Estaba mal, pero empeora. Y aun así, sonreímos
No hay respiro en la casa del pobre, que las desgracias se encadenan como las horribles borrascas que nos afligen. A bote pronto, nos salen no menos de cuatro infortunios, consecuencia todos ellos de las elecciones de Aragón. Uno: PP y Vox, cada vez más uña y carne, en lo serio -la gobernación y la imposición de la agenda reaccionaria- hasta en lo más anecdótico, como la presencia en suelo aragonés de esa excrecencia política que responde al nombre de Vito Quiles, guinda y punto final de la campaña sucia y asquerosa desplegada por Jorge Azcón, que encima, qué cara más dura tienen estos tipos, finge de moderado. Dos: el PSOE no levanta cabeza y no sabe cómo curarse la depresión porque se demuestra a sí mismo una y otra vez que no tienen candidatos de peso y motivadores que ofrecer a los votantes. Haber sido ministra sirve de bien poco. Ha logrado su peor nota en Aragón, igual a la de Lambán en 2015, aquel fracaso. Y el futuro, con Castilla y León en el horizonte más próximo, tampoco luce bonito. Tres: Vox sube y sube sin mover un dedo, que para eso ya está la derecha del PP poniéndole alfombra roja. Cuatro: a la izquierda del PSOE la jaula de grillos ya ni existe porque apenas hay ortópteros que enrejar. Sumar mantiene un único escaño y Podemos cae al subsuelo. Votos al vertedero por la inquina entre sus dirigentes. Se salva la Chunta por la pulsión nacionalista.
En realidad, con la jugada de anticipar las elecciones en feudos donde ya gobernaba, no se entiende muy bien qué pretendía Núñez Feijóo. Cierto que ha logrado mostrar que el PSOE no sale de la espesa niebla en la que está sumergido desde hace algún tiempo. Pero por la otra esquina no sólo ha perdido escaños, sino que ha cosechado una derrota gigantesca ante su real enemigo en las urnas, el Vox de Abascal, que explotará cada vez más su posición de socio muy exigente dada su subida de escaños. Si antes tenía agarrado al PP por los tobillos, ahora, después de Extremadura y Aragón, lo hace por la cintura. Ni un paso vas a dar sin mí, le susurra el vasco al gallego. O sea, de Málaga a Malagón, que el actual inquilino de Génova cada vez se hace más profunda su propia fosa. ¡Enhorabuena, señor Núñez, qué vista de águila, qué fino analista!
¿Y el PSOE? Pues nada, de paseo por la ruta de los melancólicos. Ya hablaremos después de los espacios más cómodos para Sánchez, pero está claro que por aquí, en el interior de la piel de toro, necesita sacudirse las moscas. Escribió el Ojo, y sigue pensando lo mismo, no sabe si por tenaz o por cabezón, que vendría como un chute de prozac el anuncio de cambios en el gobierno, relevo a unos cuantos en el minuto 70, porque estos salen con piernas nuevas y lo mismo son capaces hasta de ganar el partido, mientras desde la banda animo al respetable y les mando un saludable mensaje: aquí me tenéis aún, con la intención de seguir gobernando porque creo en lo que estamos haciendo y no quiero, ni en la peor de las pesadillas, que nos gobiernen las fieras a las órdenes de Trump. Traigo un nuevo gobierno con fuerzas y con ideas, que estos que llegan vienen a arrasar. Ya verán cómo corren.
Pero esta semana ha habido más cosas. Es fascinante ver cómo una organización poderosa elige irse por el sumidero de la mentira y la indignidad. El caso del alcalde de Móstoles, claro. Un partido como el PP de Madrid, dirigido por la mayor grosera del reino, la desfachatada reina del vermú, Isabel Díaz Ayuso, presidente hijo de puta y atestado de matones y chulos - ¿qué casa decente aceptaría en su seno a Miguel Ángel Rodríguez, si en el resto de las habitaciones no hozaran ejemplares semejantes? - ha elegido para intentar defenderse la peor de las opciones, negar la evidencia y atacar a la víctima hasta llegar a la infamia, rotura del anonimato incluida, que Georges Simenon, un suponer, enseguida advertiría que detrás de la indecencia sólo podía estar la firma de MAR. Ahí tienen al bien plantado secretario general, Alfonso Serrano, acodado en la barra del bar del barrio de Salamanca para encararse con el periodista: “¿Tú como ligas?”, reconocimiento expreso, por cierto, de que el alcalde de Móstoles, de nombre Manuel Bautista, intentaba una aproximación algo más que profesional con su edil. Quería tener un rollo, que se dice, a pesar de sus mil negativas a la obviedad de lo que todos hemos visto y oído. Un acoso de libro, efectivamente.
