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Pedro Mª. Sánchez

He ejercido durante 20 años como técnico en diversas áreas de los servicios sociales especializados y comunitarios. También me he dedicado los últimos 4 al desempeño de responsabilidades políticas en el Gobierno de Euskadi, como director de Inclusión Social en una primera fase y como director de Formación y Garantía de Ingresos del Servicio Vasco de Empleo-Lanbide, en la segunda parte de la legislatura. Esto me ha impulsado a una travesía desde mi zona de "de-formación", los servicios sociales, hacia el apasionante mundo de la formación para el empleo, las cualificaciones profesionales, sin dejar de lado las rentas mínimas y relacionando ambos ámbitos. Actualmente desarrollo mi trabajo como técnico de innovación en el Área de Desarrollo Local del Ayuntamiento de Ermua (Bizkaia), transitando así hacia nuevos horizontes profesionales, en un mundo donde la economía y las TICs son ecosistemas y herramientas indispensables para trabajar ideas.

Legislar 'ad hoc' frente al interés común

Nunca antes unas elecciones europeas tuvieron tanta repercusión en la realidad política de España como las últimas. Y no es ajeno a esto el surgimiento del fenómeno Podemos, aldabonazo definitivo a la creencia de que es posible un final de ciclo del bipartidismo, pero desde fuera del estamento político. Hasta ahora la sensación era más leve y su origen estaba dentro de un cierto ‘establishment’, fuera este el de UPyD o el de Izquierda Unida. No eran ni mucho menos agentes novedosos en el tablero de nuestra política.

El resultado llevaba ‘recados’ para todos los agentes. Desde el jefe del Estado en aquellos días, hasta el último de los partidos y coaliciones. Sin entrar a valorar el carácter de las nuevas fuerzas emergentes, esencialmente Podemos, con sus claroscuros que el tiempo irá ubicando en su verdadera dimensión, quería someter hoy a cierta observación la forma en que los agentes previos del sistema han reaccionado ante este nuevo escenario.

La reacción de la jefatura del Estado es conocida por todas y todos. Abdicación del viejo rey, para que el nuevo rey permita que la institución monárquica repunte en las encuestas. Lo que tradicionalmente han hecho los partidos políticos mayoritarios en todos los años de la reforma democrática: cambiar para que nada cambie. Por su parte están, los partidos más pequeños que, aún obteniendo un buen resultado, no han visto llegar el momento en que el desencanto ciudadano con lo que Podemos denomina "la casta" les haya reportado un aumento significativo en sus votos. Por más que UPyD pasara de uno a cuatro eurodiputados, que IU tuviera un significativo aumento de votos o que otras fuerzas como Ciudadanos entraran en el Europarlamento.

Así, IU se encuentra completamente perdida intentando sumarse a la ola Podemos sin poder. Sus estrategas decidieron no sumar con Podemos porque no evaluaron adecuadamente lo que el fenómeno llevaba detrás y ahora les ha nacido un monstruo. Inicialmente solo les ha restado crecimiento, pareciendo que el PSOE ha sido el gran perjudicado, pero indudablemente los mayores riesgos de futuro que Podemos representa para sus adversarios se aplican a IU. Sin duda. Veremos en qué queda el experimento Ganemos que, fabricado en parte desde cúpulas, podría terminar de perjudicar más que servir a la coalición del PCE.

Por su parte UPyD ha entrado en barrena a través de su diario de cabecera, El Mundo, con artículos y declaraciones cruzadas entre sus líderes que apuntan directamente a la cabeza de Rosa Díez, incapaz de renunciar a su autoritarismo personalista, para buscar puntos de encuentro con Ciudadanos, con menos peso en España que UPyD, pero sin el lastre de una Rosa Díez con un pasado político conocido y con un presente de expulsiones, dimisiones, disensiones y, ahora, críticas duras incluso de las personas de su máxima confianza. Ciudadanos puede terminar convirtiéndose en el Podemos del liberalismo español de tercera vía. Veremos. Su petición de confluencia electoral con UPyD es algo más que inteligente. Es todo un ejercicio de estrategia política sin nada que perder y con mucho que ganar.

Una de las reacciones más rápidas y potentes desde el punto de vista mediático fue la del PSOE de Rubalcaba, que enseguida entendió que estábamos ante un nuevo tiempo y que él mismo y lo que encarnaba se estaban convirtiendo en un tapón. Las primarias han sido un revulsivo, indudablemente, rompiendo una tendencia al descalabro, que en las europeas tuvo un nombre propio: Podemos. Si detrás de estas primarias hay una reflexión colectiva de modernización de la socialdemocracia española, alejándola de la comunión servil con los poderes establecidos se verá con el tiempo. Por el momento el cambio cosmético es bueno, la valía del líder tanto en lo intelectual como en la fotogenia para los carteles y su profunda voz para los debates, marcan enormes diferencias con lo que había.

Algún gesto político de pequeña escala como la oposición al candidato de la derecha europea ha estado bien, pero es pronto para saber si la nueva dirección está en disposición de dar un giro económico a las acciones del partido, como Zapatero lo hizo en los asuntos sociales, dejando de predicar y comprometiéndose con medidas en el BOE en futuros gobiernos. La primera prueba con el asunto de la corrupción, apoyando a los dos ex presidentes de la Junta de Andalucía, no envía buenas señales de cambio profundo, libre de lastres. Vaya, que el PSOE no está en una refundación, ni mucho menos.

