Carles Padilla propone “corregir el sesgo clasista” y reducir la “violencia burocrática” en la Universitat de València
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Carles Padilla es el tercer candidato a las elecciones al Rectorado de la Universitat de València (UV) en sustitución de Mavi Mestre. Doctor en Filología Clásica y profesor titular de Filología Latina en la Facultad de Filología, Traducción y Comunicación de la UV, Padilla se incorporó a la institución en 1994, tras una etapa como profesor de Bachillerato.
Su proyecto se articula en torno a diversos ejes estratégicos que tienen una premisa central: “situar a las personas en el centro de la Universitat de València, reforzando su función pública, la calidad académica y el compromiso con la sociedad”.
El primero de estos ejes es la transformación de la gobernanza, reforzándola para hacerla “más transparente, participativa y democrática”. Así, pretende reforzar la rendición de cuentas y “corregir el sesgo clasista” en la representación de los órganos de gobierno, aumentando el peso real de los colectivos “infrarrepresentados”.
De este modo, plantea la creación de un portal de Transparencia accesible que incluya las agendas del equipo de gobierno y el desglose de gastos; una reducción del gasto medio de protocolo en un 30%; una reducción del 5% del complemento por cargo académico del equipo rectoral; destinar el ahorro a contratos predoctorales y becas refugio; y una reestructuración de la gerencia para alinearla con un modelo de gobernanza más participativo y corresponsable.
El segundo punto de su programa se centra en la simplificación real y la transformación digital útil por medio de la “revisión a fondo de trámites repetitivos y obsoletos para reducir la violencia burocrática”. “La digitalización no será un fin en sí mismo, sino una herramienta para aligerar cargas, mejorar la coordinación de servicios y recuperar tiempo para investigar, enseñar, estudiar y gestionar con sentido”, sostienen desde su equipo.
El tercer aspecto de su programa se centra en la internacionalización y el multilingüismo, con una “apuesta decidida por la internacionalización y la cooperación universitaria al desarrollo, junto con el impulso del multilingüismo desde la defensa activa de la lengua y la cultura propias”. El objetivo es internacionalizar “sin elitismo, ampliando la movilidad y garantizando un acceso equitativo a experiencias internacionales para toda la comunidad universitaria”.
Padilla también apuesta por la innovación académica y la interdisciplinariedad, con una flexibilización curricular para “adaptar los estudios a un contexto laboral cambiante, incorporando formatos formativos diversos sin perder rigor”. En paralelo, apuntan, se fomentará la colaboración interdisciplinar, tanto en docencia como en investigación, para ofrecer respuestas integrales a retos como el cambio climático, las emergencias sanitarias y humanitarias o el impacto de la inteligencia artificial generativa.
Del mismo modo, aboga por el refuerzo de la investigación pública y el apoyo a las etapas iniciales de la carrera científica en lo que considera una apuesta clara por fortalecer la investigación pública de impacto como motor de transformación social. Propone mejorar las condiciones del personal investigador y docente, especialmente en las fases iniciales de la carrera académica, ampliando los contratos predoctorales propios y consolidando itinerarios de estabilización postdoctoral.
Además, plantea simplificar la gestión de proyectos competitivos, dar mayor autonomía a los Institutos de Investigación, reforzar las estructuras de apoyo y reconocer institucional y económicamente la transferencia, la innovación y la divulgación científica como parte esencial de la misión universitaria.
El programa de Padilla defiende que nadie debe quedar fuera de la universidad por motivos económicos o sociales y propone ampliar becas propias, reforzar las ayudas para movilidad y prácticas y desplegar una política estructural de vivienda universitaria, incluyendo una Oficina Universitaria de Vivienda y el estudio de nuevas residencias públicas. De igual modo, propone una formación más flexible y conectada con el presente: microcredenciales, reconocimiento de experiencias formativas diversas y currículos adaptables con el objetivo de formar personas críticas, preparadas y con capacidad de adaptación.
Padilla reivindica al Personal Técnico, de Gestión y de Administración y Servicios (PTGAS) como pieza clave para el buen funcionamiento y la excelencia institucional. Se propone reforzar su participación en la gobernanza, impulsar la carrera horizontal y la promoción interna planificada y previsible, y consolidar planes de formación vinculados a itinerarios profesionales dentro del horario laboral.
Además, defiende avanzar hacia un plan de equiparación salarial con otras universidades públicas, revisar cargas de trabajo y simplificar procesos administrativos que hoy generan sobrecarga y estrés: “La propuesta busca dignificar su labor y reconocer su contribución estratégica a la universidad”.
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