Tiene la polímata Díaz Ayuso una abultada hoja de servicios a la que sumar este desprecio hacia una mujer bajo su férula que le pedía ayuda de manera angustiosa. Antecedentes, dicen en las series de Netflix. Que si 7.291 muertos en residencias, un hermano que se salvó de la quema de aquella manera, tirando por la ventana al ingenuo Pablo Casado, el pimpollo, sus galones en el destrozo de la sanidad pública -millones y millones para Quirón o Ribera- y el desmantelamiento, minuciosamente preparado, de las universidades públicas, la Complutense en primer lugar, ese nido de rojos, los trapicheos variados en Formación Profesional ya en manos de los jueces, más todas las andanzas de su Amadís de Gaula, el comisionista que no sabía si cortarse las venas o dejárselas largas con toda la estela que le cuelga, larga como un dolor, defenestración del fiscal general incluida. Se acerca la fecha, tic-toc, tic-toc, de que Alberto González Amador, ese honrado empleado que trabaja en el complejo Quirón, otra vez ese nombre, comparezca ante el tribunal para dar cuenta de sus límpidas cuentas, qué risa.
¿Creen que Alberto Núñez Feijóo y su muchachada de Génova ayudó a la víctima de Móstoles? Quiá, que nadie se atreve a mover un dedo que roce a la lideresa y sus ruines sayones, quita esa mano que te la vuelo. Y todo ello con el antecedente del terrible y muy publicitado caso Nevenka, parecido al actual como una gota de agua a otra, del que algo deberían haber aprendido. Pero es que es su condición, que siempre decimos del alacrán. Entre un señoro alcalde, qué prestancia, y una señorita, por ende un poco boba a la par que trepa, la dirección de ese partido, cruzado de principio a fin por un machismo consustancial a la derechona patria, siempre sabrá a quién apoyar. Y como tienen en sus genes el desparpajo de la desvergüenza, al tiempo que machacan a la ex edil de Móstoles se dedican a insultar a otros partidos por su insufrible machismo. Consejos vendo que para mí no tengo. Y a todo esto, ¿tienen algo que decir las señoras del PP, las desmelenadas Cuca Gamarra, Cayetana Álvarez de Toledo, y otras hidras del Partido Popular, igual de feministas, que echaban espumarajos contra el socialista Francisco Salazar o se escandalizaban - ¡qué bastos! - de las ciertamente deleznables conversaciones de Ábalos y Koldo?
Hay que ver cómo crece el número y la calidad, entresacados de los más poderosos del mundo mundial, de enemigos feroces de Pedro Sánchez, al fin y a la postre un tipo del barrio madrileño de Cuatro Caminos. Vean: Netanyahu, Trump, Musk o Pável Dúrov. El presidente español y también de la Internacional Socialista, no lo olviden, se ha tomado muy en serio su actividad internacional desde que llegó a La Moncloa, pero es evidente que según crece en el mundo la ola de la ultraderecha, su papel de opositor peleón ha ido ganando enteros. Es tan escasa la resistencia a la brutalidad del gobierno israelí y de Washington, que un simple decir basta a las matanzas, ya está bien de abusos, ustedes no tienen derecho a, se considera una destacada gallardía. Y este papel va a crecer hasta que se celebre en Barcelona los días 17 y 18 de abril el primer encuentro de la Global Progressive Mobilisation, una reunión en la que Sánchez intentará reforzar su imagen progresista a escala mundial. Habrá que ver quién viene a la cita y se espera con mucho interés que Lula da Silva pueda estar en Barcelona, junto a cientos de representantes de ese mundo que resiste los embates del salvaje Trump y su cohorte de aprendices de fascistas, allá y acá.
