eldiario.es

9

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Raquel Miralles

Periodista

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 10

Mi primera, y única, película porno

Éramos adolescentes y antes de que nos recogieran para ir a la discoteca del momento, la hermana mayor de mi amiga puso una película de Rocco Siffredi. Azotes, bofetadas, arcadas, escupitajos, humillaciones. Todo un variado catálogo de violencia disfrazado de sexo. Aquello me debió de dejar tan traumatizada que no he vuelto a ver una película porno nunca. Ahora, gracias a internet, se consume más pornografía y desde más pronto. El tráfico de estas páginas es mayor que el de Twitter, Amazon y Netflix juntos. La edad de inicio es de once años y uno de cada tres niños de 10 a 14 consume pornografía de manera regular, algo preocupante, ya que es la información más concreta que reciben sobre el sexo.

El esquema de estas producciones siempre es el mismo: un hombre tiene un deseo y la mujer es el objeto que utilizará para satisfacerlo, sin importar lo que ella piense, sienta o desee. En la pornografía hegemónica, producir dolor físico es excitante; violar a una mujer que esté dormida, borracha o en estado de shock, es excitante; rodear a una chica y penetrarla por cualquier agujero de manera simultánea es excitante; obligar a una mujer a tragar semen es excitante; forzar o presionar para que el “no” inicial deje de ser “no” es excitante. En resumen y como asegura Gabriel Núñez, la pornografía solo se hace una pregunta: ¿Qué más se le puede hacer a una tía?

Seguir leyendo »

Falta feminismo cotidiano

No voy a mentir, ser feminista no es fácil. El machismo no está en nuestros genes, no lo hemos escogido conscientemente, pero lo hemos interiorizado tanto que somos incapaces de verlo. Todos somos machistas hasta que decidimos dejar de serlo, y es un proceso tan liberador como doloroso, porque remueve tus cimientos y te obliga a replantearte hasta tu propia identidad.

Yo no recuerdo muy bien cuándo ni cómo empecé a ser feminista, pero si tuviera que hacer balance de cómo ha cambiado mi vida, diría que estoy enfadada. He descubierto que los hombres cobran un 14 por ciento más que las mujeres, que ellas dedican el doble de tiempo al cuidado del hogar y de los hijos, que nueve de cada diez casos de anorexia afecta a chicas, que ocho de cada diez prostitutas ejercen en contra de su voluntad, que se denuncia en España una violación cada ocho horas, que hay 40.000 muertes al año en el mundo por complicaciones durante el aborto y que la violencia de género se ha cobrado más de 900 víctimas en los últimos 15 años.

Seguir leyendo »

¿Hay vida más allá de 'El cuento de la criada'?

Un grupo de mujeres con túnica roja y cofia blanca escuchan horrorizadas las enseñanzas de su maestra, que les explica su destino: “sois especiales, serviréis a los líderes y a sus esposas y tendréis a sus hijos por ellas”. Después, somos testigos de una violación ritualizada, sin violencia física y con la biblia como banda sonora. Es una de las escenas más brutales y terroríficas del primer capítulo de The Handmaid's Tale (El cuento de la Criada), la multipremiada serie basada en la novela con el mismo nombre que Margaret Atwood escribió en 1984. Esta distopía sobre una dictadura fundamentalista en la que las mujeres o son esposas o esclavas, me tiene enganchada y horrorizada a partes iguales. Una de las claves es que no hay nada inverosímil: aunque parezca mentira, todo lo que narra ha pasado en algún momento de la historia. Es más, un grupo de expertos ha constatado que la contaminación atmosférica afecta a la fertilidad femenina y masculina. ¿Podría esta pesadilla convertirse en realidad? ¿Con la excusa de defenderse contra el terrorismo, podría aumentar el autoritarismo y disminuir las libertades y derechos sociales, como la libertad de expresión o los derechos de las mujeres? Según la propia Atwood, “en determinadas circunstancias puede pasar cualquier cosa en cualquier lugar”.

Os animo a que saquéis vuestras propias conclusiones. Ya no hay excusa. Antena 3 emitirá el primer capítulo el 19 de junio. Es una buena oportunidad para sufrir y disfrutar de esta obra de arte feminista. ¿Es The Handmaid’s Tale una excepción? Es cierto que las nuevas formas de consumir televisión han dejado un hueco para series feministas maravillosas como Big Little Lies, Girls, Borgen, Orange is the new black o La otra mirada, pero todavía cuesta demasiado encontrar productos audiovisuales en los que las mujeres tengan sentido en sí mismas.

Seguir leyendo »

Amigas, tenemos que pedirnos perdón

¿Cuántas veces hemos escuchado que las peores con las mujeres somos las propias mujeres? Diría que demasiadas, pero lamentablemente, hay algo de cierto en ese mantra. Nos criticamos por nuestro aspecto físico, nos consentimos muchísimos menos fallos que a los hombres y repetimos ese cuento de que 'algo habrá hecho'. Pero las mujeres no somos enemigas por naturaleza, sino que se nos ha educado para que compitamos de manera implacable entre nosotras.

