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Patricia Caro

Psicóloga, investiga sobre el sexismo. También es consultora en género e interseccionalidad para diferentes organizaciones y activista por los derechos de las mujeres, especializada en Romnja (gitanas en general) y Kalís (gitanas españolas).

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Si ellos caben, cabemos todas. La alianza con la infancia

En menos de una semana se han sucedido tres ataques a centros de menores de jóvenes que han migrado solos a España. Uno en Casteldefells, otro en Canet de Mar y el último en la Zona Franca de Barcelona. La violencia hacia estos chicos no es nueva. Dos murieron en Melilla cuando estaban bajo la tutela de centros de menores el año pasado. Soufiane había perdido un pie haciendo "risky", intentando cruzar a la Península. Mamadou sufrió varias paradas cardiorespiratorias aparentemente después de que le redujera la seguridad privada del centro. Ninguna institución pública informó a su familia y la cruel respuesta del consejero del PP cuando se le reprochó esto fue "que los padres hubieran venido antes y no a por su cadáver".

Todo esto está pasando mientras nuestro país sigue rozando un 30% de pobreza infantil, mantenemos una ley educativa que expulsa a los alumnos y alumnas fuera del sistema educativo, ya sea a centros de educación especial o a FPs básicas, y no conseguimos que ningún Gobierno se comprometa de verdad con el Buen Trato hacia la infancia y articule una ley estatal que proteja a los niños y las niñas de todas las formas de violencia. Ahí está el quid de la cuestión. El trato que reciben los niños y niñas que migran solos, con pruebas que incluyen desnudos integrales para decidir cuál es su edad nada más llegar, incluso aunque tengan documentación, es el espejo en el que se mira España cuando hablamos de derechos de la infancia. Un sistema de protección que abandona institucionalmente a la infancia que se encuentra en la situación más límite, la de afrontar un proyecto migratorio en solitario, es un sistema fallido.  

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Antigitanismo académico y feminismo pseudoilustrado

Hace unos días leí la entrevista que eldiario.es realizaba a María Esther López Rodríguez en referencia a su tesis doctoral. En ella, utilizaba un vasto repertorio de metáforas colonialistas y excluyentes para hablar de las mujeres gitanas. Por ejemplo, usaba “arcaico, tradicional o en vías de desarrollo” para referirse a la cultura kalí, mientras usaba la palabra “moderna” para referirse a las mujeres payas. Hablaba de “cruzar la línea” para ilustrar cómo debemos abandonar nuestra cultura y nuestras familias si deseamos acceder a nuestros derechos. Argumentos perfectamente alineados con la propaganda que promueve la Fundación para la que trabaja (Fundación Secretariado Gitano), de claro liderazgo masculino, payo y católico, dicho sea de paso.

Afirmaba la señora, que el “apayamiento” es la causa que mayor carga ejerce sobre las gitanas a la hora de disfrutar nuestro derecho a la educación. Para ella, este fenómeno es un estigma que nuestras “familias patriarcales” colocan sobre nosotras con una “violencia soterrada, velada” para construir nuestra identidad de género y convertirnos en esclavas del hogar. Ante esta situación, afirma que lo mejor es desarrollar un “egoísmo racional” que nos libere de nuestra cultura y nos permita convertirnos en mujeres “modernas”.

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Pogromos antigitanos en Ucrania ¿genealogía de la próxima barbarie?

La violencia antigitana organizada y los desalojos dirigidos por autoridades públicas afiliadas a la extrema derecha azotan las comunidades romaníes en Ucrania. La inacción de las autoridades justifica la impunidad de los perpetradores y niega los derechos humanos más fundamentales a las familias romaníes sólo por una razón: su pertenencia cultural.

