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El día que se acabaron los coches en el Retiro: cuando Madrid peatonalizaba y quitaba aparcamientos

Mónica R. Goya

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La Comunidad de Madrid ha comunicado el inicio de las obras de un aparcamiento subterráneo de 800 plazas bajo el Hospital Niño Jesús, frente al parque del Retiro. Apostar por más coches en este pulmón verde privilegiado abre muchas dudas sobre la salud, la contaminación y la seguridad. Paradójicamente, estos aspectos fueron determinantes para prohibir los autos dentro de este parque histórico, donde hasta los años 80 se permitía la circulación de coches, incluso de camiones.

Madrid no logra abandonar el ránking de ciudades más contaminadas del mundo

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“Yo aprendí a conducir en El Retiro, me acuerdo de cuando tenía 14 ó 15 años y empecé a hacer tonterías con el coche. Éramos muchos hermanos y nos compraron un Seiscientos, y todos aprendimos a conducir en el Paseo de Coches del parque, todos”, cuenta entre incrédulo y nostálgico Javier de la Puente Vinuesa, presidente de la Asociación de Amigos de los Jardines del Buen Retiro y vecino del barrio.

Por el parque pasaban hasta camiones: "Cuesta creerlo, pero había semáforos y los guardias ponían multas y todo

Para disfrutar del entorno verde y libre de vehículos de motor en el que se ha convertido el parque más céntrico de Madrid han tenido que salvarse muchos escollos. De hecho, no hace ni cuatro décadas la realidad de este espacio era muy distinta: los coches –hasta 11.000 en domingos y festivos y 6.000 entre semana– circulaban libremente e incluso se estacionaban –había 1.200 plazas de aparcamiento– y en ocasiones se formaban atascos. “Si te fijas, incluso ahora se nota que no parecía un camino rural precisamente; se llamaba el Paseo de Coches por algo. Era una vía muy rápida para cruzar el Retiro; desde la A6 por Moncloa o la A5 por el otro lado te plantabas en el centro de Madrid”, explica María Eugenia López Lambas, profesora doctora en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos y subdirectora del Centro de Investigación del Transporte TRANSyT.

De paseo por el Retiro no solo se podían ver autos, también pasaban camiones. “Cuesta creerlo, pero había semáforos y los guardias ponían multas y todo”, explica Javier de la Puente. “Yo soy ingeniero de montes y me puse muy contento cuando en los años 80 prohibieron la circulación dentro del parque. Ahora parece increíble, pero antes, en uno de los laterales del Paseo de Coches, como era amplio, hacían un control a los camiones, una especie de ITV de aquella época. Y remontándonos más atrás, durante la Guerra Civil, el paseo se utilizó como almacén de vehículos”. De su juventud como habitual del parque, De la Puente también recuerda las carreras de motos con sidecar. “Era espectacular ver cómo se inclinaban, sobre todo según cogían la curva, y creo que Ángel Nieto hizo sus primeras andanzas allí”.

Primeras restricciones

Todo comenzó a cambiar en los 70. En aquella época empezó a cuajar la idea de que El Retiro era una zona verde importante de la ciudad y que como tal tenía que ser respetada. Con el paso de los años, la seguridad de los paseantes –sobre todo de los niños y mayores–, que pasaban sus jornadas en el parque y que estaban expuestos al peligro del constante tráfico, prevaleció sobre la visión del Retiro como zona de tránsito de vehículos.

El primer paso hacia la eliminación de la circulación fue establecer un límite de velocidad obligatorio de 40 kilómetros por hora y controlar la velocidad por radar, una iniciativa que se aprobó en 1971.

Pero el debate sobre el cierre definitivo al tráfico vino con el cambio de década en los 80, de la mano del equipo de gobierno del alcalde Enrique Tierno Galván, del PSOE. Aunque por entonces aún estaba permitido que los automóviles circulasen por el interior, los periódicos de la época coincidían en señalar el aparcamiento y no el tráfico como el principal obstáculo a salvar para eliminar los autos.

El Paseo de Coches, un aparcamiento

“Yo llevaba a mis hijas a jugar allí todas las tardes cuando eran pequeñas, en los 80, y recuerdo los coches aparcados, era un peligro”, dice Mercedes Serrano Marín, vecina por aquel entonces del barrio de Atocha. Javier de la Puente hace memoria: “Cuando prohibieron el tráfico la gente protestaba y decía, ‘ahora por dónde vamos’, pero fue un gran avance”. Aunque se prohibió el tránsito de vehículos, seguía siendo posible aparcar dentro, pues se temía que los posibles problemas de estacionamiento que podían surgir en las calles adyacentes fuesen un elemento disuasorio al espacio verde.

Los datos que se manejaban entonces eran que el Paseo de Coches, según recuentos municipales, tenía un total de 1.200 plazas de aparcamiento, pero durante las horas punta, tanto de mañana como de tarde, la cifra de coches aparcados superaba con frecuencia los 1.500.