Y por último el papelón del PP. Vistos los resultados su gabinete de análisis, caso de que lo tuviera, se ha puesto a echar leña al fuego de la caldera del tren de la legislación ‘ad hoc’. Han decidido golpear al sistema con una modificación de la ley electoral para elecciones municipales, blindándose de posibles alianzas de la izquierda o entre la izquierda y nuevos movimientos ciudadanos o plataformas o nuevos partidos o lo que surja de aquí a las municipales. Rajoy, que en 2013 negó rotundamente que tuviera intención de hacer lo que va a hacer, si no obtenía previamente consensos amplios, ahora, desesperado por la sangría que con la actual ley supondrían para su poder municipal las elecciones de 2015, se dirige a dar todo un golpe institucional antidemocrático.

Ya con anterioridad el PP, incluso con el apoyo del PSOE ha legislado para una situación concreta. En situaciones de casi excepcionalidad democrática buscando el bien común, como con la Ley de Partidos. Pero es la primera vez que de una manera tan descarada se inicia una maniobra política, al estilo de regímenes políticos con pseudo democracias o democracias cuestionadas cuando menos, como el caso venezolano y otros, va a legislar para mantenerse en el poder. Como bien ha dicho el líder del PSOE, proponen cambios para seguir en el poder. Esta es su reacción ante el resultado.

Como se puede observar, distintas maneras de afrontar un resultado electoral que ha movido los cimientos de los partidos y del sistema en su conjunto. Me pregunto hasta qué punto puede llegar la desilusión ciudadana, cuando más pluralidad se reclama, más necesidad de opciones distintas se necesitan, el mal gobierno coarta ese deseo, legislando para que haya menos donde elegir, aludiendo al sistema proporcional como el colmo de todos los males. Toqueville se refería al sistema democrático municipal como la base del sistema democrático. Hacia él lanza su reacción postelectoral y preelectoral el Partido Popular en forma de torpedo antidemocrático.

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Lanbide, el Tribunal de Cuentas, el Ararteko, la castuza y la ciudadanía

Llevábamos tranquilos una buena temporada, gracias al cambio de Gobierno en diciembre de 2012 y al cariño habitual de muchos medios vascos a los gobiernos naturales del país y no a los 'antinaturales', con el asunto de Lanbide y las ayudas de garantía de ingresos. Pero de pronto, como diría la otra, una conjunción astral ha debido afectar al asunto porque todo han sido nuevas, aunque no buenas, sobre ello. Es casi como si los socialistas volvieran a estar en Lanbide y hubiera que atizar al mono hasta que cante.

Es curioso que a los que habían sido coro habitual, se hayan sumado ahora nuevas voces, o algunas clásicas hayan gritado abiertamente lo que en otras épocas susurraban. Y lo definitivo ha sido la suma al espectáculo de la confusión del denominado ya tópicamente como fuego amigo, casi siempre el peor.

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Posmodernidad, consumo, miedo y ciudadanía

“Esta es tu última oportunidad. Si tomas la pastilla azul, fin de la historia. Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte. Si tomas la roja, te quedarás en el país de las maravillas, y yo te enseñaré hasta dónde llega la madriguera de conejos”.

Morfeo a Neo en 'The Matrix' de los hermanos Wachowski.

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El sindicalismo nacionalista y la democracia

Llevaban tiempo practicándolo, pero ya se han atrevido a decirlo alto y claro. Más que nunca. En la jornada de huelga del 30-M en Euskal Herria, ELA, LAB y las pequeñas organizaciones satélites que apoyaban su convocatoria de huelga general, se han manifestado contrarios al sistema de democracia parlamentaria. Su deriva es muy preocupante, especialmente la de ELA -otros ya estaban ahí-, hacia un modelo de sindicalismo político cada vez más orientado a emular a organizaciones antisistema, pero arrogándose el papel de auténticos representantes del conjunto de la ciudadanía.

Y sobran los motivos para la falta de apego de la población y las organizaciones al sistema, o para la convoatoria de huelgas, sin duda:

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La CEOE y el Estado de Excepción

En enero de este año “fuentes de la CEOE” citadas por Europa Press solicitaban una “vuelta de tuerca” a la reforma laboral. Se sentían preocupados los empresarios por los reveses que estaban recibiendo en los tribunales en sus expedientes de regulación de empleo presentados sin autorización administrativa previa, al amparo de la reforma laboral de Rajoy. De forma inmediata la patronal desmintió la noticia, desautorizando a la agencia.

El 22 de este mes leíamos la primera sentencia del Supremo -y por lo tanto generadora de jurisprudencia-, rechazando un ERE por falta de verdadera voluntad negociadora con los trabajadores e inconsistencia del informe financiero de la empresa condenada. Palabras mayores lo del Supremo, que abunda en las sentencias –hasta cincuenta citaba eldiario.es, la inmensa mayoría condenatorias para las empresas- que los tribunales superiores y hasta la Audiencia Nacional han ido dictando. Una inseguridad jurídica para empresarios y trabajadores que no existía con la obligación de autorización administrativa de la anterior regulación, por cierto.

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