El 15 de julio un jardín de infancia y una iglesia romaní fueron quemadas en  Zakarpattia. El 2 de julio, una mujer romaní fue apuñalada en la misma región. El 23 de junio, una comunidad romaní a las afueras de Lviv fue atacada por un grupo de jóvenes enmascarados, mataron a un hombre de 24 años e hirieron a otros cuatro, incluido un niño de 10 años. El 7 de junio, otra comunidad romaní asentada en Kiev fue amenazada. La comunidad, compuesta por 60 personas, solicitó protección a la policía y se les denegó. Finalmente, tuvieron que salir huyendo. El 24 de mayo, el abogado que defendía el caso de un hombre romaní asesinado por un funcionario público en Jarkov, fue agredido en su oficina. Tres personas lo instaron a dejar de defender a los "gitanos". Uno de los atacantes era un empleado de Járkov en la Fiscalía Regional. El 22 de mayo, un grupo de 15 hombres armados incendiaron otro campamento de romaníes en la región de Ternopil. El 9 de mayo, 30 personas enmascaradas incendiaron otro asentamiento en Rudne y las familias también se vieron obligadas a huir ante la desprotección policial. El 23 de abril, otro grupo incendió el hogar de una familia romaní en Kiev. El 21 de abril, un asentamiento romaní en Kiev fue desmantelado con violencia  por 30 hombres y terminaron por incendiarlo. Después de llegar a la escena, la policía no protegió a las familias y en cambio, les aconsejó que se fueran de Kiev. Estos ataques son  perpetrados por  grupos de extrema derecha, como 'Sobrio y Angry Youth', 'Nemezida'  o el grupo paramiliar de derecha radical C-14, que buscan reparar la corrupción del presidente ucraniano a través de la externalización del odio sobre las comunidades romaníes.

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Matteo Salvini y cultura política patriarcal

La cultura política patriarcal aglutina un conjunto de instituciones, conocimientos y prácticas que mantienen a una élite dominante masculina, paya, adulta, heterosexual, de alta clase social, nacional-católica, irrespetuosa con el medioambiente y sin diversidad funcional aparente. Para evitar cualquier riesgo que ponga en peligro el statu quo del grupo dominante, esta cultura garantiza la estratificación social a través del establecimiento de estereotipos y prejuicios. Con este fin, despliega ideologías que justifican la desigualdad y expolia los recursos aportados por las mujeres, las diferentes culturas, el medioambiente e incluso de aquellos hombres que no pertenecen a su élite. Por ello, una cultura política patriarcal necesita establecerse sobre la dominancia social para llevar a cabo políticas conservadoras que fomenten el racismo, el sexismo o la falta de respeto al medioambiente.

En este contexto, Mateo Salvini es buen representante de este paradigma cultural: varón payo, heterosexual, adulto, sin diversidad funcional aparente y nacional-católico. Es dirigente de la Liga Norte, vicepresidente de la República italiana y Ministro de Interior. Recientemente ha anunciado públicamente su propósito de censar a toda la comunidad romaní con la intención de expulsar a aquellas personas que no tengan la nacionalidad (aunque para su desgracia la mayoría provienen de estados comunitarios, lo que debería imposibilitar su expulsión). Para intentar “suavizar” la hostilidad, Salvini ha matizado que tendría que quedarse a las personas italianas e impediría que las familias romaníes continuaran destinando a sus hijas e hijos a la delincuencia.

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Basta de violencia antigitana

Tres chicas romaníes de 4, 8 y 20 años han sido asesinadas voluntariamente (que no muertas) en la madrugada de su caravana. Elisabeth, Francesca y Angelica soñaban con un nuevo amanecer junto a su familia desde un guetto a las afueras de Roma. Asesinadas voluntariamente. La familia había sido amenazada previamente, sentían miedo y la semana anterior hubo otro ataque en otra caravana. El Estado no hizo nada.

Su familia huyó del antigitanismo en otro país, y ellas habían nacido en Italia. Lo mismo que se repite desde hace mil años. Las políticas migratorias criminalizadoras de personas son mucho más visibles cuando hay una valla, pero, ¿qué pasa cuando el viaje sucede dentro de nuestro continente sin vallas internas? Ese que alardea de garantizar derechos humanos y condiciones de vida digna. ¿Y cuando las personas nacen y viven en territorio europeo? Ocurre que incluso los consulados y embajadas de los países emisores ejercen una violencia tremendamente racista que vuelve invisibles a las comunidades romaníes migrantes incluyendo la perspectiva de género y generación. Ocurre que no se reconoce la ciudadanía efectiva para las personas romaníes ni aun naciendo en el país donde viven.

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