Se habla de que no existen mujeres machistas, sino mujeres que colaboran -y casi siempre de manera involuntaria- con el machismo, porque ellas nunca se beneficiarán de un sistema patriarcal. Desde pequeñas estamos sometidas a un bombardeo constante de mensajes sobre lo que es ser mujer y sobre lo que se espera de nosotras. Interiorizamos y aceptamos nuestro mandato de género y lo primero que nos preocupa es encajar. No es hasta el momento en el que desaprendemos lo aprendido y adquirimos una perspectiva de género, cuando nos damos cuenta de que hemos sido cómplices de la opresión. En palabras de Rosa Luxemburgo, quien no se mueve, no siente las cadenas.

Seguir leyendo »

Cuidado, que todo es machismo

Son tiempos difíciles para la reflexión. Todo lo que excede de 140 caracteres supone demasiado esfuerzo. Pensamos en titulares, reclamamos morbo y consumimos noticias falsas sin inmutarnos. Zygmunt Bauman afirmó que si antes el conocimiento se construía igual que una casa, ahora se parece más a un tren que pasa sobre los raíles y no deja ninguna huella en la tierra. “Nada es estable”, ni absoluto.

En este paradigma de la desinformación, vemos como se vende la cosificación como símbolo de empoderamiento y toda crítica a una mujer, como machismo. Pero igual que no todo es feminismo, no todo es machismo. Es cierto que vivimos en una sociedad patriarcal y que, por lo tanto, el machismo forma parte del sistema y de nosotros mismos, gracias a la educación y a la cultura, pero creo sinceramente que ante toda la vorágine que estamos viviendo en los últimos meses, distinguir los matices es fundamental.

Seguir leyendo »

Solo sí es sí

En 1989 la Audiencia Provincial de Lleida condenó a un empresario solo a una multa de 40.000 pesetas por “abuso deshonesto” por considerar que la minifalda que llevaba la víctima, una joven de 17 años, provocó que el jefe manoseara sus pechos y su trasero. Es uno de los ejemplos de sentencia machista más célebre, pero lo cierto es que no hay que irse tan lejos: en septiembre de 2017, un hombre que abusó sexualmente de una niña de cinco años fue condenado a tres años de cárcel porque “la menor no opuso resistencia”; en enero de ese mismo año, un juez rebajó la pena de un hombre que había asestado 30 puñaladas a su mujer al creer que no había ensañamiento; y, en febrero de 2015, una jueza preguntó a una víctima de violación si “cerró bien las piernas”.

El último caso de justicia machista lo vemos con La Manada. “La denunciante se encontró de pronto en un lugar angosto y recóndito, rodeada por cinco varones de edades muy superiores y fuerte complexión que la dejaron impresionada y sin capacidad de reacción”. Pese a que es el relato de una violación, el tribunal ha condenado a los cinco acusados a nueve años de prisión por un delito de abuso sexual y no de agresión sexual –con penas más severas- porque no aprecia violencia ni intimidación. ¿Cinco hombres contra una chica que no puede huir ni puede defenderse no es intimidación? Hay juristas que han defendido, con la ley en la mano, que sí y que, por lo tanto, podría haberse condenado a los acusados por agresión sexual.

Seguir leyendo »

Si los hombres se quedaran embarazados

Naciones Unidas ha llamado la atención a España por las dificultades para acceder a la interrupción voluntaria del embarazo. Todavía estamos así y lo cierto es que no hablamos suficientemente de ello. Hemos dejado de hablar de que en El Salvador una mujer puede ir hasta 50 años a la cárcel por un aborto espontáneo y de que, según Amnistía Internacional, 40.000 mujeres mueren cada año por complicaciones en el aborto y más de 16 millones de adolescentes dan a luz tras un embarazo no deseado.

En España, fue un delito castigado hasta 1985, cuando el feminismo radical convirtió lo personal en político y comenzó un proceso de reapropiación del cuerpo y de la sexualidad femenina. Se aprobó una ley de mínimos, que despenalizó tres supuestos: gravedad para la salud de la madre, violación o malformación del feto. El Gobierno de Zapatero permitió el aborto libre durante las primeras 14 semanas, pero el PP recurrió esta ley, y cuando llegó al poder,  la modificó para hacerla más restrictiva en el caso de las menores.

Seguir leyendo »

