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Rosa M. Navarrete

Soy profesora e investigadora en el departamento de gobierno comparado
de la Universidad de Mannheim (Alemania). Entre mis intereses están el
comportamiento político, la opinión publica y las técnicas de
investigación.

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Entre dos tierras: Candidatos regionales y élites nacionales

El próximo mayo tendremos elecciones autonómicas en España. En un sistema como el nuestro, en el que hay diferentes niveles de gobierno, es posible que las ramas regionales o locales de partidos que compiten en el ámbito estatal choquen con las directrices marcadas desde la dirección nacional. Así, ocurre que los políticos regionales, si quieren tener éxito en las elecciones autonómicas, pueden encontrar incentivos en desviarse de la acción de su partido a nivel nacional, buscando acercar su propuesta al votante de su región. Sin embargo, los ciudadanos prefieren partidos que den una imagen cohesionada y que presenten un discurso coherente. Si una rama regional de un partido se distancia demasiado de la acción política de su organización a nivel nacional, puede ocurrir que los votantes desconfíen. Por ello, los posibles desacuerdos entre las élites de un partido suelen resolverse o taparse sin que se llegue a una ruptura.

En el ámbito autonómico se necesita muchas veces del apoyo de la dirección nacional, no sólo para cuestiones económicas, también de imagen. En estos días y según se vaya acercando mayo veremos a los líderes nacionales visitando las distintas comunidades autónomas para apoyar a los candidatos regionales de su partido. Esto implica que incluso los más díscolos suelen rebajar el nivel de enfrentamiento con la dirección estatal para poder aprovechar el tirón de la marca. De este modo, no es raro que sea justo en periodo pre-electoral cuando los políticos anuncian sus reconciliaciones ya que las guerras abiertas pueden afectar a las perspectivas electorales. Además, los candidatos regionales que busquen repetir en las siguientes elecciones suelen necesitar del beneplácito de la élite nacional que, en muchos casos, es también quien los nomina.

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Análisis del desencanto

Que una crisis económica conduce al aumento del descontento con la política entre los ciudadanos es casi un axioma. La experiencia histórica parece apoyar tal aseveración. Recuerdo cómo, al estudiar las grandes revoluciones, las que generaban mayores cambios políticos eran explicadas, fundamentalmente, por la existencia de una mala coyuntura económica que, llegada a un cierto punto, resultaba ser el detonante que hacía salir al pueblo a la calle. Los antiguos señores feudales temían más que una guerra el encadenamiento de años de malas cosechas. Igualmente, no podríamos entender la historia política del siglo XX sin prestar atención a los periodos de crisis económica. No es, por tanto, sorprendente que el aumento de la pobreza, cuando implica un empeoramiento de las perspectivas de futuro, impacte en la satisfacción con el régimen político, de modo que, en un contexto económico convulso y sin previsión de mejora a corto plazo, los ciudadanos son más proclives a exigir cambios políticos. Es lo que ocurre en el caso español.

Si observamos el gráfico mostrado a continuación podemos ver cómo la insatisfacción con el funcionamiento de la democracia y la mala percepción de la situación económica parecen ir de la mano.

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