¿Manda Pérez Llorca?
Carlos Mazón va poco a les Corts Valencianes, pese a que es su puesto de trabajo y tiene un magnífico sueldo, engordado con una comisión que no se reúne. Tampoco ha ido al juzgado de Catarroja, porque era una invitación voluntaria de la jueza que decidió rechazar. Constatado que prefiere no declarar ante un tribunal y explicar las múltiples contradicciones en las que ha entrado cada vez que ha hablado, la magistrada ha elevado la causa. Ahora el TSJ decidirá el futuro del expresident. El domingo una manifestación volverá a pedir prisión para él. Las movilizaciones posteriores a su dimisión ya no son tan multitudinarias como las anteriores y, por supuesto, no serán suficiente para forzar decisiones. No las ha escuchado nunca y lo va a hacer menos ahora. Tampoco los testimonios que vamos conociendo y los que escucharemos y leeremos en los próximos días, en declaraciones y en mensajes de móvil, le van a hacer mover ficha. La jueza ha dejado claro que la petición de este martes no va a ralentizar la instrucción. Mientras se habla y se decide sobre el caso en dos sedes judiciales, él sigue tranquilo en su retiro de ex.
El PP valenciano ha pasado las primeras horas tras el auto de la jueza como si nada hubiera ocurrido. En su empeño por normalizar la situación y el Consell sucesorio, cada minuto que pasa socava su intención de legitimarse en el Palau de la Generalitat sin la etiqueta de provisionalidad y con la apariencia de mando del gobierno y del partido.
Juanfran Pérez Llorca tiene un diputado en el escaño 98 que mantiene vivo el recuerdo de la negligencia, agravada con cada nuevo testimonio de los que sí comparecen. Identificado con la mentira y el desprecio por la vida de sus gobernados, seguir manteniendo el nexo con Mazón es una tensión que el President Pérez Llorca no se puede permitir, especialmente estos días de vergonzosas comparecencias en la comisión parlamentaria. Negacionistas, seudoperiodistas y un expresident señalado por un auto como responsable de 230 muertos es un lastre demasiado pesado. La nueva etapa no puede empezar mientras se mantiene un aforamiento, al tiempo que se da voz a gente que habla de muertos que nadie reclama o de personajes que se manchan de barro para engañar.
Pérez Llorca se juega con la gestión de la salida de Mazón su prestigio como President y como líder del partido. Si aspira a crecer en el cargo en los próximos 16 meses, no puede dilatar la situación. Es el momento de demostrar su influencia ante Núñez Feijóo y, sobre todo, su mano para actuar en situaciones comprometidas. La situación tiene un elevado coste en València y en Madrid. Pedro Sánchez y otros grupos ya lo han utilizado en el Congreso y no van a parar. Si ahora Llorca no demuestra mando en el partido, difícilmente será creíble como candidato a la reelección. Mientras llega la decisión del TSJ, el escaño del señalado por la jueza es un descrédito para todo el Partido Popular y, en particular, para un President que trata de pasar página y reconstruir las zonas afectadas al tiempo que la credibilidad del Consell. Todo en este asunto sigue demostrando inoperancia y lentitud sangrante: Mazón, la alerta, las ayudas económicas anunciadas estos días y ahora, el abandono del escaño, condición necesaria para normalizar las relaciones con las principales asociaciones de víctimas, las de verdad, no las conspiranoicas vergonzosamente invitadas a Les Corts por el tándem PP-Vox.
Para la dimisión fue necesario el bochorno del funeral y ahora probablemente nada será interpretado por él con fuerza equivalente como para dimitir. Si, como es previsible, se niega a perder su aforamiento, Pérez Llorca debe asumir el desgaste de que pase a ser un no adscrito. En todo caso, sería un mal menor frente a mantenerlo integrado en el grupo popular. No basta con ignorarlo ni con que no asista a la sesión de control. Todo el mundo sabe que está en la última fila y que sigue en el PP. No actuar contra él demuestra miedo o, al menos, falta de autoridad. Los populares necesitan cuanto antes separar el pasado reciente de las siglas del partido y su gobierno. Mazón ha sido amigo de Pérez Llorca y toda la vida militante del PP, pero, si se atrinchera en su escaño, él mismo habrá minusvalorado esas dos condiciones. Precisamente por lo bien que se conocen, saben de los riesgos que tiene cualquier negociación. Hay quien defiende una salida pactada porque un acuerdo para pasar al grupo de No Adscritos mantendría el aforamiento, que es lo que Mazón quiere preservar. Pero esa solución volvería a ser indigna. Saldría del PP, pero sería visto como un nuevo engaño y ofensa a las víctimas y, por extensión, al resto de ciudadanos, también a los votantes conservadores sensibles ante la tragedia y la negligencia. Ha llegado el momento. Ni siquiera una negativa del TSJ a imputarle sería razón para no actuar. Confiar en algunas decisiones pasadas del tribunal no es una buena opción, ni por los tiempos ni por el fondo. El mal está hecho y el activo es cada día más tóxico, incluso, en el mejor de los escenarios que el afectado pueda imaginar.
Presidir la Generalitat y el principal partido valenciano plantean estas pruebas. Hoy toca Mazón y puede que mañana exijan remodelar otra vez el Consell, a tenor de la dureza del auto respecto de otros miembros del ejecutivo autonómico como Susana Camarero o, incluso, Vicente Martínez Mus y José Antonio Rovira. La “absoluta negligencia en la coordinación y gestión de la emergencia” de la que habla el auto puede afectar en mayor o menor medida al actual President en función de cómo y cuándo actúe. El reloj corre en su contra. 230 homicidios por imprudencia grave requieren contundencia y celeridad. Lo contrario ya lo tuvimos con el ahora diputado 98.
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