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Luis Rico

Luis Rico es doctor en Ecología por la Universidad Autónoma de Madrid, sociotrabajador de una cooperativa y coordinador de Ecologistas en Acción. Desde ahí ha participado en campañas contra el poder corporativo, los tratados comerciales, la Unión Europea y la globalización capitalista. Entre paternidades, trabajos, amistades y reuniones a veces saca tiempo para escribir artículos.

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Sobre el ecologismo, el rigor y el futuro de la humanidad

“Un ecologista es una persona que tiene más razón de la que le gustaría”. Con esta frase ironizaba nuestro compañero Ladislao Martínez sobre los problemas ambientales que el ecologismo ha ido señalando a lo largo de la historia.

La relación entre procesos (como la incineración de residuos, los vertidos a los ríos, la combustión del diesel, el cambio climático o la pérdida de calidad del aire), sustancias contaminantes (como el DDT, el lindano, los CFCs, el plomo, el mercurio o los plásticos) y sus efectos sobre la salud y el medio ambiente han sido objeto de parte de las campañas que desarrollamos desde el ecologismo social organizaciones como Ecologistas en Acción (y tantas otras a nivel nacional e internacional). Algunas de ellas han tenido incidencia sobre cambios regulatorios y sociales. La mayoría de las veces demasiado tarde (o cuando el problema tenía envergaduras muy grandes y el coste de actuación era mucho mayor). Son muy pocas (ninguna que recordemos) las veces que se ha alertado sobre problemas inexistentes, como recoge un estudio de la Agencia Europea del Medio Ambiente en el que intentaba recoger “falsos positivos” en cuanto a la aplicación del principio de precaución durante todo el siglo XX, concluyendo que esto no había ocurrido ni una sola vez (el mismo informe recogía numerosos ejemplos en los que se había actuado demasiado tarde). El tiempo nos ha ido dando la razón en todos y cada uno de estos problemas, entre otras cosas porque siempre se han tratado con rigor los análisis de las causas y los efectos de dichos problemas.

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¿Qué pasaría si prescindiéramos del principio de precaución?

Imaginemos a una persona que va un día recogiendo setas por el monte y se encuentra con una que desconoce. Podría ser comestible e incluso deliciosa, pero dado que hay setas venenosas lo normal es que, ante el desconocimiento, no añada la desconocida a su cesta. Imaginemos ahora que la persona va con un grupo de expertos micólogos, pero que no se ponen de acuerdo sobre la inocuidad de la seta. Probablemente en este caso también decida buscar otras setas y no arriesgarse a poner su vida en peligro. Este ejemplo ilustra el funcionamiento simplificado del principio de precaución, por el cual se incita a no consumir (o comercializar) productos hasta demostrar su inocuidad. Y este es el principio en el que el movimiento ecologista se basa para pedir la prohibición del glifosato.

El principio de precaución cobra más importancia a la hora de tratar con sistemas complejos como lo son la salud o el medioambiente. En los sistemas complejos no es sencillo relacionar las causas con los efectos y hacen falta años de investigación para encontrar estas relaciones. Por eso se tardó años en entender la relación entre una enfermedad como el cáncer con elementos como el tabaco o el amianto. Por esta razón basar la legislación en el principio de precaución ha sido una reivindicación fundamental del ecologismo, al entender que es preferible asegurarse de los riesgos que tiene una sustancia antes de ser comercializada que esperar a que haya una epidemia para que sea prohibida (o para que se haga una campaña advirtiendo de sus problemas, como en el caso del tabaco).

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Apuntes políticos y ambientales para explicar el Brexit

La victoria en el referéndum británico del no a la UE se enmarca en un contexto en el que en varios territorios centrales están aumentando de forma importante las posturas nacionalistas de derecha y ultraderecha. Este es el caso de Quebec, Cataluña, Escocia o el propio Reino Unido, pero también de Francia, Austria, Alemania u Holanda. Lejos de ser una coyuntura, son movimientos que responden al momento histórico actual y deben leerse conjuntamente (aunque obviamente tienen sus especificidades). Suponen grandes riesgos de regresión democrática y social, no por el hecho del proceso independentista, sino de quien lo lidera. Compartimos algunas ideas sobre las causas del auge del nacionalismo insolidario británico expresado en el Brexit, que pueden ser extrapolables a otros territorios.

No hay precedentes de ninguna población que se haya marchado de un proyecto que consideraba que le beneficiase. El pueblo británico no es una excepción: la UE no le sirve porque le impone políticas neoliberales que le lesionan. También porque es un proyecto que tiene cada vez menos espacio en el marco internacional, es decir, que sirve cada vez menos para mantener las posiciones de privilegio a escala mundial de las que han disfrutado las clases medias y altas británicas. Ambos aspectos, han servido de trampolín a las posiciones nacionalistas de derechas que han protagonizado la campaña.

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