Si vas a la India tienes un nuevo peligro al que temer: las cobras más venenosas del mundo saben subirse a los trenes y llegan a lugares sin el antídoto

Max Jones sostuvo que el movimiento solo se explica por intervención humana y los autores señalaron que los cargueros con grano o fruta atraen presas que estas serpientes persiguen

Héctor Farrés

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Las estaciones abarrotadas y los vagones llenos forman parte del paisaje habitual de la India, donde el contacto entre personas y fauna resulta frecuente y a veces tenso. En el país asiático muchos animales están presentes en la vida diaria, tanto en áreas rurales como en ciudades, y esa convivencia coincide con problemas de higiene en determinados entornos públicos, lo que facilita que se acerquen todavía más.

Los trenes circulan con miles de pasajeros cada día y a menudo viajan saturados, con mercancías almacenadas durante horas junto a las vías. Ese cruce entre densidad humana, carga alimentaria y entorno natural crea situaciones que obligan a entender cómo se mueven ciertos reptiles a través de la red ferroviaria.

Los raíles terminan llevando a estos ofidios hasta zonas donde nadie los esperaba

Dikansh Parmar publicó en la revista Biotropica un trabajo que examina cómo la cobra real de las Ghats occidentales ha aparecido en puntos de Goa que no encajan con su hábitat habitual tras desplazamientos vinculados al ferrocarril. El biólogo, investigador en el Leibniz Institute for the Analysis of Biodiversity Change, reunió datos de rescates y aplicó modelos de distribución para identificar patrones claros.

El estudio plantea que algunos ejemplares suben a trenes de mercancías y terminan en zonas urbanas o de llanura donde no deberían encontrarse, con peligro tanto para las personas como para las propias serpientes.

La actividad humana explica que los animales acaben subidos a vagones cargados de grano o fruta

Antes de ese análisis, Parmar ya acumulaba años de experiencia con estos reptiles. Se trasladó a Goa tras contactar con Amrut Singh, responsable de la organización Animal Rescue Squad, para retirar cobras reales de viviendas y devolverlas al bosque.

Su interés por las serpientes venía de la infancia y creció al observar el trabajo de su padre, Shantibhai Parmar, que también participaba en rescates en Gujarat. Sobre estos animales, explicó que “cuando ves una cobra real sientes que es diferente a todas las demás”, en alusión a su tamaño y a su conducta defensiva.

El trabajo científico detecta cinco casos en puntos que no encajan con el mapa natural de la especie

El equipo recopiló 47 registros de cobras reales en Goa entre 2002 y 2024 y cruzó esos datos con variables ambientales. El modelo indicó que la especie se concentra en áreas con bosque y ríos rodeados de vegetación densa en la franja oriental del estado.

Sin embargo, cinco casos aparecieron en enclaves que el análisis considera inadecuados. Uno de ellos se produjo en una ciudad portuaria situada a unos 120 kilómetros por tren del área natural de la especie, y los cinco puntos se encontraban a pocos cientos de metros de vías o estaciones.

Esa concentración cerca de raíles llevó a plantear una explicación ligada a la actividad humana. Max Jones, herpetólogo del Virginia Polytechnic Institute and State University que no participó en la investigación, afirmó a Science que “la única explicación plausible es un movimiento inducido por humanos”.

Los autores plantean que las cobras, que trepan con facilidad, podrían acceder a trenes detenidos durante días para cargar mercancías o por efecto de lluvias intensas. También apuntan que los convoyes que transportan grano o fruta atraen roedores y otras serpientes, presas habituales de la king cobra.

Parmar propone cambios en la gestión ferroviaria para evitar nuevos traslados accidentales

El posible asentamiento de un depredador de ese tamaño en un entorno nuevo abre interrogantes ecológicos. Jones añadió que la llegada de un ejemplar a una zona donde nadie ha tratado antes con una serpiente venenosa de tres metros puede generar un riesgo serio.

Emily Taylor, bióloga de California Polytechnic State University ajena al estudio, valoró que “esto es lo que hace la buena ciencia, ofrecer una hipótesis sólida que podemos seguir probando a medida que se acumulan nuevas pruebas”, y sugirió el uso de emisores o análisis genéticos para confirmar desplazamientos.

Parmar también planteó medidas para reducir traslados accidentales. Propuso limitar las paradas prolongadas en tramos de bosque y reforzar la limpieza en trenes de pasajeros para evitar restos de comida que atraigan roedores.

A su juicio, frenar la degradación forestal disminuiría la necesidad de que estos reptiles busquen alimento cerca de las vías. Recordó además que la cobra real de las Ghats occidentales figura entre las poblaciones más amenazadas dentro del grupo por su distribución restringida.

Un rescate nocturno en Gujarat encendió la alarma sobre un patrón que se repetía

El interés por el fenómeno surgió tras episodios concretos. En 2017, Parmar acudió de madrugada a un tren en Gujarat para capturar una cobra india enrollada en las barras de una ventana que asustaba a los pasajeros. Sobre aquel animal explicó que “estaba muy asustada por la gente y extendía la capucha para parecer más grande”.

Ese tipo de rescates, que se han multiplicado en los últimos años, forman parte de un patrón que ahora cuenta con respaldo estadístico y que obliga a observar con detalle cómo la red ferroviaria puede alterar la presencia de serpientes en el territorio indio.

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