El tráfico rodado desaparece definitivamente del Retiro

El 1 de abril de 1984, la prohibición del acceso al parque de cualquier vehículo de motor se hizo definitiva. La medida incluía crear plazas de aparcamiento en los alrededores. El partido en la oposición, Coalición Popular, cuyo portavoz era José María Álvarez del Manzano, estaba en contra del cierre del Retiro al tráfico. Este partido aprobaba que el Paseo de Coches no fuera una vía de circulación, pero defendía el acceso en automóvil al parque porque, consideraba, ese acceso hacía posible su uso.

“Desde el punto de vista de la movilidad podemos destacar dos cosas”, explica la profesora López-Lambas, de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. “Mejoró mucho la seguridad. Había muchos paseantes, el Retiro es para pasear, personas mayores, niños, y ahí sí que se notó. De hecho, incluso antes de prohibir los coches ya hubo señalización para rebajar la velocidad por motivos de seguridad”.

Mirar a un lado y a otro antes de cruzar uno de los paseos principales del Retiro para evitar ser atropellado sigue siendo relativamente necesario en la actualidad. A pesar de que ya no circulan automóviles, –desde 2017 ni siquiera los del personal de mantenimiento del parque, gracias a una campaña de La Asociación de Amigos de los Jardines del Buen Retiro–, siguen existiendo problemas de seguridad. La gran afluencia de bicicletas y patinetes que circulan más rápido de los cinco kilómetros por hora que permite la Ordenanza de Movilidad Sostenible para Vehículos de Movilidad Personal es ahora el principal problema. “Yo tengo amigos del barrio de toda la vida que ya no van porque tienen miedo de ser atropellados; a lo que más miedo tienen los mayores es a los patinetes”, explica Javier de la Puente. Quizá reconducir estos problemas sea la última frontera para conseguir de verdad que El Retiro sea un oasis de tranquilidad seguro para todas las personas.

La Comunidad de Madrid ha comunicado el inicio de las obras de un aparcamiento subterráneo de 800 plazas bajo el Hospital Niño Jesús, frente al parque del Retiro. Apostar por más coches en este pulmón verde privilegiado abre muchas dudas sobre la salud, la contaminación y la seguridad. Paradójicamente, estos aspectos fueron determinantes para prohibir los autos dentro de este parque histórico, donde hasta los años 80 se permitía la circulación de coches, incluso de camiones.

Madrid no logra abandonar el ránking de ciudades más contaminadas del mundo

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“Yo aprendí a conducir en El Retiro, me acuerdo de cuando tenía 14 ó 15 años y empecé a hacer tonterías con el coche. Éramos muchos hermanos y nos compraron un Seiscientos, y todos aprendimos a conducir en el Paseo de Coches del parque, todos”, cuenta entre incrédulo y nostálgico Javier de la Puente Vinuesa, presidente de la Asociación de Amigos de los Jardines del Buen Retiro y vecino del barrio.

Por el parque pasaban hasta camiones: "Cuesta creerlo, pero había semáforos y los guardias ponían multas y todo

Para disfrutar del entorno verde y libre de vehículos de motor en el que se ha convertido el parque más céntrico de Madrid han tenido que salvarse muchos escollos. De hecho, no hace ni cuatro décadas la realidad de este espacio era muy distinta: los coches –hasta 11.000 en domingos y festivos y 6.000 entre semana– circulaban libremente e incluso se estacionaban –había 1.200 plazas de aparcamiento– y en ocasiones se formaban atascos. “Si te fijas, incluso ahora se nota que no parecía un camino rural precisamente; se llamaba el Paseo de Coches por algo. Era una vía muy rápida para cruzar el Retiro; desde la A6 por Moncloa o la A5 por el otro lado te plantabas en el centro de Madrid”, explica María Eugenia López Lambas, profesora doctora en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos y subdirectora del Centro de Investigación del Transporte TRANSyT.

De paseo por el Retiro no solo se podían ver autos, también pasaban camiones. “Cuesta creerlo, pero había semáforos y los guardias ponían multas y todo”, explica Javier de la Puente. “Yo soy ingeniero de montes y me puse muy contento cuando en los años 80 prohibieron la circulación dentro del parque. Ahora parece increíble, pero antes, en uno de los laterales del Paseo de Coches, como era amplio, hacían un control a los camiones, una especie de ITV de aquella época. Y remontándonos más atrás, durante la Guerra Civil, el paseo se utilizó como almacén de vehículos”. De su juventud como habitual del parque, De la Puente también recuerda las carreras de motos con sidecar. “Era espectacular ver cómo se inclinaban, sobre todo según cogían la curva, y creo que Ángel Nieto hizo sus primeras andanzas allí”.

