Subrayar
Como le pasa a mucha gente, suelo leer acompañado de un lápiz. Puede que, si se trata de una novela, prescinda de él. Pero no si es otro género. Ha habido veces en las que –no teniendo un lápiz a mano– he preferido no leer a hacerlo sin la posibilidad de subrayar. Leer sin poder subrayar me genera inquietud.
Por qué subrayo es una pregunta para la que no tengo respuesta. Hay quizás una explicación, más o menos consciente, que puede tener que ver con la egolatría. Con la necesidad de dejar constancia del paso de uno por aquellas páginas. De esa manera, subrayar una frase sería aún más que poner el nombre al inicio. Subrayar una frase sería una especie de ex libris con ideología. En ocasiones, también pongo algún comentario al margen. Como esas personas que le gritan al televisor.
Cuando el libro pertenece al ámbito profesional, subrayar puede ayudarte, pasado el tiempo, a encontrar los contenidos que buscas. Pero también cuando subrayas, por ejemplo, un libro de poemas, volver a él pasado el tiempo y encontrar unos versos subrayados puede ayudarte a encontrar el contenido que buscas. O a darte de bruces con lo inesperado. Normalmente, lo más inesperado es uno mismo.
Ver lo que subrayamos hace veinte años también genera, sin remedio, inquietud. Nostalgia y desasosiego. Bien por corroborar que no has cambiado. Bien por no reconocerte y preguntarte qué te llevó a marcar con lápiz una afirmación que hoy te parece absurda. Subrayar los libros es como hacer un testamento. Es dejar una herencia que, sin embargo, nadie aceptará. Nadie volverá nunca sobre esos subrayados. Tener esa certeza y seguir subrayando es quizás la egolatría suprema.
No obstante, también me genera inquietud doblar las páginas. Eso no. Cuando veo cómo dobla las páginas el poeta David Mayor –a veces pone fotos en sus redes–, me entran sudores. Aunque doblaría las páginas de todos los libros de mi biblioteca por escribir los versos que escribe David Mayor. Eso también os lo digo.
Desconfío de la gente que toma un libro entre sus manos como si de un cáliz se tratase. Leer un libro es estropearlo un poco. Devolverlo algo usado a la estantería.
Leer un libro, subrayar, vivir la vida son, por supuesto, una misma cosa.
0