Y ya puestos, otra guerra, que para poca salud más vale morirse, ahora contra los “tecno-oligarcas” y “los amos del algoritmo” como los llama el propio Sánchez. Ya están ustedes al cabo de la calle de la propuesta del presidente -en línea con otros países europeos y de Bruselas, amén de Australia- de limitación de edad al acceso a las redes sociales y la exigencia de responsabilidades a sus dueños por su contenido. También conocen las feroces repuestas de Elon Musk, X (antes Twitter) y de Dúrov, Telegram, esas basuras donde la inmundicia campa por sus respetos. Conviene que recordemos -la memoria es feble- las cifras que adornan a estos amigos de la humanidad. A lo bruto, se envían unos 350.000 tuits por minuto, lo que significa 500 millones de tuits al día, 200.000 millones al año. Instagram: se comparten diariamente cerca de 100 millones de fotos y vídeos. Cualquier guerra que emprenda cualquier gobernante del mundo contra esta arma de destrucción masiva debería ser bendecida por toda persona de bien. A la oposición española les molesta. Claro.
Ya, ya sabe el Ojo lo de la minoría parlamentaria, la falta de Presupuestos, las broncas con Junts o con Podemos, Adamuz, Rodalies, las terribles Leonardo o Marta, Extremadura y Aragón, los jueces y la prensa canallesca. ¡Cómo no saberlo! ¿Mejor, entonces, quedarse en el casino del pueblo como el inexistente Núñez Feijóo, dónde está eso de Ucrania, a quién le importa Gaza, o apoyar decididamente a Trump y unirse al fascio mundial como Abascal? Es que el mundo es así, y no se puede ser buen gobernante ni atraer el voto de las personas decentes olvidando a los millones de seres humanos que sufren el virulento ataque en sus derechos, en sus vidas, de la ultraderecha rampante, agresiva y destructiva.
Solucionemos los trenes de cercanías, pero luchemos contra Netanyahu, Trump y Musk.
Adenda. El Washington Post, propiedad de Jeff Bezos, Amazon, 250.000 millones de dólares, el tercer hombre más rico del mundo acaba de despedir a 300 periodistas, un 30% de la plantilla. El periódico, junto a The New York Times, constituía el dúo de prensa demócrata que ha sido la envidia de todos los periodistas del planeta Tierra. Ahora, el venerable Post, 148 años de historia, se hunde poco a poco económicamente, pero también en su prestigio profesional: pierde más de cien millones de dólares al año y con muy malas perspectivas, su tirada ha pasado de casi 800.000 ejemplares en días laborables en el año 2000 a menos de 100.000 en enero de 2026, con unos dos millones de abonados, al darse de baja más de 200.000 tras el abandono de las posiciones demócratas del área de Opinión al hilo de la llegada de Trump a la Casa Blanca. Bezos, aterrorizado ante la posibilidad de que el presidente loco le busque las cosquillas en sus negocios multimillonarios, sobre todo Amazon, ha lavado ideológicamente el periódico hasta convertirlo en un medio plano y obsecuente con las estúpidas decisiones de Trump. Por contra, The New York Times resiste en su línea crítica con el tío Donald, sigue ganando abonados, ya se acercan a los doce millones, que se dice pronto, y mantiene una tirada superior a los 600.000 ejemplares diarios. En 2024 logró un beneficio de 293 millones, que superará ampliamente en 2025.Varias enseñanzas: los milmillonarios que apoyan a Trump son gentuza, el reino del terror impuesto por el salvaje naranja es demoledor… pero el futuro de la prensa, imprescindible para la existencia de una sociedad libre y democrática se nos presenta, cuando menos, azaroso. Porque un periódico, como cualquier empresa, no puede ser una fábrica de tirar dinero a la basura, al tiempo que pierde audiencia y credibilidad.
Algún día podríamos dar cifras de los periódicos españoles y así, entre otras cosas, veríamos la crucial importancia de proyectos como elDiario.es. Eso, algún día. Sin urgencia.