Primeras restricciones

Todo comenzó a cambiar en los 70. En aquella época empezó a cuajar la idea de que El Retiro era una zona verde importante de la ciudad y que como tal tenía que ser respetada. Con el paso de los años, la seguridad de los paseantes –sobre todo de los niños y mayores–, que pasaban sus jornadas en el parque y que estaban expuestos al peligro del constante tráfico, prevaleció sobre la visión del Retiro como zona de tránsito de vehículos.

El primer paso hacia la eliminación de la circulación fue establecer un límite de velocidad obligatorio de 40 kilómetros por hora y controlar la velocidad por radar, una iniciativa que se aprobó en 1971.

Pero el debate sobre el cierre definitivo al tráfico vino con el cambio de década en los 80, de la mano del equipo de gobierno del alcalde Enrique Tierno Galván, del PSOE. Aunque por entonces aún estaba permitido que los automóviles circulasen por el interior, los periódicos de la época coincidían en señalar el aparcamiento y no el tráfico como el principal obstáculo a salvar para eliminar los autos.

El Paseo de Coches, un aparcamiento

“Yo llevaba a mis hijas a jugar allí todas las tardes cuando eran pequeñas, en los 80, y recuerdo los coches aparcados, era un peligro”, dice Mercedes Serrano Marín, vecina por aquel entonces del barrio de Atocha. Javier de la Puente hace memoria: “Cuando prohibieron el tráfico la gente protestaba y decía, ‘ahora por dónde vamos’, pero fue un gran avance”. Aunque se prohibió el tránsito de vehículos, seguía siendo posible aparcar dentro, pues se temía que los posibles problemas de estacionamiento que podían surgir en las calles adyacentes fuesen un elemento disuasorio al espacio verde.

Los datos que se manejaban entonces eran que el Paseo de Coches, según recuentos municipales, tenía un total de 1.200 plazas de aparcamiento, pero durante las horas punta, tanto de mañana como de tarde, la cifra de coches aparcados superaba con frecuencia los 1.500.

El tráfico rodado desaparece definitivamente del Retiro

El 1 de abril de 1984, la prohibición del acceso al parque de cualquier vehículo de motor se hizo definitiva. La medida incluía crear plazas de aparcamiento en los alrededores. El partido en la oposición, Coalición Popular, cuyo portavoz era José María Álvarez del Manzano, estaba en contra del cierre del Retiro al tráfico. Este partido aprobaba que el Paseo de Coches no fuera una vía de circulación, pero defendía el acceso en automóvil al parque porque, consideraba, ese acceso hacía posible su uso.

“Desde el punto de vista de la movilidad podemos destacar dos cosas”, explica la profesora López-Lambas, de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. “Mejoró mucho la seguridad. Había muchos paseantes, el Retiro es para pasear, personas mayores, niños, y ahí sí que se notó. De hecho, incluso antes de prohibir los coches ya hubo señalización para rebajar la velocidad por motivos de seguridad”.

Mirar a un lado y a otro antes de cruzar uno de los paseos principales del Retiro para evitar ser atropellado sigue siendo relativamente necesario en la actualidad. A pesar de que ya no circulan automóviles, –desde 2017 ni siquiera los del personal de mantenimiento del parque, gracias a una campaña de La Asociación de Amigos de los Jardines del Buen Retiro–, siguen existiendo problemas de seguridad. La gran afluencia de bicicletas y patinetes que circulan más rápido de los cinco kilómetros por hora que permite la Ordenanza de Movilidad Sostenible para Vehículos de Movilidad Personal es ahora el principal problema. “Yo tengo amigos del barrio de toda la vida que ya no van porque tienen miedo de ser atropellados; a lo que más miedo tienen los mayores es a los patinetes”, explica Javier de la Puente. Quizá reconducir estos problemas sea la última frontera para conseguir de verdad que El Retiro sea un oasis de tranquilidad seguro para todas las personas.

La Comunidad de Madrid ha comunicado el inicio de las obras de un aparcamiento subterráneo de 800 plazas bajo el Hospital Niño Jesús, frente al parque del Retiro. Apostar por más coches en este pulmón verde privilegiado abre muchas dudas sobre la salud, la contaminación y la seguridad. Paradójicamente, estos aspectos fueron determinantes para prohibir los autos dentro de este parque histórico, donde hasta los años 80 se permitía la circulación de coches, incluso de camiones.

Madrid no logra abandonar el ránking de ciudades más contaminadas del mundo

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“Yo aprendí a conducir en El Retiro, me acuerdo de cuando tenía 14 ó 15 años y empecé a hacer tonterías con el coche. Éramos muchos hermanos y nos compraron un Seiscientos, y todos aprendimos a conducir en el Paseo de Coches del parque, todos”, cuenta entre incrédulo y nostálgico Javier de la Puente Vinuesa, presidente de la Asociación de Amigos de los Jardines del Buen Retiro y vecino del barrio.

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