ese don para generar narrativas de naturaleza fantástica no debería desaprovecharse. Ahora sabemos por qué llamaron a la policía y es que, tan exigua era la fuerza política de su concentración, que la presencia policial sin duda alguna pensarían que animaría el cotarro mediático (como así efectivamente ha resultado), performando en la práctica lo que defiende la ideología TERF: esa falsa victimización alarmista de que las van a borrar. Seguramente se asustaron cuando nos vieron aparecer con nuestra goma cuir.

Por último, quisiera hacer una reflexión sobre la importancia del activismo (no sólo en redes, sino principalmente en la calle o en cualquier otro espacio) para contradecir, confrontar y en última instancia acallar y acabar con los discursos de odio, cuya promoción pública, recordemos, está recogida y penalizada por el Código Penal: en la Región de Murcia hemos asistido a tres manifestaciones en la última semana que tenían como finalidad la visibilización del odio racista y sus terribles consecuencias para la vida de las personas, personas migrantes y racializadas que tienen que vivir con miedo, explotadas en sus trabajos y minusvaloradas en su día a día como consecuencia del auge de los discursos de odio, exclusión, marginación y criminalización de la ultraderecha. Pero no sólo son discursos, también la existencia de determinadas leyes (como la Ley de Extranjería) o la inexistencia de tantas otras (como las que podrían garantizar –de existir- unas condiciones de vida dignas a tantas y tantas personas) son las responsables de que siga perpetuándose la violencia hacia determinadas personas y colectivos. Negarle a una persona derechos es condenarla a la indefensión y a la vulnerabilidad. Es estúpido que una persona blanca se sienta amenazada porque las personas migrantes accedan a derechos, sin embargo, existe un miedo y una amenaza para ciertas mujeres en que las personas trans avancen en la consecución de los suyos. El transfeminismo reconoce y abraza la interseccionalidad de las luchas y no vamos a mirar para otro lado mientras haya compañeros, compañeras y compañeres que se sientan violentades simplemente por existir. Ni el lugar de origen, ni el color de la piel ni la identidad de género (en el caso de los discursos tránsfobos) vamos a consentir que sigan siendo argumentos donde la violencia, que nunca es sólo teórica, campe a sus anchas. La defensa por los derechos de las personas trans y no mirar para otro lado mientras el odio ocupa impunemente el espacio público fueron la única motivación que nos llevó a acudir la mañana del sábado 26 a la concentración tránsfoba convocada por el grupo RadFem. Es un error que el odio encuentre una excusa y una grieta para difundirse bajo el falso pretexto de la libertad de expresión y manifestación.

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30 de junio de 2021 - 06:00 h

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