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El Nobel J.M. Coetzee dará una conferencia en el marco de Capital Animal

El Premio Nobel de Literatura John Maxwell Coetzee ofrecerá en el Museo Reina Sofía de Madrid una conferencia de apoyo a la causa animalista con la que se cerrará la primera edición de Capital Animal

El Premio de Nobel de Literatura John Maxwell Coetzee, comprometido con la causa animalista.

El Premio de Nobel de Literatura John Maxwell Coetzee, comprometido con la causa animalista.

John Maxwell Coetzee, que nació en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) en 1940 y recibió el Premio Nobel de Literatura en 2003, es uno de los grandes escritores contemporáneos; para muchos lectores y expertos, el mejor. Cuando le concedieron el Nobel, los académicos suecos destacaron “la despiadada conciencia crítica” de su obra, encarnada con enorme talento literario en novelas como Esperando a los bárbaros, Desgracia, La edad de hierro,En medio de ninguna parte o las autobiográficas Infancia y Juventud.

La de Coetzee es una obra -épica, lírica, ética, filosófica- que ha denunciado sin descanso las violencias y las injusticias: desde las políticas de odio y racismo del apartheid hasta la atroz dominación sobre los animales no humanos, cuya defensa frente al maltrato y la tortura, plasmada en Las vidas de los animales y en Elisabeth Costello, nunca ha abandonado.

Este compromiso con la causa animalista ha llevado a un muy esquivo Coetzee a aceptar la invitación de Capital Animal para dar una conferencia en el Museo Reina Sofía de Madrid, que tendrá lugar el próximo jueves 30 de junio. El mejor colofón que las personas que impulsamos Capital Animal podíamos imaginar para la primera edición de nuestro proyecto, que a lo largo de dos meses ha agitado en Madrid la conciencia sobre la situación de los animales a través de propuestas artísticas y culturales (también en el Museo Reina Sofía, el cantaor Niño de Elche ofreció para Capital Animal un concierto titulado Animal Número).

En 1999 J.M. Coetzee publicó Las vidas de los animales, un hito de la literatura animalista. Se trata de una breve novela en la que aparece por vez primera el personaje de Elisabeth Costello, reconocida escritora australiana que muchos han considerado alter ego del escritor Coetzee, y se presenta en forma de dos conferencias de ficción (Los filósofos y los animales y Los poetas y los animales) que Costello imparte en la Cátedra Tanner, Universidad de Princeton, acerca de las implicaciones éticas y filosóficas de nuestra relación con los otros animales y el espantoso trato que les dispensamos. En 2003, Coetzee les sumó otras seis conferencias para componer la novela titulada Elisabeth Costello.

A través de la deslumbrante construcción literaria de Elisabeth Costello -personaje que alcanza lo mejor de su humanidad gracias a la empatía-, Coetzee desarrolla una sobrecogedora analogía entre la masacre cotidiana de animales y el horror del Holocausto nazi (“cada día hay un nuevo holocausto”). Costello compara lo que se hace a los animales “en los centros de producción (ya no me atrevo a llamarlos granjas), en los mataderos, en los barcos pesqueros o en los laboratorios” con los campos de concentración del Tercer Reich. Y extiende ese “pecado”, “esa enfermedad del alma” de los criminales nazis a todos aquellos que obviaron su crimen: los vecinos, los conocidos, quienes vivían en las inmediaciones de los campos de concentración y exterminio. “Solamente resultaron inocentes los que estaban en los campos”, concluye.

Mientras la vegetariana Elisabeth Costello ha de enfrentarse (como bien sabemos los activistas en defensa de los animales) a la incomprensión y el rechazo de muchos de sus colegas y hasta de su propia familia, el Nobel Coetzee nos conduce a la reflexión más profunda sobre la razón y la vida. En una reciente entrevista, concedida con motivo de su visita a Madrid, señala, precisamente, que “el derecho más importante es el derecho a la vida”, al tiempo que declara sentir “vergüenza” ante el daño infligido deliberadamente a un animal y apela a un “código ético basado en los deberes” que los humanos tenemos con el resto de los animales.

Desde esa vergüenza y ese código ético, Coetzee denuncia también la tauromaquia, que define como una “matanza ritualizada”. Ya en 2013, con motivo del apoyo del Congreso de los Diputados a la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para declarar las corridas de toros Bien de Interés Cultural (BIC), J.M. Coetzee envió una carta a la Comisión de Cultura en la que dejó clara su postura antitaurina: “Los toros y su crueldad no son cultura, sino una forma arcaica de entretenimiento. Torturar y asesinar toros por el mero espectáculo pertenece a la Edad Oscura y no a la España del siglo XXI. Se trata de un espectáculo violento y sangriento”, escribió a los parlamentarios españoles. “Podemos reconocer la injusticia que supone colocar a un hábil matador, armado y bien entrenado, frente a un animal indefenso, lisiado, confundido y debilitado física y psicológicamente”.

Coetzee ya no podrá visitar la exposición Otras tauromaquias. En el 200 aniversario de la Tauromaquia de Goya, proyectada por Capital Animal, que pudo visitarse hasta finales de mayo en Calcografía Nacional, Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Pero el horror del Nobel ante la violencia y la injusticia de la tauromaquia coincide con el del comisario de aquella muestra, Rafael Doctor Roncero, quien, como tantos historiadores contemporáneos, puso el foco en “la mirada [de Goya] llena de dolor y espanto ante lo que no deja de ser un acto alejado de todo tipo de valores posibles de convivencia y construcción de una sociedad”.

Con la conferencia de J.M. Coetzee en el Museo Reina Sofía se cierra la primera edición de Capital Animal. Nadie mejor que el Premio Nobel de Literatura, alter ego de nuestra admirada y querida Elisabeth Costello, para resumir los motivos que han impulsado nuestra iniciativa: “La gente se queja de que tratamos a los animales como objetos, pero lo cierto es que los tratamos como prisioneros de guerra”.

Nadie, pues, mejor que Coetzee para despedir nuestro trabajo. Porque quienes somos Capital Animal sabemos, con Elisabeth Costello, que al otro lado de la puerta “hay tumbado un perro, un perro viejo, con el pelaje leonado plagado de cicatrices de innumerables golpes. Tiene los ojos cerrados, está descansando, echando una cabezada. Detrás de él no hay nada más que un desierto de arena y piedra, hasta el infinito”.

Y con Elisabeth Costello pronunciamos: “GOD-DOG”. Aunque sea “demasiado literario (…) ¡Maldita sea la literatura!”.

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