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Ser mujer no te hace feminista

No todo lo que hace una mujer es feminista. Parece obvio, pero es importante recordarlo en un momento en el que el relativismo nos ha enseñado que todo vale. Podemos consumir feminismo a nuestro gusto y convertirlo en lo que queramos que sea. La cosificación se vende como el nuevo empoderamiento y lo feminista es que cada una haga lo que quiera. Esta libertad de acción está muy bien y es un gran avance, pero no nos engañemos, el feminismo no va de la libre elección, sino de la liberación de la mujer y de la igualdad de género.

Se aplaude que las candidatas a Miss Perú denuncien la violencia de género durante una de las pruebas del concurso de belleza o que una presentadora dé las campanadas casi desnuda al lado de un señor perfectamente vestido, pero ¿es esto feminista, tal y como defienden, solo porque lo han hecho libremente?

En primer lugar, podríamos discutir que exista esa libertad de elección porque, parafraseando a Karl Marx, las personas tienen su historia, pero no lo hacen como quieren, ni la crean bajo circunstancias elegidas por sí mismas, sino bajo las circunstancias que se encuentran. Las decisiones que tomamos están influidas por nuestro entorno y limitadas por las desigualdades existentes en la sociedad. ¿Es totalmente libre una mujer cuando decide someterse a una liposucción para ajustarse a los cánones de belleza?

No existen “cirugías estéticas empoderadoras”, ni “vestidos feministas” porque no otorgan ningún poder real. Pueden ayudarnos a sentirnos bien y a darnos seguridad, pero tenemos que ser conscientes de que es porque nos movemos siguiendo las reglas del juego creado por el patriarcado. Es ingenuo considerar que la sexualización empodera a las mujeres. Sabemos, gracias a la escritora Audre Lorde, que las herramientas del amo no desmontarán la casa del amo, aunque puedan permitirnos una victoria pasajera en forma de sensación de emancipación.

El feminismo no puede reducirse a un conjunto de tópicos sobre la libertad individual. No es un sentimiento, ni una capacidad; es una teoría, un movimiento social y político y una ideología que nació en el siglo XVIII para combatir la opresión que sufren las mujeres por el hecho de serlo. Tiene unos mínimos y lo que no los cumple, es otra cosa. Este mantra del derecho a decidir está distrayéndonos del verdadero sentido del feminismo: cuestionar la sociedad y exigir un cambio profundo que erradique las desigualdades de género.

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Publicado el
11 de enero de 2018 - 19:51 h

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