País de puteros

“¿Alguien es capaz de imaginar que una mañana, de pronto, una mujer se levanta y decide ser puta?” Quien hace la pregunta es El Músico, que después de traficar con más de 1.700 mujeres, incluidas menores, lo tiene claro: “No hay prostitución que se ejerza libremente”. Los datos le dan la razón. Según la ONU, nueve de cada diez prostitutas en España ejerce en contra de su voluntad. El otro 10 por ciento, probablemente, lo hará por la pobreza o la precariedad. Aun así, miramos hacia otro lado y casi el 80 por ciento, según el CIS, cree que la compraventa de servicios sexuales es inevitable. Vivimos en una cultura de la prostitución. Quizás algo haya tenido que ver la operación orquestada por los proxenetas para lavarle la cara al “negocio”. El Músico confiesa en el libro de Mabel Lozano, El proxeneta, que fue un abogado valenciano quien propuso crear la Asociación Nacional de Empresarios de los Locales de Alterne (Anela) con el objetivo de convencer a la ciudadanía de que las mujeres llegaban por voluntad propia, que eran libres para dejarlo y que, además, ganaban mucho dinero. El portavoz de la asociación, “que se paseaba de plató en plató defendiendo lo indefendible”, en palabras de El Músico, era José Luis Roberto, líder de España 2000. Hace una década que en Holanda se legalizó la prostitución y que en Suecia se implantó un modelo abolicionista. Las conclusiones de comparar ambas opciones son interesantes: en el país nórdico, donde se criminaliza al cliente, los compradores de sexo han bajado del 14 al 8 por ciento, mientras que en Holanda, las mafias han aumentado. ¿Y en España? Podemos afirmar sin miedo que vivimos en un país de puteros. Lideramos la clasificación europea de demanda. El 39 por ciento de los españoles se ha ido de putas, frente a la media que es del 19 por ciento, según estudios de Naciones Unidas. Tenemos, incluso, el puticlub más grande de la Unión Europea. Y como la prostitución es alegal, poco se puede hacer, más allá de sancionar la prostitución callejera a través de las ordenanzas municipales y de la ley de Seguridad Ciudadana. En Valencia, la Policía Local solo multó a 17 clientes en 2017.   Los expertos coinciden en que no se puede desvincular el tráfico de mujeres y niñas de la prostitución. La trata nace para responder a la gran solicitud de servicios sexuales. De ahí, que la solución no pase por la prohibición, sino por la erradicación de la demanda. Hay que enfocar a los verdaderos protagonistas, que pasan desapercibidos y son casi invisibles: los clientes. Ir de putas es una práctica integrada. Los hombres, cada vez más jóvenes, acuden a estos clubs, aunque sea a tomar una copa. ¿Por qué? ¿Es entretenimiento? ¿Es necesidad biológica? No nos equivoquemos, solo es un ejercicio de poder. Los hombres buscan tener a una mujer a su entera disposición, convirtiéndola en un mero objeto de consumo. Llamemos a las cosas por su nombre, no es libertad sexual, es esclavitud y no sois clientes, sois cómplices.

Seguir leyendo »

“Manterrupting” y “mansplaining” o por qué no irte de cena con cinco hombres

Ir a cenar con cinco colegas hombres puede parecer una actividad rutinaria, incluso aburrida. Pero solo si permaneces en un segundo plano. Si vas a dar tu opinión, prepárate, porque vas a ser víctima de “mansplaining” y “manterrupting”. Vaya por delante que siento utilizar anglicismos, pero el diccionario de lengua castellana todavía no tiene palabras para describir estas acciones machistas y el término "machoexplicación" que propone Fundéu no acaba de convencerme. En cualquier caso, el “mansplaining” no es más que la manía de los hombres de explicarnos cosas usando ese tono paternalista y condescendiente y el “manterrupting”, el hábito de interrumpirnos constantemente.

Puede parecer una tontería, pero yo de esa cena volví, sin saber muy bien cómo, agotada y frustrada. Me había pasado la noche intentando participar en las conversaciones. No importa tu formación o que trabajes en un puesto de responsabilidad, ellos te interrumpirán y te lo explicarán todo, independientemente de si saben de qué están hablando o no. No me di cuenta de lo que pasaba hasta que uno me preguntó directamente a mí y antes de que pudiera acabar la primera frase, me interrumpió para hablar con el hombre de su izquierda. ¿Por qué? ¿Machismo o simplemente mala educación?

Seguir leyendo »

¿En qué piensan los hombres cuando piensan en feminismo?

La otra noche vino un chico a mi casa. Dos besos. ¿Qué tal estás? ¿Una copa? cuando me di la vuelta, estaba pegado a mi estantería cotilleando mis libros. Política sexual de Kate Millet, Feminismo para principiantes de Nuria Varela, El género en disputa de Judith Butler o El cuento de la criada de Margaret Atwood, entre otros. “¿Solo lees de feminismo?” Le enseñé mis últimas adquisiciones de Zygmunt Bauman para disimular un poco, me dio miedo que cambiara de idea y saliera huyendo. No lo hizo, aunque sí me sugirió que leyera un libro sobre comunismo. ¿Fue una estupidez pensar que el feminismo asusta a los hombres? Al fin y al cabo, es un movimiento históricamente desprestigiado y se intenta ridiculizar a las feministas, calificándolas de amargadas, feas o insatisfechas.

¿Qué piensan los hombres sobre el feminismo? Esta semana me he dedicado a hacerle esta pregunta a todo aquel que se cruzara en mi camino. Según sus respuestas, puedo clasificar a los hombres de mi vida en dos grupos: los que pasan porque no quieren “meterse en líos” y los que se consideran feministas. Eso sí, en el plano ideológico. En la práctica -y ya es un paso- su feminismo se reduce a analizar sus comportamientos y a hacer autocrítica de vez en cuando.

Seguir leyendo »