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Vacunas contra el antigitanismo en tiempos de la COVID-19

Ceremonia del día del pueblo gitano

Patricia Caro

Psicóloga e investigadora en género e interseccionalidad —

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El 8 de abril se conmemora el Día Internacional del Pueblo Gitano. Desde hace casi 50 años diferentes instituciones y organizaciones del mundo realizan durante estos días declaraciones y jornadas además de una ceremonia en la que se depositan sobre el río pétalos de flores que recuerden el devenir de nuestra historia y la necesidad de reparación. Este año, debido a la incidencia del Covid-19 todas las celebraciones han sido suspendidas y es que además del confinamiento no es día para celebraciones lúdicas sino para reflexiones profundas.

La comunidad romaní española es una de las más grandes en toda Europa. Pero en su última visita a España, el relator de la ONU para la extrema pobreza Philip Alston reconoció que la población romaní es una de las que enfrentan peores situaciones en España. En este sentido, el relator hizo hincapié en la brecha interseccional soportada por las mujeres, las altas tasas de pobreza infantil, el abandono institucional de los barrios guetto y la actitud de “falta de urgencia y resignación” por parte del funcionariado (in)competente que “no tiene entre sus prioridades conseguir resultados tangibles”. Por otra parte, Fernand de Varenne, relator de minorías, declaró que la situación de las comunidades romaníes en España está entre las más vulnerables del país, debido al antigitanismo extendido y arraigado tanto en los comportamientos sociales y culturales, como en las prácticas institucionales.

A pesar de estas condiciones de vulnerabilidad, antigitanismo y discriminación interseccional, durante estas semanas varias familias romaníes dedicadas a la venta ambulante fueron las primeras en parar su actividad laboral y centrarse en organizar el reparto de sus propias existencias de frutas y verduras entre las personas más necesitadas del barrio poniendo especial atención sobre las personas más mayores (payas y gitanas). Otras familias han donado a la sanidad pública cualquier tipo de material que usaban para la venta susceptible de proteger al personal sanitario. En muchas ciudades y pueblos, justo las organizaciones romaníes que menos fondos reciben de las instituciones públicas son las que más se han movilizado para repartir de alimentos a quienes más lo necesitan a la vez que reclamaban a las instituciones su responsabilidad en la garantía de recursos básicos en los barrios más vulnerables. En otras familias, sus miembros han contribuido al sostenimiento del país con servicios considerados esenciales como el cuidado de las personas mayores en residencias, los servicios telefónicos de las empresas o la seguridad de infraestructuras, por poner algunos ejemplos. Y por supuesto, es imposible relatar las aportaciones de las comunidades romaníes al común de la sociedad sin nombrar a todo el personal sanitario y farmacéutico, remunerado y voluntario, que estas semanas se encuentran en primera fila de cuidados, con sus dudas y certezas, para contribuir a la erradicación de este virus.

La realidad es que la mayoría de individuos, artistas y organizaciones romaníes además de las labores solidarias y sanitarias, se han involucrado activamente en la concienciación sobre el confinamiento de la misma forma que el resto de habitantes y añadiendo su mirada propia. Desde el primer momento del confinamiento, nuestras redes sociales se inundaron de contenidos que van desde vídeos musicales y vocativos, pasando por niños y niñas indicando las conductas necesarias que protejan la salud de sus mayores, mensajes de autoridades espirituales o la difusión de carteles en caló y romanés por poner algunos ejemplos.

Desgraciadamente, muchas veces estas actitudes prosociales de ayuda, solidaridad y cooperación son respondidas con la mala práctica de editoriales antigitanos. Estos utilizan una mezcla entre fakenews y excepciones para criminalizar a todo un barrio, a toda una cultura, a todas las mujeres romaníes e incluso a toda una minoría religiosa en el mismo pack. Además de estos editoriales, la diseminación de discursos de odio a través de bulos antigitanos difundidos en diferentes redes sociales han sido la tónica general en lugar de la difusión de nuestra contribución para proteger la salud de todas y todos. Como guinda del pastel, no podía faltar el alcalde antigitano de turno cuyas prácticas de la Edad Media le obligaron a retractarse públicamente gracias a la mediación sabia de las personas ancianas de la comunidad romaní.

¿Será que tiene más encaje en los esquemas sociales el Antigitanismo que las evidencias palpables? Ya Helena Dalli ( Comisionada de la UE para la Igualdad) dio la voz de alarma en torno a los discursos de odio racistas en el contexto del Covid-19 denunciando el uso de la pandemia para culpar a cualquier grupo étnico de su diseminación y estableciendo la necesidad de desafiar estos mensajes. En esta línea, la declaración conjunta de Vera Jourová (Vicepresidenta de Valores y Transparencia en la Comisión Europea) y Helena Dalli con motivo del Día internacional del Pueblo Gitano reconoce que los discursos de odio en línea y las historias falsas contra las comunidades romaníes vuelven a aumentar. Por ello, reconocen la necesidad de realizar mayores esfuerzos para garantizar que estas comunidades tengan el mismo acceso a los derechos fundamentales.

Las desigualdades económicas y el antigitanismo desde una mirada interseccional son fuentes de comorbilidad en la pandemia del Covid-19 porque determinan las condiciones de salud según los propios datos oficiales. Nuestro país necesita distancia física para superar el coronavirus, pero en ningún caso necesita distancia social. Más bien necesita la erradicación total de la brecha social, y el distanciamiento resultante, que hiere la supervivencia cohesionada de todas y todos. En este sentido, un Estado que cierra la brecha antigitana desde una mirada interseccional indica que otras brechas como la económica, la social o la de género quedan selladas de manera segura. Sólo podemos avanzar firmes en este nuevo camino si contamos con un cuerpo social sano y libre de fracturas.

Finalmente, quiero recordar algo a todas las familias romaníes. Aquellas cuyos familiares han partido, aquellas que están pasando la enfermedad y aquellas que con sus miedos y certezas guardan pacientemente el confinamiento. Recordad las fatigas de quienes nos precedieron y la capacidad que tuvieron para sobreponerse a las circunstancias que siempre nos relataron. Nuestra unidad y determinación para superar las adversidades está inscrita en nuestro ADN desde que existimos, esa es nuestra mayor virtud. No hagamos caso a los ignorantes de espíritu que lanzan su odio. Agarrémonos a nuestra fortaleza y no la soltemos. Pronto habrá pasado todo y juntos podremos compartir el duelo por los que partieron y la alegría del reencuentro.

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